Mi fantasía más recurrente es aquella en la que él me escribe un simple "hola". Le respondo un "hola" y de nuevo empieza la historia.
Él me pregunta cómo estoy y yo le digo que muy bien. Le pregunto cómo está él y me dice que también, que muy bien. Me pregunta que estoy haciendo y le respondo que me estoy bañando. Curioso me pregunta si voy a algún lado y yo le digo que si, que me voy a un bar a tomar una cerveza. Me consulta si voy sola o con alguien o con amigas y si me parece bien que nos veamos más tarde. Tardo en responderle y le digo "mmm puede ser, te aviso" y él me dice "bueno, dalee".
En el primer escenario nunca le aviso y él nunca más me habla. Y se muere de nuevo lo nuestro -si es que existe o existió alguna vez algo nuestro-.
En el segundo escenario nunca le aviso y él horas más tarde me escribe, pero nunca le contesto. Y finiquita lo nuestro -si es que existe en nuestro vocabulario de vida la palabra nuestro-.
Y en un tercer escenario quizás le respondo cuando me escribe horas más tarde y nos vemos. Viene a mi departamento y nos tenemos.
Mientras estamos acostados en mi cama hablamos y le digo que esta es la última vez que nos vamos a ver. Que él quiere paz, tranquilidad y estabilidad y yo soy todo lo contrario, yo soy caos y transformación.
Que lo único que podemos ser es amantes, para siempre. Pero que yo no quiero ser toda la vida su amante, que yo me quiero casar y tener hijos/as, que yo a él lo quiero, pero no para casarme y tener hijos/as y no porque no lo deseé, sino porque no puedo. Y que si él es mi amante, tampoco puedo.
Que él nunca va a cambiar por mí ni yo por él. Que él no me va a elegir, por lo que yo me tengo que elegir a mí.
Que él tiene que ir a jugar a la casita con la novia, casarse y ser feliz y yo tengo que encontrar al hombre para mí.
Que él tiene que fingir que no me conoce, que nunca nos conocimos, que me morí y que se olvide de alguien como yo.
Que hay gente que nace para incendiarse y hay gente que nace para apagarse. Que por más que lo intentemos él nunca podrá ser algo más que una débil llamita y yo nunca seré más que cenizas prendidas que todavía echan chispas.
Que a él no le da y no porque sea un cobarde, sino porque no puede y nunca podrá igualarme, porque nunca podrá manejarme sin lastimarse mientras lo hace.
Nunca vamos a poder ser ni amigos ni pareja. Solo amantes. Siempre amantes.
Que jamás va a encontrar a una mujer como yo, que lo desafíe y lo excite a la vez. Una mujer que se le cale tan profundo en su alma y ser que le haga cuestionarse toda su existencia. Y yo jamás encontraré a alguien que me haga tan infeliz por cuestionar mi intensidad. Que yo no puedo transformarlo sin destruirlo y sin destruirme a la vez.
Y él no lo va a entender. Nunca lo va hacer. Para él siempre seré una mujer complicada que le activa todas y cada una de las heridas de su pasado. Una mujer inteligente y audaz. Una mujer con una lengua filosa como katana. Una irónica pasivo-agresiva que le sacude las estructuras de su mente. Una araña venenosa que pica con su veneno mortal. Una serpiente exótica que se arrastra por todo su cuerpo y le hace tocar el cielo con tan solo apoyar un dedo. Una ninja misteriosa que está en todos lados, pero habita mayormente en sus sombras.
Soy un espejo y él no quiere vivir espejado. Él no quiere ser cuestionado. Él no quiere vivir así, no debe vivir así, no puede vivir así. Y yo tampoco, porque me pierdo a mí.
Él no puede vivir fascinado temiéndome. Soy como la muerte para él: le atraigo, le genero intriga, pero me tiene miedo. Él tiene que vivir aventuras ligeras, amores sencillos, vínculos sin peso. Él no puede vivir kermeses de alto riesgo.
Tampoco puede vivir observándome desde lejos, preguntándose "que hubiera pasado si", porque lo que hubiera pasado sería un huracán. Un tornado. Un maremoto. Un terremoto. La erupción de un volcán. Una tragedia. Él es un simple viento, su novia una leve brisa y yo una tormenta eléctrica.
Nadie sale afuera cuando hay lluvia y truenos, y menos cuando hay alerta. Él no tiene que ni comprarse un paraguas, tiene que quedarse adentro y arreglar las goteras. Tiene que refugiarse del fenómeno meteorológico. Mientras que yo tengo que ponerme el piloto y salir a cazar rayos con una antena parabólica.
Esa es mi fantasía y nuestra realidad.
Y él se va de mi departamento diciéndome que estoy loca, riéndose. Yo encojo los hombros y le digo "te voy a bloquear". Él me mira estupefacto alegando que soy muy dramática. Y yo sé que él eso no puede soportarlo. Y lo conozco tanto que sé que se quiere quedar, aunque no pueda. Se defiende diciéndome que siempre arruino todo. Le respondo que si, que puede ser, que quizás, que puede ser verdad, pero que me tengo que elegir a mí y que él tiene que elegir a su novia.
Nos damos el último beso. Un beso que nunca jamás repetiremos y nuestras almas rescindirán el contrato que firmaron muchas vidas atrás y el karma no volverá a atraparnos, pues somos libres uno del otro, para siempre, después de tanto.
En el cuarto escenario él me clava el visto cuando yo le respondo el saludo.
Por último, en el quinto escenario, él nunca volvió.
'elcostodelkarmaylavictoria'