lunes 17 de noviembre de 2025

Mi fantasía más recurrente es aquella en la que él me escribe un simple "hola". Le respondo un "hola" y de nuevo empieza la historia.
Él me pregunta cómo estoy y yo le digo que muy bien. Le pregunto cómo está él y me dice que también, que muy bien. Me pregunta que estoy haciendo y le respondo que me estoy bañando. Curioso me pregunta si voy a algún lado y yo le digo que si, que me voy a un bar a tomar una cerveza. Me consulta si voy sola o con alguien o con amigas y si me parece bien que nos veamos más tarde. Tardo en responderle y le digo "mmm puede ser, te aviso" y él me dice "bueno, dalee". 
En el primer escenario nunca le aviso y él nunca más me habla. Y se muere de nuevo lo nuestro -si es que existe o existió alguna vez algo nuestro-. 
En el segundo escenario nunca le aviso y él horas más tarde me escribe, pero nunca le contesto. Y finiquita lo nuestro -si es que existe en nuestro vocabulario de vida la palabra nuestro-. 
Y en un tercer escenario quizás le respondo cuando me escribe horas más tarde y nos vemos. Viene a mi departamento y nos tenemos.
Mientras estamos acostados en mi cama hablamos y le digo que esta es la última vez que nos vamos a ver. Que él quiere paz, tranquilidad y estabilidad y yo soy todo lo contrario, yo soy caos y transformación.
Que lo único que podemos ser es amantes, para siempre. Pero que yo no quiero ser toda la vida su amante, que yo me quiero casar y tener hijos/as, que yo a él lo quiero, pero no para casarme y tener hijos/as y no porque no lo deseé, sino porque no puedo. Y que si él es mi amante, tampoco puedo.
Que él nunca va a cambiar por mí ni yo por él. Que él no me va a elegir, por lo que yo me tengo que elegir a mí. 
Que él tiene que ir a jugar a la casita con la novia, casarse y ser feliz y yo tengo que encontrar al hombre para mí.
Que él tiene que fingir que no me conoce, que nunca nos conocimos, que me morí y que se olvide de alguien como yo. 
Que hay gente que nace para incendiarse y hay gente que nace para apagarse. Que por más que lo intentemos él nunca podrá ser algo más que una débil llamita y yo nunca seré más que cenizas prendidas que todavía echan chispas. 
Que a él no le da y no porque sea un cobarde, sino porque no puede y nunca podrá igualarme, porque nunca podrá manejarme sin lastimarse mientras lo hace. 
Nunca vamos a poder ser ni amigos ni pareja. Solo amantes. Siempre amantes. 
Que jamás va a encontrar a una mujer como yo, que lo desafíe y lo excite a la vez. Una mujer que se le cale tan profundo en su alma y ser que le haga cuestionarse toda su existencia. Y yo jamás encontraré a alguien que me haga tan infeliz por cuestionar mi intensidad. Que yo no puedo transformarlo sin destruirlo y sin destruirme a la vez. 
Y él no lo va a entender. Nunca lo va hacer. Para él siempre seré una mujer complicada que le activa todas y cada una de las heridas de su pasado. Una mujer inteligente y audaz. Una mujer con una lengua filosa como katana. Una irónica pasivo-agresiva que le sacude las estructuras de su mente. Una araña venenosa que pica con su veneno mortal. Una serpiente exótica que se arrastra por todo su cuerpo y le hace tocar el cielo con tan solo apoyar un dedo. Una ninja misteriosa que está en todos lados, pero habita mayormente en sus sombras. 
Soy un espejo y él no quiere vivir espejado. Él no quiere ser cuestionado. Él no quiere vivir así, no debe vivir así, no puede vivir así. Y yo tampoco, porque me pierdo a mí. 
Él no puede vivir fascinado temiéndome. Soy como la muerte para él: le atraigo, le genero intriga, pero me tiene miedo. Él tiene que vivir aventuras ligeras, amores sencillos, vínculos sin peso. Él no puede vivir kermeses de alto riesgo. 
Tampoco puede vivir observándome desde lejos, preguntándose "que hubiera pasado si", porque lo que hubiera pasado sería un huracán. Un tornado. Un maremoto. Un terremoto. La erupción de un volcán. Una tragedia. Él es un simple viento, su novia una leve brisa y yo una tormenta eléctrica. 
Nadie sale afuera cuando hay lluvia y truenos, y menos cuando hay alerta. Él no tiene que ni comprarse un paraguas, tiene que quedarse adentro y arreglar las goteras. Tiene que refugiarse del fenómeno meteorológico. Mientras que yo tengo que ponerme el piloto y salir a cazar rayos con una antena parabólica. 
Esa es mi fantasía y nuestra realidad.
Y él se va de mi departamento diciéndome que estoy loca, riéndose. Yo encojo los hombros y le digo "te voy a bloquear". Él me mira estupefacto alegando que soy muy dramática. Y yo sé que él eso no puede soportarlo. Y lo conozco tanto que sé que se quiere quedar, aunque no pueda. Se defiende diciéndome que siempre arruino todo. Le respondo que si, que puede ser, que quizás, que puede ser verdad, pero que me tengo que elegir a mí y que él tiene que elegir a su novia.
Nos damos el último beso. Un beso que nunca jamás repetiremos y nuestras almas rescindirán el contrato que firmaron muchas vidas atrás y el karma no volverá a atraparnos, pues somos libres uno del otro, para siempre, después de tanto.
En el cuarto escenario él me clava el visto cuando yo le respondo el saludo.
Por último, en el quinto escenario, él nunca volvió. 

'elcostodelkarmaylavictoria'

 


miércoles 15 de octubre de 2025

La única palabra que puedo utilizar para describir lo que me pasa es dolor. 
Me duele el alma. Me duele el pecho. Me duele. Simplemente y sencillamente me duele.
Me duele que no me haya elegido a mí. Me duele que no haya luchado por nosotros. Me duele que me haya ocultado las cosas. Me duele que me haya mentido. Me duele sentirme una tonta por estar llorando a la noche mientras él le dice que la ama, y lo hace público, porque lo grita a los cuatro vientos. Me duele que nadie sepa que hace tres meses el lugar que hoy habita ella era mío, porque él me lo había dado. Me duele que hace tres meses moría y mataba por verme y hoy, tres meses después, muere y mata por ver a otra mujer que no soy yo. 
Me duele haberle creído. Me duele haberlo esperado. Me duele haber tomado decisiones por él. Me duele haberme imaginado un futuro que nunca va a suceder. 
Y a veces me torturo por no haber dicho lo que tenía que decir en su momento. Me torturo pensando en que hubiera pasado si mis palabras eran otras, si mis acciones eran otras. ¿Él se hubiera ido, de todas formas, o se hubiera quedado a mi lado?
Me duele sentir que llena un vacío, que llena mi vacío emocional. Me duele que en cinco días haya ido corriendo a enredarse en otra historia mientras yo daba lo mejor de mí para arreglar la nuestra.
Me duele haberlo querido. Me duele haberlo amado. Me duele haberme enamorado de él y que él este amando a otra.
Me duele que ella sea con quien duerme por las noches. Me duele que ella sea quién recibe sus regalos. Me duele que sea ella ahora quien escucha sus historias de cómo hizo un gol al primer palo y me duele que sea ella quien se ría con sus chistes más malos. 
Me duele pensarlo. Me duele extrañarlo. Me duele sentirlo. Me duele soltarlo. Me duele dejarlo. Me duele irme. Me duele. 
Me duele que ella sepa su color favorito. Me duele que ella sepa la cara que pone cuando miente. Me duele que ella conozca el sonido de su risa. Me duele que ella sea quien recibe sus caricias.
Me duele haberme entregado. Me duele estar tan rota. Me duele irme a dormir todas las noches llorando. Me duele que nada sea justo. Me duele que él haya seguido tan rápido, mientras que a mí me duele. 
Me duele.
Me duele.
Me duele.
Me duele.
Me duele.
Me duele. 
Me duele.
Me duele saber que para él fui insignificante. Me duele saber que para él fui reemplazable. Me duele saber que no soy nada. Que nunca voy a ser nada y que él para mí lo era todo.
Me duele tener que hablar en pasado. Me duele haber borrado toda nuestra historia. Me duele haberlo eliminado de las redes sociales. Me duele tener que espiar en silencio. 
Me duele saber que nadie nunca sabrá que hacía tres meses él a ella ni la conocía y que era yo con quién él se desvestía.
Me duele acordarme de su historia, del nombre que le quiere poner a su hijo varón y del equipo europeo que le gusta.
Me duele saber que nunca existió un nosotros. Me duele saber que nunca me respetó. Me duele saber que nunca fui suficiente como para cambiar por mí. 
Me duele que me haya confesado qué estaba enamorado. Me duele que me haya destratado. Me duele que me haya confundido. Me duele que me haya preguntado qué era lo que yo pretendía con él si nunca fuimos compatibles. Me duele que me haya dicho que yo no estaba a su altura. 
Pero más me duele que yo todo eso lo haya permitido. 
Me duele haber sido un capítulo en el cuento de su vida, mientras que él fue mucho más que una temporada en la mía.
Me duele haber estado con él durante ocho meses de mi vida y haberlo esperado tres más. 
Me duele que no me haya felicitado por mi cumpleaños. Me duele no haber recibido nada a cambio. 
Me duele tener que escribir esto.
Me duele tener que olvidar su nombre.
Me duele tener que seguir viviendo sin él conmigo.
Me duele seguir deseando estar con él.
Me duele seguir necesitandolo para ser feliz.
Me duele tener que hacer el duelo.
Y podría decir que el tres de septiembre fue el día más triste, cuando me confesó que ella existía, pero sin dudas el quince de octubre le gana, porque él demostró que su corazón nunca fue mío. 
Y ojalá que algún día, después de que el tiempo pase y las heridas se curen, él admita que si me amó. Que si le dolió. Que a él también esta relación que tuvimos lo lastimó.
Y en ese entonces de nada va a servir que yo sepa la verdad, pero quizás la persona que soy en este momento pueda recibir un poco de paz. 

lunes 25 de agosto de 2025

El siete siempre fue nuestro número: el que tenía en la camiseta del equipo en que jugaba, el favorito mío, mi arcano principal de la matriz del destino, el que forma parte dos veces en mi fecha de nacimiento, el que tiene tatuado junto con otro en su brazo izquierdo, y siempre será nuestro número, porque nuestros encuentros, aunque fueron más a puertas abiertas, por siempre quedarán reducidos a siete.
Es dificíl escribir sin llorar, ¿verdad?
Es dificíl escribir sin parar de pensar. 
Es dificíl pretender quedarse esperando a alguien que promete hacerse un tiempo en su caótica vida para verse, pero descubrir que tiene tiempo para todo, menos para una.
Por eso suelto. Por eso dejo ir. Porque me cansé de redactar parráfos de miles de oraciones para recibir siempre las mismas respuestas evasivas. Porque me cansé de sostener una vela sola, de mantener la llama sola y de procurar que todo siga como antes, sola.
Entonces tomé la decisión más sana de todas: me fui en silencio.
Lo eliminé de las redes sociales. Pasó exactamente un mes de la última vez que nos vimos. En un mes todo cambió rotundamente, y la verdad que a mí todo me duele, por ende, el mensaje que le mandaría a él, quedará sepultado acá:

"Mi amor, te dejo de seguir porque no soporto ver como tenes tiempo para todo, menos para mí. La verdad que me molesta y duele todo lo que pasa. Quizás más adelante nos reencontremos, pero por el momento no quiero seguir esperándote"

No me habla. No me lee. No me piensa. 
No me dice de vernos. Me tiene silenciada.
A veces el mayor acto de amor propio que podemos hacer es irnos en silencio.
Nueva lección aprendida, ¿pero a qué costo? 

miércoles 17 de junio de 2025

Introducción
Es muy gracioso porque tengo la particularidad de apodar a todos los hombres con los que me relaciono: el marrano, el feo, el mecánico, el lindo, entre otros. Y calculo que eso lo hago para nunca personalizarlos, ya que si hay una cualidad personal de las personas es el nombre. Ese nivel de intimidad, aquella que no queda atrapada entre colchones y frazadas, es la que a la larga me termina incomodando. Porque no te doy la mano, no te hago una caricia ni mucho menos te dejo ver adentro de mi corazón. Rechazo todas y cada una de las muestras de afecto que me realices por miedo a malinterpretarlas y mostrarme vulnerable ante tus ojos, porque si lo hago, te estaría dando la posibilidad de que me rompas el corazón y lo sepas, pero si hay algo que nunca podrás saber es eso, que me rompiste el corazón. Lo podrá saber todo el mundo, menos vos. 

El marrano
Y ahí estaba nuevamente, un miércoles muy frío, trabajando desde mi casa y pensando nuevamente en aquel hombre cruel que me había roto el corazón hacía exactamente un año, un mes y veintiún días, cuatrocientos dieciséis días. Pero, ¿por qué estaba pensando en él? Porque hace aproximadamente una semana me lo crucé, fugazmente, en la bendita aplicación de citas en la que lo conocí, y como todavía dentro mío habita un poquito de amor propio decidí ignorarlo y dejarlo ir, sin darle like ni nada, acto del cual obviamente ahora me arrepiento, porque no me apareció más, pero bueno siempre todo pasa por algo, ¿verdad?
Las cosas no mejoran, nunca. Quizás es un poco exagerado lo que digo, pero hay una canción que dice algo así como "manejo distintos caminos, pero todos me conducen a vos". Entonces, cada vez que conozco a alguien nuevo me comienzo a preguntar por qué no funcionó con él. 

El feo
Y así fue, como sin querer, lo llamé por su nombre, por primera vez. Es raro, ¿no? tener tanto intimidad con alguien, pero nunca llamarse por los nombres. Ahora él sabe mi nombre completo y yo también, él sabe mi fecha de nacimiento y yo también, él sabe mi número de documenta y yo también. Ahora sabemos las historias de por qué nos separamos de nuestras exs parejas y sabemos qué tipo de relación queremos cada uno. Sé que le gusta hacer a la hora de amar entre las sábanas y me tuvo lo suficiente como para saber que más de cuatro horas no aguanto, pero que en menos de cinco minutos puede darme tanto que me es suficiente para explotar con la intesidad de mil estrellas. 
Pese a saber todo eso, no lo conozco, recién lo estoy conociendo. No conozco su historia familiar tan compleja ni él sabe cuan cálido puede llegar a ser mi círculo social. Aunque sabemos los desafíos a los que nos enfrentamos actualmente, pero con una profundidad superflua, porque no decidimos escavar lo suficiente como para vernos en lo más oscuro de nuestros seres, porque no indagamos, no preguntamos. Solamente nos escuchamos y nos acompañamos.
Siempre tuve la idea de que cuando se conoce a alguien al poco tiempo ya sabes si queres algo serio con esa persona o no, pero últimamente creo que mi manera de ver las cosas es errónea, porque si, claro que si se puede construir algo con el tiempo. Nos conocemos hace siete meses y solamente nos vimos cuatro veces, ¿cómo voy a pretender tener algo con alguien que ni conozco? ¿Qué es lo que activa mi necesidad de ponerle una correa en el cuello y pasearlo por la plaza gritando a los cuatro vientos que ese hombre es mío? ¿Acaso le tengo que demostrar a alguien que puedo ser elegida? ¿Pero a quién? ¿A mí? ¿A mi familia? ¿A mis amigas? ¿O a todos los hombres que me rompieron el corazón y no decidieron elergirme o me eligieron, pero luego no pudieron sostener su elección?
Fui sincera y le dije que era difícil de manejar. Que quería una relación en la cual sentirme libre, y él también piensa lo mismo, entonces se hizo un silencio, y en ese silencio se hizo un espacio, y en ese espacio ninguno de los dos dijo más nada. 
Él no olvida a esa mujer, por más que me diga que la vio hace poco y esperaba algo más, pero no me dijo que no sintió nada, y yo no sé si todavía olvidé por completo al hombre cruel, porque a veces fantaseo que vuelve a buscarme en su caballo blanco y me susurra al oído que me extraño y desea verme. Entonces, ¿qué tan justo es que yo quiera aventurarme con él si no lo conozco, nos vimos pocas veces y todavía no hemos compartido ningún espacio que no sea un cuarto con cuatro paredes y una cama prendida fuego?
Por eso tomé la decisión de enfocar el vínculo de otra manera, de tratarlo por lo que somos: amantes-amigos. Que el tiempo se encargue de lo suyo, que haga su magia, que la vida nos lleve a donde tenemos que estar y por mi parte, tomarme las cosas con calma, dejarlo fluir, dejarnos fluir. La verdad que no sé lo que quiero y por el momento, si quisiera algo él no podría darmelo, así que, a dejar de pensar tanto y desactivar todas mis heridas del pasado. A disfrutar. A vivir. Que de lo demás se encarga el destino. 

jueves 15 de mayo de 2025

Sé muy bien que la única forma de tenerlo es entregándole algo más banal que mi alma, es, lisa y llanamente, entregándole mi cuerpo.
Y espero que todos los chistes que hace sean solamente eso, chistes, porque no podría volver a soportar llorar un año entero por un hombre al que no le interesa en lo más mínimo mi vida.
Construí esta coraza, pieza por pieza, ladrillo por ladrillo, levantando mi ego que había quedado destruido en el piso, volviendo a recuperar mi orgullo de mujer empoderada.
La imagen más triste de mi persona había quedado en el pasado, aquella mujer que le rogaba por las noches a la luna que le quite toda emoción alguna,. Aquella mujer que le pedía de rodillas al universo que le saque a ese parásito de su corazón.
Esa mujer débil que creía en poder tener una relación.
Esa mujer débil que apostó a jugar al amor.
Antes eran todas dudas. Ahora son todas certezas. Y no puedo volver a permitir que un hombre me haga pensar en un 'quizás' cuando no se va a quedar. 
Este hombre me aniquila la sien. Porque él no me piensa, no me extraña, no se interesa por mí.
No le importa básicamente si en este preciso instante estoy respirando, pero basta con que me diga "dale, nos vemos y tenemos tiempo, así que podemos charlar también" para que mi estantería comience a aflojarse. Ya veo como se está saliendo un tornillo. Ya veo como se empiezan a caer las maderas que sostienen esa estructura que está a punto de colapsar. 
Basta con que me haya pedido mi número para mandarme algo que tranquilamente podría haberme enviado por la nuestra red social de siempre, y ahí empiezan las estupideces. Empiezo a pensar que tal vez quiere algo más, cuando no. 
¿Cómo es posible que haga un mar de una ola?
Basta con que me haya hablando y me haya dicho que me quiere ver a mí y no a otras, que haya empleado el término 'nosotros', que me empiece a tejer una red de mentiras para que yo ya me este predisponiendo a otro desenlace con un corazón roto.
Pero tengo que ser clara, porque él me dijo de una forma muy sincera que no tiene capacidad de compromiso, pero me adorna la cabeza de pajaritos cuando a la vez me menciona que quiere una relación sana. 
Entonces, ¿qué quiere? ¿Debo tomar eso como un puntapié para que me realice una evaluación y obtenga los resultados de lo que yo quiero?
Entonces, ¿por qué hacemos apuestas de adolescentes de 14 años y tenemos conversaciones sin sentido? 
-Él: gané la apuesta
+Yo: ¿qué queres de recompensa? ¿las birras?
-Él: puede ser
+Yo: pero en privado ... 
-Él: na, podemos ir a algún lado, yo no le debo nada a nadie
Y ahí empiezo nuevamente a aferrarme de esas palabras que él dice sin sentido, esas frases que emanan de su boca sin connotación alguna, que las hilvana con total liviandad, pero que le producen un descontrol total a mi psiquis. 
Y entonces no sé cómo encarar lo que siento, no sé si sepultarlo y que sea un secreto oculto por siempre y para toda la eternidad o si decirle algo sin darle a entender todo y ver cómo reacciona, porque él no me muestra ninguna acción para la que yo decida darle en bandeja todo mi futuro.
Pero bueno, el primer paso ya lo di, y es que admití que ese hombre me gusta.

jueves 8 de mayo de 2025

En el corazón de todo chica alberga la esperanza de que el hombre que la aniquiló en mil pedazos un día se despierte y decida enviarle un mensaje diciéndole: "Hola, se que hace tiempo que no hablamos, pero quisiera decirte que el año que viene no voy a vivir más en esta ciudad, por lo que me gustaría que nos veamos una vez más" (re específico, ¿no? que importa, si es mi blog) y que ella, a pesar de que todo su grupo de amigas y todos los miembros de su familia le aconsejen que no debe responderle, que le digan que recuerde cuan frívolo y cruel fue ese hombre, que no se olvide de lo mal que la trató (y destrató), que ella acepte y vaya, y vea a ese hombre una última vez yque no le sea suficiente (o sí), y que la historia de desamor termine para siempre o que vuelva a empezar para volver a rodar, porque su novela con ese hombre siempre tiene el mismo deslance final. 
La verdadera razón de la existencia de este blog es lisa y llanamente por ese hombre sin corazón, ese hombre sin corazón para mí, pero no para las demás. Él es el villano de mí historia, no el de la de otra (igual quizás si, pero no de todas las mujeres que habitan esta ciudad, porque por suerte no muchas se lo cruzan en sus caminos o quizás no, porque a mí no me eligió, quizás a otra sí). 
Ya pasó más de un año de que ese inútil me torturó el corazón y para serles honesta no lo extraño, ni siquiera lo pienso y está bien, pasaron más de trescientos sesenta y cinco días, así que ya era hora de que lo suelte y lo deje ir, pero a veces una no lo hace, porque sigue aferrada a esa idea que construyó alrededor de ese hombre, ese castillo que levantó con sangre, lágrimas y sudor. Porque una sigue arraigada a esa corona de papel que le fabricó y colocó, y una sigue sentada en el trono de al lado, esperando que ese idiota algún día entre en razón, pero no lo hará, porque él no es el rey de su historia, no es el rey de esa reina tan auténtica, espléndida, independiente, autosuficiente y exitosa, porque una reina así jamás podrá ser feliz al lado de un rey mediocre y narcisista, ya que esa es una ecuación que no se resuelve per se. 
Pero todavía sigue vive la maldita esperanza de que algún día, algún día, uno de tantos, ese payaso disfrazado de príncipe encantador le envíe un bendito mensaje invitándola a desconocer todos sus principios morales para enredarse en esa historia una vez más, aunque vuelva a terminar de la peor de las formas, porque la presencia de ese hombre en su vida no tiene otro final. 

martes 22 de abril de 2025

Lo peor que le podría suceder a una chica como yo es haber nacido con un corazón de pollo. Y te estarás preguntando, ¿qué signfica para vos tener un corazón de pollo? Bueno precisamente significaría tener un corazón muy sensible, porque sí, por más que emane esas vibras de perra malvada que no quiere más nada que progresar laboralmente y que hace poco se metió en un proyecto de crecimiento personal, por más que me canse de clavarle el visto a aquellos hombres que no me interesan en lo más mínimo, a veces me encuentro un martes por la madrugada viendo las historias destacadas de aquel hombre con el que me vi la última vez y comienzo a debatirme si realmente me gusta o no.
Para mí, en el momento en que una comienza esa lucha entre ambas partes de una misma, -en donde su lado racional le dice que simplemente está aburrida, pero su lado más sensible le dice que si le está gustando ese hombre porque sino no estaría mirando una foto de él con pelo corto y pensando que le parece lindo, aunque lo hubiese apodado con un nombre despectivo, lisa y llanamente para autoconvencerse de que no es su tipo ideal, más allá de que realmente lo sea, porque comparte características con sus exs parejas- en las que duda, ya está condenada a la mediocridad de caer en la trampa de gustar de un masculino. 
¿Y esto que tiene que ver con el corazón de pollo? Y bueno precisamente, saber que este sujeto es igual que ella, que no quiere ningún tipo de compromiso que no sea con su computadora con jueguitos (esta última parte no me identifica) y que habita en su corazón aquella mujer que hace un mes decidió borrarlo de su vida como si fuese una mancha de vino que molesta en una camisa puramente blanca. ¿Y qué hago yo? aferrarme a esa falta de disponibilidad emocional porque es mi refugio más grande en la soledad, querer entregarme a un hombre que no me puede dar nada porque no me quiere dar nada, y quedarme ahí, en las sombras de las migajas, simplemente porque no puedo afrontar mi miedo al compromiso, mi falta de desinterés prolongado por las cosas y mi necesidad de recibir atención masculina el ochenta y siete porciento de los días. 
Entonces, esa será por siempre la disyuntiva de mi vida: querer ser deseada, amada, respetada, venerada, colmada, necesitada, adorada, esperada, pero nunca querer perder la libertad que me caracteriza, aceptando cualquier tipo de vínculo confuso que me permita evadir la realidad y vivir un pequeño y siniestro cuento de hadas en el cual siempre termino siendo la bruja malvada. 
Mi corazón de pollo no encaja con mi tortuosa personalidad, con mi afán de ser la única reina en el planeta tierra de cualquier hombre que me genere curiosidad y mi ocurrente necesidad de abrirme como un libro y revelar mi más oscuro secreto. 
Quizás algún día deje de ser tan transparente y los hombres -como el caballero de poca montura por el cual "suspiro" estos días- dejen de descifrarme tan fácilmente como si fuera el acertijo más sencillo del mundo mundial. 

lunes 17 de marzo de 2025

Mi mayor deseo es que algún día una entrada mía empiece con un gran momento o con palabras sumamente alentadoras para los y las lectores/as de este blog escondido en lo más profundo de la internet, pero desgraciadamente esta entrada no será una de ellas, ese día llegará y lo sé, pero no es hoy. 
Desde la última entrada pasaron fácil dos meses. Me gustaría decir que mi vida sigue igual que siempre, pero lamentablemente está peor. El devacle es inminente. 
Allá, a mitad de febrero, cometí un error, que en realidad en mi vida no son errores sino más bien horrores. Me pareció una fantástica idea mandarle un mensaje, ¿en contexto de qué? en contexto de que un día estaba caminando por un parque de mi ciudad, que al día de la fecha prácticamente no existe más, y me pareció verlo, verlo a él, caminando, con una mujer a su lado, caminando de la mano de esa mujer. Algo dentro mío me hizo sentir que era él, pero no sabía cómo comprobarlo. ¿Pasaba por su casa y si la luz del comedor estaba apagada significa que él era a quien yo había visto en el parque? ¿Le miraba la historia de instagram y lo corroboraba? ¿Cómo podía hacerlo? Necesitaba saberlo, si cuando me pareció verlo se me bajó la presión. Un frío me recorrió todo el cuerpo. Tuve la necesidad de mirar a ese hombre y ese hombre me miró a mí, entonces, ¿era él o no? Todo vestido de negro, con su metro ochenta y seis, con su piel trigeña, sus ojos de ciervo, su presencia de diablo, su porte de enjendro del demonio. 
Durante todo el tiempo que duró esa caminata con amigas en lo único en que podía concentrarme era en él. Había pasado un año ya, justo -en realidad en ese momento se estaba por cumplir el año, ahora ya se cumplió, es más, nos pasamos del año ya- y yo seguía pensando en él. Estaba encarnado en mí. Era parte de mí, de mi historia, de mi vida, de mi realidad, de mi ser, de mi alma, de mi mente, de todo. Él prácticamente era una extensión mía, como la luna y la tierra.
Una semana después de este evento decidí comenter mi HORROR. Le mandé un mensaje. Sin seguirlo, sin nada, se lo mandé como si nada, preguntándole si era una posibilidad que lo haya visto en la calle. Después de dos horas me clavó el visto y nunca respondió, así que lo bloqueé. Un mes después lo bloqueé y quizás se inundó, porque mi ciudad sufrió una inundación y él probablemente este acá, entonces pienso, ¿habrá pensando en mí? ¿quizás en algún minuto de estos días penso en mí y si me habré inundado? 
Lo peor de todo es que al hablarle hablado ya perdí todo tipo de reconexión, ahora sí o sí tengo que esperar que él vuelva a mí, y él sabe que puede volver, porque se lo deje bien en claro con ese mensaje que le mandé, el tema es que hasta ahora no lo hizo, así que pienso, ¿volverá? 
Ese es el primer tópico, el segundo es el otro hombre que estaba conociendo, que ya no es más un interés romántico, igual nunca lo fue, pero ahora no es más un interés sino más bien un enemigo. 
Otro más que me cancela, otro más que me silencia, otro más que sube fotos con otra mujer, más bien repostea, entonces yo pienso, ¿por qué siempre me dejan de opción? ¿por qué soy buena? ¿por qué soy comprensiva? ¿por qué pueden ir con otras y dejarme ahí colgada, para volver a mí por si se aburren y me necesitan? ¿qué soy? ¿un chiste? ¿cuál es el momento en que me transformo en un chiste? ¿una bromita para contarle a sus amiguitos? ¿una boludita para divertirnos un ratito y después tirar a la basura y volver a buscar porque ese juguete todavía tenía pilas y capaz me sirven para usar esas pilas en otra cosa? 
Basta. 

viernes 31 de enero de 2025

El primer mes del año había llegado a su fin y él no se había ido de mi mente. Había decidido en otorgarle el carácter de 'huésped' porque vive en mi corazón cómodamente. La verdad que nunca hizo nada como para ganarse ese privilegio premium que le he adjudicado, pero como nunca fui muy buena para juzgar a los hombres de los que me he encaprichado optararon, mi lado más insolente y mi lado más inconsciente, en dejarlo ahí un tiempo más hasta que alguien lo destrone. 
El nuevo personaje introducido a mitad de diciembre seguía vivo y había tenido el lujo de continuar un mes más conmigo, aunque parecía ser fanático del hombre sin escrúpulos porque lo estaba imitando a la perfección. No me contactaba ni añoraba mi presencia por lo que no estaba dispuesta a seguir regalandosela.
Al maldito hombre sin sentido del uso y la razón no le había dado ninguna oportunidad de volver a hechizarme en cuerpo y alma porque a pesar de que moría de ganas no andaba rondando en su jardín -de todas formas no sé cuánto más durará esta calma que antecede la tormenta ya que estoy cien por ciento segura de que el huracán se va a desatar-.
A veces sigo fantaseando y pensando en si él volverá, más bien nunca se fue porque nunca se quedó, pero pienso más allá, pienso en si me volverá a contactar aunque él no debería hacerlo pues yo me fui, pero yo regresé a los días y él no me abrió la puerta a pesar de saber que estaba detrás de ella. 
A veces pienso que debería dejar de pensar tanto si total él no tiene idea -y nunca la tendrá- de todo lo que me está pasando (con él). Entonces, ¿debería seguir golpeando o debería retirarme con el ego un poco roto (la verdad que más bien yo diría que está destrozado) y fingir que nada de esto ha sido analizado?
•Y si ...
▪︎O no ...
•No, no.
▪︎Bueno sí, pero después del diez de febrero. 
•No aguanto, ¿y por qué tanto?
▪︎Y si aguantaste un montón ya esperando, en que te cambian un par de días más, además te cercioras de que está acá. 
▪︎Bueno, lo voy a pensar.
•Basta de pensar. 

miércoles 8 de enero de 2025

Estoy convencida de que a mi amor no lo voy a encontrar en una simple aplicación de citas y que mi amor tampoco es aquel hombre musculoso, trigeño, de un metro ochenta y seis centímetros creado por el mismo diablo que habita plácidamente en mí, en todas las partes que conforman mi ser, hace meses.
Él y yo: nada.
¿Y por qué sigo tan aferrada a esa nada?
¿Por qué deseo que vuelva, una vez más, cuando la que se fue esta vez fui yo?
¿Por qué sigo insistiendo si cuando quise volver, después de irme, él no me aceptó de vuelta, sino que me dejo ahí, colgada, para toda la eternidad? (Ni siquiera vio mi mensaje). 
Entonces, ¿qué tan perturbada se halla mi mente como para soñar con él, para soñar que me habla por una red social y me dice que me contacte con él, que esta vez si me va a responder? 
Mi inestabilidad me arranca las entrañas. Me va sacando poco a poco toda la pasión que tengo contenida bien adentro, me lleva al nivel del desespero, y no puedo evitar querer buscarlo desenfrenadamente, mirarlo, pensarlo, desearlo, anhelarlo, tocarlo e imaginar con sentirlo una vez más. 
Estoy viéndolo ahí, tan libre, tan íntegro, tan suyo. Siempre suyo, nunca mío. Gozando sus vacaciones como si no existiera un mañana, experimentando lo nuevo del año que llegó sin que nadie (menos su círculo social, obvio) conozca la pesadez de su alma y las cargas que tiene en su maravillosa cabeza, sin nadie saber cuan perturbado se encuentra aquel frívolo hombre y que tan cruel puede llegar a ser a la hora de amar a la mujer que no estima en lo más mínimo. 
¿Y qué tan vacía tengo que estar para seguir aferrándome a él? 
¿Qué tan mal me estoy sintiendo como para seguir construyendo un castillo a su alrededor cuando él ni siquiera se encuentra dentro de mi rango etario?
Quizás es mi venus, mi posesividad, mi forma incongruente a la hora de amar.
La locura contenida en este cuerpo inhabitable.
La idiotez de mis pasos que no se cansan de perseguirlo y no poder atraparlo. 
Mis ganas desenfrenadas de matarlo y que no exista más en ningún plano, que no exista ni siquiera en las estrellas, para así nunca alcanzarlo.
Es que tal vez nuestros espírutus se conocen desde antes o el universo me lo pone siempre adelante para que aprenda la lección que nunca entiendo. Para deshacerme del hechizo que me ata, como si estuviese embrujada de acá para toda la perpetuidad. 
Como si él fuese un vampiro que me absorbe la vitalidad, que me deja seca, reducida en pedazos de tanto pensar.
Como si él se alimentará de mi ausencia y creará para sí su mundo ideal en el que yo nunca pero nunca tuve lugar porque no existo dentro de su plano astral. 
Alejada en las tinieblas, atrapada en la cárcel construida por su indiferencia, lejos, muy lejos de la plenitud emocional, como si hubiese sido encadenada a quererlo y gozarlo, pero desde otro tiempo-espacio espiritual.
Nunca será mío, porque él nunca lo querrá, y yo siempre seré suya, sin pedir a cambio algo más.
Quizás pasen los años y nunca tendré suficientes lágrimas para recordarlo, porque él siempre fue la porquería que le hicieron, porque siempre estará como yo, totalmente perturbado.
Porque su luna y la mía jamás serán compatibles, porque mientras mi amor arde con la inmensidad de mil quinientas ochenta y siete llamas él suyo se prende lentamente con el correr de la mañana, para vivir abajo del tronco más sensato de toda la arbolada.
Es que él siempre será ese engendro del demonio destinado a deambular y tocar todas y cada una de las puertas de las mujeres que se crucen en su camino, entrar y salir como si no buscará nada y encontrar siempre lo mismo porque es la mujer equivocada.
Porque él nunca encontrará a aquella que perdió en su gran guerra, aquella que no lo eligió a pesar de que él se quedó, años se quedó sin recibir a cambio ni siquiera una mirada, entonces él vagará para siempre atendiendo y rompiendo aquellos corazones que no se adapten a los patrones tóxicos que él repite, ya que hasta que no entienda que ella nunca volverá destruirá a todas sin mirar atrás.
Y yo, que estoy un poco más sana pues si comprendo lo que busco, lo que quiero y lo que ofrezco, terminé nuevamente enjaulada en la tortura de mis emociones fantaseando con él todas las noches simplemente porque jamás de los jamases él podrá ser algo que me pertenezca y que disfrute.
Porque a pesar de no ser el tipo de hombre con el que planeo disfrutar la posteridad hay algo que me hace caer de rodillas ante su presencia y atravesar, a rastras, el campo de minas y espinas oxidadas que lo rodean, solamente para encontrarlo del otro lado sonriendo mientras me rechaza con su silencio una vez más. 

domingo 5 de enero de 2025

Un nuevo año ha comenzado y una nueva yo ha resurgido de las cenizas, cual ave fenix. Por ahora. Apenas vamos tres días del año, así que pretendo ser positiva la mayor cantidad de tiempo que pueda (mentira, hoy es sábado cinco y ayer, viernes cuatro, me invadieron las ganas de hablarle y dos días antes lo stalkeé -y me quise morir, en sus brazos- así que mentira). 
Mi nueva determinación del 2025 es no sostener a nadie en mi vida que ha demostrado señales de querer irse. Y así fue, eliminé de mi lista de mejores amigos, de aquella famosa red social de fotografías e historias, a todos los hombres que habitaban en ella. Si alguien desea estar ella (y en mi vida), pues que se gane un lugar (mentira número dos, que será desarrollada más adelante, luego de introducirles a los nuevos personajes). 
A fines de diciembre conocí a otro hombre, con el que hablamos mucho por redes sociales y la verdad me sentí cómoda. En realidad, habíamos hablado un par de veces, muy casualmente, mucho tiempo antes, pero como en mi vida no existía otro más que el marrano nadie tenía relevancia. Nos vimos una sola vez. No me volvió hablar. Pasamos de cien a cero. Nos vimos un jueves. El sábado le respondí una historia. Casi nos vemos, pero por una cuestión de él y un no mío no se concretó nada. El jueves siguiente otra vez yo le dije vernos. A medida que voy escribiendo esto me siento cada vez más estúpida. ¿Qué pasó? se durmió. Puede pasar. Pidió perdón, hice un chiste, ¿y? me vistió. Ahora no me mira las historias. Yo ya no sé, ¿es un karma que debo pagar? 
El otro día leí que el karma no existe, o sea si existe, pero no tal como lo conocemos, sino que va más allá de esa idea de que si haces algo malo la vida es un boomerang y todo vuelve, no, no, si no que es algo más profundo, es una idea de que si vos crees que estás haciendo algo malo las consecuencias son algo malo, por ende si vos tenes ese convencimiento de que te va a pasar algo malo te va a pasar algo malo, es como una suerte de manifestación, entonces quizás yo estoy encerrada en la habitación que se llama "encontrarás a todos los hombres malos" y no quiero salir de ahí por más que tenga la llave.
Bueno, en fin, ayer viernes me crucé a alguien con quien tenemos en común con este nuevo personaje, por lo que le hablé. Si. ¿Me interesa este hombre? No. ¿Entonces? Me está ignorando. Eso pasa. 
Le comenté lo que sucedió, me preguntó, le clavé el visto y me deslice sigilosamente como una serpiente a sabiendas de que esto no va a servir de nada. 
Por otro lado, este nuevo hombre tiene una cualidad muy interesante: un amigo muy lindo con el que quizás tenga alguna chance, así que esa es una meta del año. Una meta para este blog en el que solo escribo sobre mis -iba a decir fracasos, pero ya me estaría condicionando- aventuras amorosas, sepan que el amor no es el foco principal de mi vida, sino más bien un condimento que me ayuda a contimentarla un poquito.
Así que, todas mis resoluciones del año nuevo me parece que se quedaron atoradas en el marco de la puerta del año pasado, porque si bien están luchando con fuerzas para desengancharse, me parece que están perdiendo la pelea.
Igual tranquila, que el año es largo y las horas sobran.

sábado 4 de enero de 2025

¿Qué tan estúpida era, del uno al diez, si todavía fantaseaba por las noches con el regreso de aquel malévolo hombre? 
¿Qué tan estúpida era, del uno al diez, si seguía revisándole las redes sociales con la intención de encontrar algo que acribillara rápidamente mi corazón, una vez más, a pesar de ser plenamente consciente de que por más que él tenga otra mujer lo voy a seguir anhelando?
¿Qué tan estúpida era, del uno al diez, si aún vivía aquella pequeña parte de mí que sostenía fehacientemente que en el fondo -muy en el fondo- de su oscuro ser algo alguna vez había sentido por mí?
¿Qué tan estúpida era, del uno al diez, si había pensado, más de una vez, en hablarle sabiendo que la última vez ni siquiera hubo una respuesta, lo que es -evidentemente- una respuesta?
¿Qué tan estúpida era del uno al millón para seguir teniendo sentimientos por ese despiadado, cruel, frío, insensible, egoísta, imprudente, inconsciente, antipático, oportunista, nefasto, incoherente, deshonesto hombre? 
Mil millones.
Diez mil millones.
Y el número más alto que exista en este planeta tierra, galaxia, universo y a la redonda (nunca fui una chica de ciencias exactas, así que no sé).



jueves 19 de diciembre de 2024

Él no existe más, porque él así lo quiso.
Un mes después de haberlo visto por última vez, y haber sellado nuestro destino para siempre, me encuentro dandole vida mediante palabras al final de nuestra historia.
¿Podré sacarlo de mi mente algún día de estos? Se que en mi corazón no habita más, porque es imposible anhelar a un hombre que nunca me dio nada, que ni siquiera se acuerda lo que me gusta entre las sábanas.
Un dieciocho de noviembre nos vimos, por propuesta mía, para que mi idea de él se caiga al suelo y se rompa en mil pedazos.
Accedió a que nos veamos, si, como si fuese un privilegio, para luego decirme que me había silenciado de las redes sociales y que hacia aproximadamente dos meses se estaba viendo con otra mujer, pero que ya le había aburrido, pero que de todas formas ella era más relevante que yo.
Como un balde de agua fría. Me sentía ahogada. Quería trepar las cuatro paredes de su habitación y salir huyendo de ahí, pero me quedé, un rato más, aferrada a la idea de que en algún momento me daría lo que tanto quería, aunque no sucedió.
Es innecesario que describa todo lo que sucedió aquella noche, porque todo siempre termina en: nunca te quiso, nunca le importaste y nunca lo harás.
No tuve respuestas, solo más preguntas. 
No tuve nada más que la verdad: ya está.
"No nos vamos a ver nunca más" sentencié y luego me acompaño su "bueno". Sin luchar. Sin mediar oposición. Sin existir. Sin respirar.
Pasó una semana, semana y media y él no se comunicó. Seguía sin saber nada de mí y yo todo de él.
Lo deje de seguir un domingo primero de diciembre, él se enteró un miércoles cuatro.
Ese sábado a la noche, siete de diciembre, pensé que era buena idea mandarle un "hola". No hubo respuesta. Ni siquiera lo vio. El lunes nueve a la mañana anulé el mensaje y lo borré de mi corazón.
Pasaron ya de ese momento diez días y él no apareció.
No volverá. Jamás. 
Y está bien, así es como esta historia tiene que terminar.
Termina este blog, termina este amor, termina esta perdida de dignidad, esta ansiedad, esta maldad, y él se va, junto con el dos mil veinticuatro y yo iré por la vida tratando de encontrar un hombre que me de lo que él nunca me dio: un mejor trato. 

lunes 18 de noviembre de 2024

A veces una mujer necesita acostarse temprano, colocarse en posición fetal y llorar.
Dedicarse ese tiempo para sanar.
Recuperarse.
Dormir.
Y volver a empezar. 

jueves 17 de octubre de 2024

"Engáñame una vez y la culpa es tuya, engáñame dos veces y la culpa es mía"

Desde el día domingo que estoy redactando esta entrada. Estoy hace más de tres días escribiendo y aún así no puedo terminarla. Esto es como él. Interminable. Tedioso. Inútil. 
Lo volvió a hacer. Me volvió a dejar encerrada con un arma en la mano izquierda y un bolso en la derecha, mientras él se iba corriendo a toda velocidad al ritmo del sonido de las sirenas de la policía. 
¿Y saben que es lo peor de todo? Que fui yo la que se permitió. Yo soy la responsable. Yo confié en él y decidí ir a robar ese banco con él, yo soy la que le dio una oportunidad, yo fui la que lo recibió con los brazos abiertos, sabiendo que está en su naturaleza mentir y él se fue y me dejó ahí, y así fue como terminé siendo yo la única responsable del delito, la única que está presa en sus cárceles mentales, la única que sobrepiensa hasta las tres de la mañana, la única que redacta entradas como estas.  
La única culpable de todo esto soy yo, porque yo soy la que experimenta un sin fin de emociones y queda siempre destruída, como si un camión la hubiese pasado por encima. 
La cronología fue, palabras más palabras menos, así: 
Jueves
Había caído el jueves por la noche y él no me había mandado ningún mensaje, yo tampoco, pero acá no vamos a discutir si debo hablarle o no, pues, él está en falta, aunque más allá de esta dicotomía en realidad su falta de contacto no me importaba, porque ya tenía mis planes para ese día. 
Cada vez que salgo o voy a tomar algo me gusta sacarme fotos y subirlas a las redes sociales, porque es una forma de mostrarme ante la gente, quizás para obtener un poco de validación o quizás porque simplemente me gusta, pero está vez había una motivación mayor, existía algo especial, había un plus: él la vería.
Subí la historia. La vio. Le dio me gusta. Obviamente la conducta que yo esperaba obtener de él se estaba materializando, pero, de todas formas, él no me hablaba. Pensé en hacerlo yo, pero lo conozco y le desespera el no contacto, por ende, esperé. 
Aproximadamente hora y media después de su "me gusta" cayó su mensaje.
Me preguntó que hacia después, y la verdad, estaba cansada, había tenido un día muy largo, así que opté por responderle minutos más tarde que tenía planes, pero que estaba disponible el día siguiente.
Al otro día me respondió que él tenía planes para ese viernes, pero que quedabamos en hacer algo el sábado. 
Genial. Me servía, ¿por qué no? así que acepté.
A veces las intuiciones que nuestro cuerpo recibe, maneja, o como le quieran decir son más grandes que cualquier movimiento en el mundo mundial, y especialmente en mí, que soy bastante perceptiva y conocedora de energías, pero de vez en cuando una quiere apagar esas voces en off en la cabeza o en el corazón, esa sensación que se eleva más allá de las leyes de la lógica y empieza a gritarnos desesperadamente que quizás no lo vas a ver...
Obviamente, aunque fingía que no me importaba, no podía evitar preguntarme cuáles eran los magníficos planes que iba a tener ese viernes y pensaba: ¿verá a otra?, pero por qué vería a otra si me estaba proponiendo vernos en ese instante. 
¿Por qué me hablaría a mí si tiene otra? 
Viernes
Me respondió al mediodía y listo. La historia terminaba. De nuevo extraños.
Sábado
El día sábado había llegado, habían transcurrido las dos, las tres, las cuatro y él no se ponía en contacto. Normal. No es necesario hablar mucho para organizar algo, ¿no? si ya nos conocemos, ya sabemos cómo nos manejamos (cómo a él le gusta, aunque guarda, descubrí que a mí también me gusta manejarme así).
A veces pienso que mis crisis existenciales alrededor de él devienen lisa y llanamente porque me falta ese factor atencional que él omite darme, esa magnificación de mi ser, esa adoración de mi persona, ese papel de diosa en el que me gusta meterme, esa necesidad que radica en mí de que él me confirme que le gusto, más allá de que no quiera tener una relación seria conmigo. 
Sé que le gusto, sino no me vería o me quisiera ver, pero no sé por qué, necesito que esas palabras salgan de su boca, porque incluso a veces lo dudo, porque él nunca me lo dijo ni me lo hizo sentir. Necesito esa validación de su parte como para que todo esto tenga sentido, como para que valga la pena. 
Llegaban las seis, las siete, las ocho y él no me hablaba. Había subido una historia. No se la vi. Subí una mía. La vio. No le dio me gusta. No me la respondió.
Me desesperé, así que le hablé yo. 
Dos horas después me respondió.
"Si, vamos a vernos". 
Estaba saliendo del bar, subiéndome al taxi para ir a mi casa, dejar mis pertenencias e ir a la suya.
Balde de agua fría. 23:52. 
Estaba cansado, que si lo dejabamos para otro día.
No podía respirar.
No podía pensar.
Ni para adelante ni para atrás.
Todas las voces que oía en mi mente, que eran las de mis amigas, que me estaban hablando, estaban sordas. Eco. Silencio. Bronca.
Otra vez me lo había hecho.
Otra vez había confiado en él, aunque no debía hacerlo, y otra vez me había decepcionado.
No es tan grave, pensándolo en retrospectiva, pero sí es grave conociendo nuestra historia. 
Había aceptado volver a verlo aunque él no se merecía ni un segundo de mi tiempo. Le había dicho que si, aunque debía haberle dicho que no. Le dije que sí, y él, otra vez, me dijo que no.
Le clavé el visto. Tenía que procesar lo que estaba sucediendo. 
Minutos después le respondí: ¿tengo otra opción? y se excusó diciendo que todavía no se había bañado, a lo que correspondí con un "ni cinco minutos te lleva eso". ¿Por qué debería comprenderlo yo a él cuando me había hecho perder el tiempo y me había cancelado?
No me respondió. Me clavó el visto al mediodía siguiente.
Domingo
Redacté un mensaje de quinientas palabras para enviarle. Me arrepentí. 
Lunes
Nada.
Martes
Nada.
Miércoles
Nada. 
Ya lo conozco. Le gusta tirar de la soga. Desaparece ahora, dos semanas. El viernes que viene, el veinticinco vuelve. Me dice de hacer algo. O quizás no. Desparece para siempre. O espera que yo le diga algo. Que no va a suceder.
Ayer a la noche, miércoles, subió una historia. No se la vi. No se la voy a ver. 
Me encantaría hablar con él y decirle "no te entiendo, ¿qué queres? ¿qué queres de mí? ¿para qué me decís de vernos y me calculas a último momento? ¿te parece bien jugar con mi tiempo? ¿te gustaría que yo haga lo mismo? ¿por qué quisiste dejar de verme, me eliminaste, me bloqueaste y ahora volves? necesito que me expliques porque necesito entenderte", pero eso no va a suceder. 
Probablemente no nos volvamos a ver nunca más.
Probablemente esto muera, definitivamente, acá.
Supuestamente hubo un eclipse, o no sé que clase de energía astral hay en el ambiente, que se caracterizaba por el cierre de ciclos. Quizás este es el ciclo. Quizás así es el cierre. Quizás. Tal vez. No sé. Estoy cansada de correr siempre en círculos.
Pero, está vez, la culpa es mía.

sábado 5 de octubre de 2024

Hace exactamente ocho días cumplí veintisiete años.
Existe una creencia popular de que cuando soplas las velas tenes que pedir tres deseos, pero una vez leí que al fuego no se le piden deseos, porque se los lleva, así que opte por decirle: "llevate todo lo que siento por él".
Pero, parece que a el fuego poco le importa y el universo, el karma, mis guías espirituales y toda la mar en coche quieren ver si aprendí la lección, entonces decidieron que era un buen momento para ponerme a prueba y ver si aprendí la lección, porque como se cree, con los años, una se pone más sabía, ¿o no?
El día miércoles por la noche soñé con él. Soñé que me escribía y decía: "Hola", así, tal cual lo estoy escribiendo. Con la H en mayúscula. Lo hacía por la aplicación de citas. Es raro. Él nunca me escribió un "hola" así de la nada, un saludo vacío sin nada más, ya que siempre ha solido desarrollar, disfrazar sus intenciones, además de que últimamente, como sabe que está en jaque, se le da por decorar sus palabras con unos finales "ja ja".
Lo más loco es que justo esa noche, en la que soñé con él, había pensado en borrar esa maldita aplicación, porque era esclava, estaba condenada a esperar a que él me hable, que nos diga de vernos, que nos diga de encontrarnos, y justo ese día, que había pensado en él, soñé con él.
En ese momento pensé que probablemente era mi inconsciente que quería eso, en lo más profundo de mi ser yo quería que él se ponga en contacto, no pensaba que era una señal de que lo haría, pues ya había transitado varias veces por ese sendero y no siempre obtenía lo que quería, pero no, está vez, me equivoqué.
El jueves por la tarde me harté. Tenía que borrar esa aplicación. Lo hice.
No la abrí durante todo el jueves a la noche y durante todo el viernes por la mañana. No quería hacerlo, es más, esta entrada en un origen se llamaba viernes cuatro de octubre y no sábado cinco de octubre, porque sentía que era mentira, que él no me va a escribir.
Para mí, él quizás había intentado con otra, o no, y todo se terminó porque no puede sostener un vínculo ya que sigue atado a la mujer que amó, por la que llora por las noches y por la cual yo no me permito desear algo con él.
En mi mente habitaba la idea de que como no le funcionó estar con otra decidió volver a las aplicaciones de citas, me encontró, se acordó de mí y aquel día decidió darme match porque sabe que acá estoy y soy buena, evidentemente le gustó el tiempo que pasó conmigo, lo he tratado siempre bien y soy divertida.
Decidió dejar de lado todo su orgullo (a sabiendas de que para mí él toma consciencia de lo mal que me trató, porque me pidió perdón, pero ahora no le estaría importando mucho, pues anda fingiendo demencia) porque soy lo fácil, pero él no sabe que para mí él es lo difícil y nunca lo sabrá.
El viernes a la tarde, como si hubiese tenido una corazonada, esa misma que tuve aquel día que descubrí que me había desbloqueado, entré, sin descargarla y desde el incógnito, a la bendita aplicación de citas y ahí estaba, hacia diez minutos él me había hablado. Primero visualicé un "estás libre hoy?" y la verdad que sí, estaba libre hoy, pero no respondí. Seguí mi vida. Pensé en responderle, pero decidí no hacerlo.
Horas después, diría que tres, llegó, lo que tanto había anhelado desde aquel día en que él se marchó, me había enviado la solicitud para seguirme en esa red social de fotografías. Espere. Tardé aproximadamente treinta minutos en aceptarlo. 
Pasaron los minutos. No me hablaba.
Me digne a verle la historia y automáticamente, como si hubiésemos elegido el mismo tiempo y espacio para conectarnos, me habló.
Me preguntó si había borrado la aplicación. 
Tardé casi una hora en responderle.
"Del teléfono si, pero la uso desde la computadora. ¿Por qué?"
(No son las palabras exactas que usamos, pero se asemejan). 
Con la velocidad de la luz me respondió algo que ya sabía, y si, que me había escrito por ahí, que más va a ser. Entonces, como si no hubiera visto su mensaje, aunque no lo vi completo hasta el día siguiente, le consulté qué me había dicho y ahí nació ese "si estabas libre ja ja". 
Minutos más tarde sentencié: "tengo planes este fin de semana, ¿organizamos para el próximo?". De mí no se escaparía ningún ja ja. 
No me respondió.
Pasaron las horas y él volvió a ser él.
Obvio, no le interesaba la negativa, no había obtenido lo que quería entonces, ¿de qué le servía?
Viví mi vida, porque esta ya no se detiene si él no responde.
Cuando subí una historia al mediodía siguiente y él la vio, evidentemente le surgió la necesidad de responderme y optó por un "dale". Horas más tarde reaccioné con un emoji de una manito a su mensaje. 
Quedará en él hablarme.
¿O en mí?
No voy a apurarme.
Lo charlamos con mis amigas. Que hablamos no, lo omití, que me siguió si.
Ellas no están de acuerdo con que lo vea, obvio, pero yo ya sé cómo va a ser nuestro vínculo a partir de ahora, es como si volviéramos a febrero y yo estaría más "despierta".
Es mi primera vez con alguien que solo veo de noche sin interaccionar durante el día. O la semana. Intercambiar un buen día, un qué tal, unos buenas noches.
Todo es nuevo.
¿Habré aprendido la lección? 
Sé que con él no puedo pedir más que esto, porque es lo que me va a dar. 
Sé que no voy a quedarme con él. Sé que debo seguir conociendo hombres. Sé que con él es solo vernos a la noche para encontrarnos casualmente, que cuando el show se termina cada uno toma su vía y hasta la próxima.
Si, charlamos.
Si, nos contamos pequeñas cosas.
Si, ¿pero qué va a pasar ahora?
¿Hablaremos del pasado?
¿Le preguntaré que carajos le pasó ese día y por qué actuó cómo lo hizo? ¿Me importa lo que pueda llegar a pensar?
¿Él sabrá que lo que me hizo a está mal? ¿Me pedirá perdón en persona? ¿Fingirá demencia? ¿Hará algún comentario? ¿Debería hacer algún comentario? ¿Debo verlo con una forma de ser relajada?
Pero todas esas preguntas negativas poco a poco se desdibujan, y de repente me encuentro un sábado por la noche que no salí imaginando el escenario en el que le pregunto, entre risas, si me extrañó y él me mira con su cara de nada y no se expresa con palabras, sino que se queda callado y yo, que dentro de todo lo posible un poco lo conozco, me doy cuenta que ese silencio es un no, y así, para romper el momento incómodo, le digo de forma irónica que me hubiese mentido y diga que sí, que eso le sale muy bien, mentir, y él esborzará una media sonrisa y a mí me va a dar vergüenza seguir metiéndome en situaciones que no puedo manejar y vamos a fingir que nunca nada pasó y nos vamos a besar mientras en mi mente suena la premisa "parece que esta historia es de nunca acabar".

martes 1 de octubre de 2024

Hoy no quiero hablar de ningún hombre en particular, hoy quiero hablar en general, porque sí, porque esta nueva edad me está sentando de maravilla y supongo que el lóbulo frontal cada vez se me desarrolla más, por lo que cada día me hallo un poquito más reflexiva.
¿Por qué a las mujeres, en la generalidad, nos duele tanto no ser elegidas por hombres que nos nos merecían, por hombres que lo mejor que podían hacer por nosotras lo hicieron y era no elegirnos?
¿Por qué la mujer se cuestiona tanto las cosas?
¿Por qué seguimos seleccionando hombres que lo único que hacen es cansarse de nosotras después de tres meses? 
Una vez leí por ahí que buscamos hombres que no están disponibles emocionalmente o que no se quieren comprometer porque somos nosotras las que, en el fondo, no queremos un compromiso o involucrarnos emocionalmente.
¿Qué?
Si, como se lee.
A mí al principio me pareció una locura, ¿cómo puede ser? si cada vez que conozco a un hombre soy la primera en crear esa categorización invisible en mi mente que consta en: con este puedo tener algo serio y con este no puedo tener nada más que un vínculo sexo-"afectivo" (si, entre comillas, pues a veces lo afectivo es una mera palabra para caratular la relación que existe entre dos partes que solamente comparten una cama). 
Y luego, pienso que, cuando empezas a charlar con un hombre y decidís que vale la pena destinar tu preciado tiempo en verlo, a medida que transcurren los encuentros, te vas dando cuenta para que está. Además, conoces su historia y tomas consciencia, sabes en dónde te estás metiendo, tomas contacto con su vida amorosa: descubrís hace cuánto se separó, descubrís si se ve con otras (además de vos), descubrís que tan cercano es a la ex, porque poco a poco vas cavando en su inconsciente lo suficiente como para en un plazo de un mes tener la respuesta a la pregunta: ¿lo sigo viendo o por acá, evidentemente, no es?
Y entonces, me cuestiono, cuando te das cuenta que ahí no es... ¿por qué no te vas?
Ese hombre no está disponible emocionalmente.
No, cortó con la ex hace tres meses.
No, todavía sigue en enganchado la última relación sexo-afectiva que tuvo.
No, se divorció hace un año de la mujer con la que estuvo casado cinco años.
No, es adicto al trabajo.
No, no y no, por miles de motivos más no, porque según el criterio de cada una, ellos no encajan con lo que estamos buscando o con las cualidades que pretendemos que tenga nuestro futuro compañero.
¿Acaso es por qué creemos que él va a cambiar de un día para el otro? ¿O que va a cambiar con el tiempo, solo por nosotras? Lo dudo. No creo.
Las películas de Disney ya nos las vimos todas y ya sabemos esas historias terminan así porque son de fantasía. Sabemos que en la vida real, en donde estamos, ningún hombre cambia así porque sí. No hay una revelación divina, no hay una transformación de bestia a príncipe como en la Bella y la Bestia. Si vos te diste cuenta que desde un comienzo él no iba a darte lo que querías, sos lo suficiente inteligente como para darte cuenta que si no lo hizo al principio nunca lo iba hacer, porque es así, nunca le va a nacer, además cuando recién lo estás conociendo es él más pretende conquistarte, comprarte, hacer que te quedes. Una siempre se da cuenta, que nos hagamos las que no vemos la señales es otra cosa. 
Bueno, entonces no. No es eso.
Entonces, ¿qué es?
¿Es el miedo a no encontrar algo mejor? ¿Es la idea de "estoy cómoda, mal no la paso, me quedo acá"?
¿O realmente no queremos un compromiso porque no estamos preparadas para jurarle fidelidad a alguien, para entregarle nuestro tiempo a otro? 
¿Y entonces, cuando nos quedamos ahí, con ese hombre que, a pesar de que transcurren los días no nos elige, pero estamos ahí porque nos empezó a agradar, que se yo, empezamos a simpatizar con él y le hemos tomado cariño, nos resulta divertido y nos escucha, nos pregunta cómo estamos, le podemos contar cómo nos sentimos durante la semana, pero él su corazón lo deja del otro lado de la habitación, y a pesar de todo eso, de que él es "bueno", por así decirlo, sabemos que no tendríamos una relación con él porque no es el tipo de hombre que nos gusta o no es el tipo de hombre que presentarías en tus círculos cercanos, a tu familia y amigas/os, ya que sencillamente no cumple con ninguno de tus estándares de pareja ideal, y entonces entramos en un laberinto imposible de descifrar por el simple hecho de que él no nos gusta lo suficiente, a él no le gustamos lo suficiente, pero sin embargo pretendemos recibir más de su parte y nos quedamos ahí, esperando algo?
¿Eso es el egoísmo, de no querer irnos en donde estamos "bien", cómodas?
¿Es el desafío de transformar ese equis en un más positivo?
¿Es que nos hace sentir mujer, exploramos y explotamos con él nuestra feminidad?
¿Es el miedo a estar sola?
¿Es el terror a no cumplir con el mandato que se nos impone desde chicas, de crecer, encontrar una pareja, casarse, tener hijos/as y ser feliz? 
Entonces, me pregunto, por qué, a pesar de vivir en el siglo veintiuno, en un mundo plagado de ideas feministas, de empoderamiento femenino, de habitar en ambientes en donde apoyamos la lucha de la mujer y luchamos por sus derechos, en donde promulgamos la igualdad de género y celebramos la independencia ecónomica, simbólica, entre otras, de la mujer, en un mundo en donde yo, mujer, sé que no debo depender de vivir la historia de Susanita para realizarme como ser humano, por qué todavía, en lo más profundo de nuestra existencia, anhelamos el final de los cuentos de hadas, ese final de fantasía que sabemos que no existe?  
Y entonces, ¿qué hace una mujer con un título universitario, independiente, con un trabajo, con un grupo de amigas fantástico, con una familia que la apoya, con un montón de pasiones, de metas y sueños en la vida, con proyectos a corto y largo plazo, con ganas de progresar, de crecer y con ganas de ser feliz, que hace llorando en posición fetal un lunes a las dos de la mañana por un hombre que conoció en una aplicación de citas, al que solo vio durante tres meses y que nunca le prometió nada porque ella tampoco esperaba nada de él ya que no era su tipo? 
¿Hablarás de amor propio?
¿Qué amor propio se rompió en el proceso? ¿En qué parte? ¿Hay alguna herida de la infancia, la niñez? ¿Hay alguna herida de algún amor pasado que hace que ella se quede ahí, congelada en el tiempo?
Quizás en el fondo solo quería ser amada por alguien más que ella misma, pero no para validarla, sino para compartir con alguien esta odisea que se llamaba vida. 
Entonces, todavía tenemos arraigadas la figura de Susanita, todavía tenemos la sangre de Carrie que fluye por nuestras venas, todavía tenemos cuatro años y nos ponemos los zapatitos y jugamos a Cenicienta, mientras no esperamos que nos rescate un príncipe, ya que tenemos los conocimientos necesarios como para crear una pócima que nos desintoxique del veneno de la manzana o como para fabricar un escalera y escapar de la torre, pero si queremos que el príncipe nos acompañe mientras creamos la pócima salvadora o que el príncipe nos espere abajo de la torre cuando bajemos de ella.
Y entonces, me pregunto, ¿qué está pasando? ¿Estamos siendo demasiado exigentes o exquisitas con los requisitos que le pedimos a los hombres que conocemos? ¿Está mal pretender un hombre que trabaje, que sea independiente, que estudie, que tenga un proyecto de vida? 
¿Está mal pretender que alguien aporte a nuestra vida la estabilidad que nosotras vamos aportar a la vida de ellos?
¿Estamos siendo demasiado quisquillosas porque en el fondo no queremos relacionarnos sentimentalmente con ellos, más allá de que cuando llegan los domingos por la tarde morimos de ganas de pasar el día entero abrazadas a un ser masculino que nos halague y nos llene de caricias, pero los sábados por la noche no tenemos ganas de que nadie nos moleste o nos impida salir?
¿Seguimos idealizando aquel que nos dejó hace cinco meses, que nosotras también ibamos a dejar eventualmente pues sencillamente no cumple con nuestros estándares requeridos, porque no queremos volver a relacionarnos con otro hombre, es que así estamos bien?
¿Qué es lo que realemente está pasando?
¿Me duele no ser elegida? 
¿Me duele no tener un príncipe esperándome los viernes a la noche para ver una película cuando vuelvo de tomar una cerveza en un bar con mis amigas?
¿Me duele no ser amada?
¿Me duele intentar? ¿Confiar? ¿Que herida del pasado estoy arrastrando? ¿El dolor al rechazo?
¿Será que en el fondo no queremos comprometernos porque tememos salir lastimadas?
¿Será que en el fondo no queremos comprometernos porque ellos son los primeros en no hacerlo?
¿Todo culmina en el ego herido?
¿Será el castigo milenario de todas y cada una de las mujeres de tener que cuestionarnos y preguntarnos hasta el fin de nuestros días por qué?
Ese maldito vicio de autodestruinos preguntándonos por qué, por qué, por qué.
¿Por qué no fui yo la elegida?
¿Por qué hiciste eso?
¿Por qué, de un día para el otro, si estaba todo bien, decidiste dejarme?
¿Por qué, de un día para el otro, meses después de dejarme sin aviso, volves a mí como si nada hubiese pasado?
¿Cómo se logra vivir con ese nivel de inimputabilidad? 
¿Cómo se logra vivir así?
¿Cómo dejar de sentir?
¿Cómo?
¿Qué?
Y, finalmente, ¿por qué?

jueves 19 de septiembre de 2024

El tiempo es eso que pasa, todos los días, porque él no te eligió. 
No te eligió hace un año cuando te conoció. 
No te eligió en febrero cuando te vio por primera vez.
No te eligió en mayo cuando te dejó.
No te eligió en septiembre cuando volvió.
Él nunca te va a elegir y vos siempre te vas a cuestionar todas y cada una de las decisiones que tomes respecto a él.
Entonces, no lo pienses más.
No esperes más.
No llores más.
Le escribí para decirle feliz cumpleaños, ¿y qué sucedió? Lo que tenía que suceder. No le importó. 
Deseabas una conexión más real, una respuesta más amena, pero no lo obtuviste, una vez más, porque él no te eligió. Ya lo decidió.
Y ahora estas ahí, sentada en las horas que no pasan más, preguntándote si te va hablar y te va a decir de verse, pero sabes que él no te eligió.
Podrían pasar días, semanas, quincenas, que él no te habló ¿y qué vas hacer? Nada, porque él no te eligió.
Volvió solo para saber que seguías ahí, y vos como una estúpida sos la única que fantaseas con el encuentro antes de irte a dormir.
Supongo que algún día te va hablar, porque así como se fue volvió, y supongo que vas a tener ganas de verlo, como hoy, pero deja de dedicarle tu energía a eso. Sanalo. Sacalo. Echalo. Erradicalo. 
Basta, ponete un límite, ponele un límite a tus emociones.
Sécate las lágrimas y anda.
Borra esa aplicación y no entres por una semana, que si se quiere comunicar con vos lo puede hacer por otra vía.
Hacelo por vos.

sábado 14 de septiembre de 2024

A diario me autoconvenzo de muchas cosas, de las cuales suelo estar equivocada en, prácticamente, la mitad. Lo peor de ser una persona así, que se crea escenarios ficticios en su cabeza constantemente, es que muere de ilusiones que nunca se materializan o que sufre por realidades que nunca existen. 
Atento al gran acontecimiento del día jueves, en el cual me dio like en una aplicación de citas y yo, estúpidamente (si, estúpidamente) le correspondí, porque era lo que quería hacer y todos los días que me pasé llorando se fueron a la basura junto con todas las viles y crueles palabras que alguna vez me pronunció, mi mente solo divaga en una gran nube color rosa pastel, que de vez en cuando se tiñe de gris.
Si deseabas con todas tus fuerzas que él volvierá, ¿por qué no estás contenta? 
No sé.
Para serles sincera, era más lo que esperaba que lo que sucedió, pero no a nivel comunicación, sino más bien emocional, es decir, fue distinta la reacción que pensé que iba a tener, creí que cuando él me hablase de nuevo se me iba a caer el mundo en los pies, que igual un poquito tambaleó, pero no lo suficiente como para que se derrumbara, pero bueno, quizás, tal vez, después de todo no estoy enamorada.
Para mí de lo que estaba enamorada era de la idea de que él vuelva. Aferrarme a ese imposible, motivándome de que iba a suceder tarde o temprano. Más bien fue temprano, porque no pasaron ni cuatro meses. Igual es un montón.
Encima para mí, lo peor de todo, es la forma tonta en la que volvió, como si no hubiese pasado nada, pero es que para él no pasó nada. Él no dimensió la magnitud de sus palabras, que eran filosas como una katana. Él si lo recapacitó, pero no fue capaz de perdirme perdón. Él vive en su mundo de caballero del zodíaco, en donde él es lo más importante que tiene, él y su orgullo, que bastante pisoteado quedó después de mandarme un mensaje.
Y así, como si por arte de magia fuese, me habló. 
Tenía la certeza de que no iba hacerlo, porque, que le haya correspondido para mí era una forma que tenía él de tantear el terreno. Él era inteligente, siempre lo supe, yo lo minimizaba o desmerecía porque era malo, pero no malo de villano de película, sino que era el malvado en mi historia de desamor. Él me había causado dolor, por eso era malo en mi visión.
Entonces me habló y le respondí. Y me propuso de tomar algo juntos, y me mente se fue un año atrás, a septiembre de dos mil veintitres cuando él me propuso lo mismo. 
Acepté. 
Empezó con el circo de "hoy no sé si puedo, porque ..."
Y me pregunto yo, ¿para qué propones? ¿Para saber que todavía estoy disponible?
Y como si fuese un juguete me regalé, con moño y todo, y fui comprensiva y le dije que se quede tranquilo, que organizabamos para otro día y obviamente, esa versión mía, le gusta. La versión que no le reclama nada, que no le dice nada, que no le comunica nada, y evidentemente ese es el juego que vamos a estar jugando.
A mí no me va a importar. 
Y así se va a mantener la relación de acá hasta que uno de los dos se cansé o hasta que uno de los dos tenga una pareja estable.
Supongo que ese es el final de esta historia y la nueva moraleja aprendida. 
Porque él es patético y yo soy más patética todavía.
Y mis amigas no lo saben, porque me van a retar, y no tengo ganas de que me juzguen, pues suficiente con mi propio ser, que se mira al espejo y cada vez que va a esbozar una sonrisa por ese hombre recapacita y piensa "que criatura más estúpida".
Pero podemos coexistir ambas, la versión mía que quiere ir corriendo a verlo una vez más y la versión mía que lo detesta, pero no lo suficiente como para no ir corriendo a verlo una vez más. Igual estoy segura que muy en el fondo existe una versión mía que si lo odia. 

jueves 12 de septiembre de 2024

Como si mi vida fuese un capítulo de Sex and The City (o quizás estoy forzándola a que lo sea), a mi mente se me vienen aquellas palabras que me dijeron esa noche fría de invierno mientras cruzaba corriendo una de las avénidas principales de mi ciudad rumbo al mismo boliche de siempre: "vos queres ser Carrie y que el otro pelotudo sea Big". 
Como si mi vida fuese una serie, lo impensable, o quizás lo predecible, había sucedido. 
Mientras les mostraba mi nueva adquisición, después de un día de compras, a aquellas personas a la que la vida nos hizo otorgales el título de "amigas", una consultó si seguíamos en esa famosa aplicación de citas en donde lo conocí. Le contesté diciendole que todavía la tenía descargada, pero que no entraba muy seguido, porque a pesar de todo el tiempo transcurrido, no me sentía bien emocionalmente como para andar jugando a las escondidas. 
Motivada con el fin de entrar y reírnos de la gente que conocíamos y se encontraba ahí, como nosotras, fingiendo que solo buscaban diversión, pero en el fondo realmente buscan el amor, empecé a tontear. 
Obviamente, podrán inferir que sucedió.
Opté por ser activa en dicha aplicación por un plazo de cuánto, ¿veinte? ¿quince minutos? y comencé a dar like, no like, no like, like, no like y así, hasta que sí, ¿quién apareció? Él.
El corazón se me salió de la boca. La ansiedad se disparó como un tren bala.
El hechizo que recaía sobre mí, invocado por él, se había roto. Era libre. Él me había liberado de todas las cárceles a las que me había metido. Ya no era presa. Me había desbloqueado de la famosa aplicación de historias, reels y publicaciones, y ahora, aparentemente, me había desbloqueado de esta aplicación de citas.
Lo había buscado, si que no, ahí, miles de veces. Cambiando la edad, la distancia, el orgullo. Nunca había podido localizarlo, hasta ayer.
Entonces, había sucedido, ¿él estaba volviendo?
Como si me hubiese caído un balde de agua fría sobre el cuerpo, me quede paralizada. Tuve que minimizar la aplicación y quedarme ahí, tiesa, por un instante.
No sabía si alegrarme, porque él me estaba queriendo abrir una ventana, o ponerme triste, porque yo ya me conocía a mí misma y sabía lo que iba hacer.
Volví a entrar y mire todo lo que había subido. Seguía todo igual. Él seguía igual. Se había cortado el pelo, había cambiado de lugar los muebles de su pieza, había seguido adelante, yo no.
Igual yo también había cambiado: me había dejado crecer el pelo, había cambiado mi alimentación, había dejado las anticonceptivas, había obtenido mi licencia de conducir, me había comprado mucha ropa y zapatos, pero lo que no había cambiado era que él me seguía gustando.
Por primera vez lo vi lindo. Lo sentí lindo. 
Y así fue, ya estaba hecha. La maldición que me había deshecho se había trasladado a mi corazón, que estaba otra vez hechizado. 
Esperé.
Me aleje del mundo por un lapso de dos horas.
Pensé qué iba hacer. 
¿Le daba like? 
Pero, ¿y si él no me daba like y quedaba como una estúpida?
¿Por qué me habría desbloqueado? ¿Se había dado cuenta que le revisaba, de vez en cuando, las redes? 
¿Por qué estaba sobreanalizando tanto las cosas?
Minutos después me dije a mí misma: sos una adulta, tenes que ser madura, afronta la situación. Así que volví a entrar y lo vi, ese: "Likes You".
Que hijo del mal, pensé. Pero por dentro exploté de alegría. 
Estuve otras dos horas analizando la situación y él va y hace eso. 
Ese hombre no solo me había robado cuatro meses de mi vida dejandome herida, para ser certeras siete meses casi enteros, sino que ahora también me robaba cuatro horas más. 
No podía dejar de pensar. Si le daba like yo también implicaba que todo mi amor propio se iría a la basura, pero me moría por ganas de verlo de nuevo. Si bien ese like no significaba nada, porque él debería ponerse en contacto y proponerme de vernos como para que mi macana sea completada al cien por ciento, no podía dejar de sentirme una tonta.
Era una tonta. Soy una tonta.
¿Algún día aprenderé? Se ve que hoy no es el día.
Mis guías espirituales deben estar dandose la cabeza contra la pared, el universo me debe estar juzgando y diciendome "no podes ser así", perdón, no aprendí la lección. 
Le di like. Hicimos match. Otra vez dormí mal, como aquella vez que me pidió perdón y nunca más me respondió.
Otra vez empieza nuestra no historia de amor (y dolor).
Otra vez cobra sentido este blog. 

jueves 5 de septiembre de 2024

Obviamente mi plan de vida se basa en hacer miles de cosas durante el día para que no se me cruce ningún pensamiento intrusivo, dígase cualquier pensamiento aleatorio que mi mente considere que es buena idea recordar o tener en cuenta, dígase pensar en por qué todavía no me habló. 
De todos modos me resulta extraño que hasta el día de hoy siga pensando en él. ¿Me habrá embrujado?
El sábado pasado, a la noche, mientras tomábamos un helado, mis amigas me dijeron que yo estaba enamorada. Sus palabras salieron de sus bocas con una gran liviandad. Me sorprendí. Para mí no lo estaba. Toda esta nube que creé alrededor de él no es más que una obsesión. 
Para mí todo es mi ego herido porque: me dejó, me porté bien y él se portó mal, pues yo jamás lo destraté, y él, todo lo contrario.
Es mi ego herido porque, al fin y al cabo, no me eligió. 
Es como cuando si vas a comprar algo a una tienda, de onda, sin ningún tipo de expectativa y vas porque estás aburrida o porque te pareció una buena idea, y cuando llegas, te cierran la puerta en la cara. Pero, ¿por qué me estas haciendo esto? Es algo así.
Retomando la idea de "estar enamorada" considero que quizás en algún punto de mi vida lo estuve. ¿Lo estuve? Y me parece que el concepto de "estar enamorada" es algo que no aplica a este caso particular.
De todas formas no puedo evitar pensar: ¿estoy enamorada? 
Hay miles de estudios de esos que se publican en internet lisa y llanamente porque hacerlo es gratis que afirman que si seguís pensando/gustando/deseando a una persona después de un lapso de tres meses estás enamorada. ¿Será eso real? 
Entonces, que siga pensando en él, después de más de tres meses, ¿significa que estoy enamorada? 
Si yo a él no lo quiero. No lo amo. No tengo el deseo de formar una pareja con él. El único deseo que tengo es que vuelva, para que sane mi herida de abandono. 
Entonces, ¿que carajo me pasa?
¿Acaso me aferro a él y al mundo de fantasía que construí a su alrededor para evitar relacionarme con otros hombres porque no tengo ganas de dedicarle energía a eso?
Quizás después de todo no quiero un vínculo amoroso, no quiero nada. 
¿Acaso viví toda mi vida mirando al cielo y aspirando a una relación de Disney cuando lo único que quiero es estar sola y vivir el amor mediante programas de televisión?
¿Qué es lo que quiero a mis casi veintisiete años?
¿Y por qué sigo pensando en él? ¿Necesito hablarle para sacarme la duda? ¿Acaso ya no la perdí lo suficiente aquella vez que le hablé? 
¿Debería hablarle un día después o un día antes de su cumpleaños y decirle "feliz cumple" y quedar como una completa idiota porque me acuerdo de su fecha de nacimiento a pesar de que él me trato horrible? Arriesgarme a que no me conteste, me bloqueé o que piense que soy una pesada que no tiene amor propio? ¿Debería? 
¿Cuánto tiempo más tengo que sentarme y esperar que ese hombre se digne a mandarme un mensaje?
¿Cuánto tiempo más tengo que esperar para conocer a mi próximo vínculo amoroso? 
¿Cuánto más?

viernes 30 de agosto de 2024

Estaba consciente que la estupidez mental iba a ser parte de mí durante toda mi vida. 
Obviamente hice lo que cualquier persona que me conozca, aunque sea un diez porciento, hubiera pensado que hice.
Sí. 
Lo desbloqueé. 
Pero, ¿por qué bloquearlo? No podía demostrarle que me había importado. Mis amigas, mi blog, todas y todos que no fueran él podían saber el dolor que me había causado, todo el mundo menos él. Era un secreto, de esos que se guardan bajo llave.
Si por alguna bendita casualidad a él se le ocurría que era buena idea mirar mi perfil iba a encontrarse con la noticia de que lo había bloqueado. Se daría cuenta que me di cuenta. Se daría cuenta que lo observaba. No lo podía permitir. 
Podía hacer algo mejor si decidía volver: ignorarlo.
En fin, no me servía tenerlo bloqueado. 
En menos de veinticuatro horas y antes de que sea demasiado tarde él volvía tener libertad. 
Lo peor de todo es que no sé absolutamente nada de su vida. Probablemente tenga una relación seria y estable o probablemente tenga un vínculo como el que tuvimos, mientras que lo único hago es entrar en las aplicaciones de citas y rogar interaccionar con un ser humano normal.
Igual ojalá que este acompañado, pero mal acompañado y que cada dos por tres se acuerde de mí. 

miércoles 28 de agosto de 2024

"Si queres ir y ser un estúpido no lo hagas enfrente mío" canté cuando lo bloqueé. Era una sabia decisión. Ese hombre no merecía que le tenga la vela prendida cuando no había hecho nada para merecerlo.
Me había desbloqueado hacía un mes y en esos treinta y un días no había sido capaz de enviarme un solo mensaje, por lo que tomé la decisión que cualquier chica hubiese tomado: bloquearlo.
Si realmente estaba interesado en venir en su caballo blanco y procurar rescatarme mientras me afirmaba con total tranquilidad que se había equivocado, que era un tarado y que yo era lo mejor que le podría haber pasado en este último tiempo, que estaba tan arrepentido de haberme maltratado que todas las noches antes de irse a dormir se lamentabla la decisión que había tomado, que simplemente era un víctima de su inmadurez varonil y que por favor le de otra oportunidad, me tendría que contactar por otros medios. No lo sé. No sabe dónde vivo, no sabe en dónde trabajo, no sabe nada de mí. Lo único que tenía era mis redes sociales y de una está bloqueado, por lo que tendrá que apelar a su buena memoria o su gran disposición y mandarme un mensaje de texto, si es que todavía tiene mi número. 
No podía seguir en el restaurante esperándolo, no me importaba si nuestro "amor" había muerto joven y yo era la única testigo, si alguna vez se arrepientía y me decía que se había equivocado.
Mi idea era que, si en algún momento de su corta vida, decidía entrar a ver mi perfil, o si realizaba ese acto tan hombril de volver siempre a buscar a las mujeres que han lastimado, se iba a encontrar con una sorpresa, pues esta vez era yo la que lo había eliminado. Quería que piense "uy, se dio cuenta de que la desbloqueé y en vez de hablarme lo único que hizo fue bloquearme ella a mí". Dudo que tenga esa línea de razonamiento, es un varón básico, que todavía tiene un par de días para que se le desarrollé el lóbulo frontal del cerebro y pueda ser más empático. 
Ya no tenía que quedarme en mi casa lamentádome todas las palabras que dije y las que no, ya se había terminado, era libre. Al fin libre. Llovió y finalmente estaba limpia. 
Iba a seguir pensando en él, porque lo hacia hace exactamente cuatro meses cuando él decidió que ya no le interesaba más y que era merecedora de las palabras más crueles jamás pronunciadas y que simplemente no le servía más, que jamás podría despertar algo en él, que jamás sería prioridad y que mejor lo dejemos ahí, que ya estaba, total, un vínculo con una persona es algo que podes tirar a la basura como si nada cuando te cansas, ¿no cierto? 
Seguro me arrepentiría de esta decisión, pero lo que él perdía en pelo a medida que pasarán los años yo lo iba a ganar en amor propio a medida que transcurrieran los días en los que yo no lo desbloqueará.
Era el punto final de la historia. No más pensar en si me lo cruzará, no más pensar en estrategias para que me hablé, porque evidentemente no le importaba. ¿Qué me hacia creer que sí? Quizás mi parte más desilucional y egocéntrica, mi parte más ilusa y trastornada. Mi parte que hace que le rescate algo bueno a las personas que son completamente malvadas. Mi lado compasivo. Él no era digno de ello.
No más pensar en escribirle para su cumpleaños, que era en unos días, no más pensar en si quizás se acordaba de escribirme para mí cumpleaños que era un par de días después del suyo (¿vos realmente crees que ese sujeto se acuerda?), no más ser lisa y llanamente una mujer patética. 
Se terminaba ese año compuesto por cuatro meses de su cacería, tres meses de una película de fantasía de bajo presupuesto y cuatro meses de cobardía, doce meses que le había obsequiado por qué sí, cuando sabía que eso no era para mí.
Al final, a una siempre la trauman los que más ganas de conocerte tienen.   
Adiós, el hombre más pequeño que jamás haya existido, te quedaste bastante cortito. Lo que tenes de inteligente lo tenes de desalmado. Quizás deberías ir más a terapia y menos al gimnasio. Lo que das a nivel físico debería ser menos de lo que das a nivel emocional.
Suena dolida y resentida, pero es que lo estoy. ¿Y por qué no habría de poder estarlo? Si ese hombre me dañó. 
La despedida del marrano* y yo.

*ese es el apodo que le di, así lo conocen mis amigas, porque ni siquiera su nombre se acuerdan.  
**sí, hay muchas referencias a canciones, porque las chicas somos así, melódicas: please, please, please - right were you left me - clean. Nunca una canción de amor, ¿no? 
***si llego a volver a escribir una entrada sobre este hombre, por favor, sean tan amables de decirme "che, no da". Gracias. 

lunes 17 de noviembre de 2025

Mi fantasía más recurrente es aquella en la que él me escribe un simple " hola ". Le respondo un " hola " y de nuevo emp...