martes 18 de junio de 2024

¿Él chico por el que lloré semanas porque me dejo un domingo a las cuatro de la tarde?
¿Ese que era dos años más chico que yo?
¿Aquel cuyo nombre tenía solamente seis letras?
Pues está viviendo cómodamente en mi pasado. Mi mente ya ha renunciado fantasear con su regreso por las noches antes de irme a dormir.
Tampoco me acuerdo tanto de él durante el día, como si fuese una obsesión que lentamente ha perdido fuerza.
Ya no le reviso su perfil, ya no le consulto al tarot si volverá y ya no tengo la ilusión de cruzarmelo en la calle cuando paso cerca de su casa. 
Igual, de cruzarlo, ¿qué haría? ¿Lo saludaría de una forma cordial actuando como una reina o me ganaría la angustia y me pondría roja como un tomate mientras empiezo a descomponerme como si hubiese olvidado hasta mi nombre?
No lo sé. Tampoco se que tanto me preocupa. No es algo que vaya a experimentar. No tenemos nada en común, no hay ningún camino del universo que se pueda crear para que él y yo nos volvamos a tropezar.
A mí me gusta salir a bailar, a él no.
Él suele ir a bares con mucha más frecuencia que yo.
Él va a un gimnasio de pesas, yo no.
Él todavía estudia, yo no.
Él se mueve siempre por el mismo sector, yo casi nunca frecuento esas cuadras.
No tenemos ningún amigo en común. 
No hay fotos. No hay conversaciones.
Solo hay un noventa y nueve porciento de probabilidades de que en mi perra vida vuelva a saber de él, a menos que vuelva, que esperemos que no, porque aunque mi ego todavía espera que se materialice su dulce y fría venganza, se a ciencia cierta que en primer lugar, lo mejor para mi salud emocional es que ni se atreva a entrometerse en mis asuntos y segundo, prefiero seguir ahí, bloqueada, olvidada en su lista negra. 
Le saqué la restricción, si.
La noche pasada, borracha, sentí unas incontrolables ganas de llamarlo. 
De hablarle, de decirle "hola". No lo hice, porque, ¿para qué?
Si él no me va a dar nada. Él es eso: la nada. Todo esto que pensaba, ¿era un buen o mal indicio? No lo sé. Desintoxicarme de él es un proceso, no tiene que ser lineal. Además una siempre anhela con más ganas lo que no puede tener. 
Ahora mi punto de interés, el foco de atención no era por qué seguía atada a él, aunque tengo que resolverlo, ya que por culpa de esa cadena invisible estoy desarrollando mi nuevo problema, es que ahora el problema ya no era solamente recomponerme emocionalmente, el problema era "arreglarme", volver a conectar y volver a sentir lo mismo con otro hombre. 
¿Cómo hacía eso? Si ninguno era él. Horas scrolleando en redes teniendo el tupé de comparar a ese engendro con cualquier bípedo de sexo masculino que estuviese disponible. 
Tenía que desplegar todos mis conocimientos aprehendidos, quería lucir la insignia de "lección aprendida e internalizada", pero simplemente no podía moverme. Estaba paralizada. 
Lo que más me dolía era que todos y todas progresaban, la gente constantemente publicaba que tenían parejas y que se entregaban al amor, en cambio yo no podía. Las demás personas seguían adelante, rehacian sus vidas, yo no. Estaba estancada en los pobres ilusos que me hablaban y las aplicaciones de citas.
Quería un novio, pero no quería asumir ningún compromiso. 
Quería una relación, pero no quería tener citas.
Me aburre.
Mi idea es simplemente quedarme sentada y que el hombre de mi vida caiga ante mis pies, siendo mis brazos un poco más rápidos para poder sostenerlo y no dejarlo ir jamás. 
Pero no estaba sentada en una silla en una zona donde hay peligro de derrumbe de seres varoniles y para ser sincera, estaba cómoda. 
¿Cuál era la verdadera razón por la que no estoy abriéndome al amor?
Si nunca fui de las que colocan sus sentimientos en una caja de cristal una vez que este fue herido y deciden no abrirla nunca más.
Si nunca fui de las que deja de creer en el amor y lo sigue buscando en todas partes.
¿Debería ser más cautelosa?
¿Acaso lo estaba siendo?
¿O había aprendido que ninguno de ellos me iba a dar lo que yo quería?
¿Pero por qué, si ni los conocía? 
¿Sigo buscando hombres que no están disponibles emocionalmente porque yo tampoco lo estoy?
No lo sé.
Tampoco lo voy a saber pronto.
Espero, que como siempre, deje que se cure la herida y salga a caminar de nuevo (basta de correr), aunque vuelva a tropezar y terminé juntando los pedazos de mi iluso corazón una vez más.  

miércoles 5 de junio de 2024

Mayo había muerto al igual que el mes de abril, pero yo, yo seguía atrapada en ese domingo de otoño a las cuatro de la tarde, por lo que ese día todavía tenía signos vitales. 
Mientras enterraba a mayo junto con los demás meses del año no podía evitar preguntarme si con el mes él también moriría.
Moriría en mi mente, moriría en mi corazón.
Había jurado no dedicarle más entradas, pero nunca fui buena cumpliendo promesas o guardando secretos. 
Debía confesar que lo había desbloqueado y había optado por restringirlo, ya que, para ser completamente sincera, estaba desesperada por un mensaje suyo.
Quería que me hable y temía que si decidiera hacerlo no pudiera. Pero, ¿para que quería que me hable? Si sabía que mi mejor venganza era ignorarlo por toda la eternidad, hacerle darse cuenta que se había equivocado, que me iba a extrañar y que jamás tendría el privilegio de tocar mi piel una vez más. 
Pero
a
él
nada
de
lo
que
hiciera
le
importaba.
¿Cuántas veces más me iba a repetir esa horrenda frase cuando me ponía a sobrepensar?
Sabía que con los días lo iba olvidando cada vez más, pero él era como una cascarita cicatrizando que a veces picaba y no podía evitar rascarmela. 
Ya le había dedicado un mes entero a llorar su pérdida, le había regalado un mes entero a mi salud emocional para que se recomponga de a poquito, y no la culpo, la pobre termino bastante destrozada después de que sus palabras, que más palabras fueron bombas atómicas que impactaron de lleno sin ningún tipo de aviso, sin anestecia y sin necesidad.
Habíamos presenciado una gran catástrofe y no necesitariamente estábamos en guerra. Es más, ni una batalla luchamos. Simplemente se destruyo el lugar antes de que siquiera pudiera subirme al cuadrilátero. Ni tropas tenía.
Si bien sabía con certeza, y estaba convencida de que quería olvidarlo, el problema radicaba en que no sabía cómo o directamente no tenía ni la más pálida idea de por dónde empezar. 
Las soluciones que se me ocurrían eran las siguientes: 
Uno empezar terapia;
Dos salir con otros hombres;
Tres dejar que el tiempo lo cure todo.
Por más que siempre me gusto la poesía berreta y escribir a mansalva entradas en blogs que nadie jamás leía, la frase cliché de que el tiempo lo cura todo me parecía una forrada. Léase: una maldad totalmente cruel e innecesaria, como la presencia de él en mi vida. 
Por otro lado, tenía la experiencia y madurez suficiente como para saber que no sirve de nada sacar un clavo con otro clavo, porque no tiene sentido. Todas estuvimos ahí y sabemos que no existe tal cosa.
La última opción que me quedaba era terapia. La última opción que me quedaba era aprender a sanar. Dejarlo ir. 
Quizás era un primer gran paso dejar de fantasear con su vuelta y depositar esa energía en mí: en mi salud, en mis proyectos, en mi trabajo, en mis deseos, en mis vicios, en mi círculo social. 
¿Podía o simplemente aprendería a vivir con él en mí como si fuese un lunar que me salió en la espalda? Se que está, pero no lo puedo ver a menos que use un espejo, es decir que haga una introspección. 
Tal vez eso es lo que sucede, nunca nos olvidamos de las personas con las que compartimos pequeños trayectos del camino, sino que nos acostumbramos a caminar solos/as y agradecer que han venido.
Pero de él todavía no puedo agradecer nada, porque todo lo que fue es daño. Puede ser que deba agradecer ese daño porque a veces del caos nacen las cosas. 
Entonces, ¿puede ser que él en realidad murió y no me di cuenta porque estaba tan preocupada en lamentarme que no me tomé el tiempo para ver si respiraba o si su corazón latía y solamente lo escondí en el placard de los muertos vivos mientras estoy esperando que resucite el treinta y uno de octubre o el primero de noviembre? 
No lo sé, supongo que el tiempo lo cura todo. 

martes 4 de junio de 2024

Ni siquiera había empezado junio y yo ya estaba resfriada.
Para mí era alergia, pero comenzaba a sospechar que era un rechazo de mi cuerpo ante mi insistente idea de correr hacia los brazos de otro hombre cuando a todas luces todavía no había sanado mi última decepción amorosa.
¿Estaba siendo exagerada?
Tal vez.
De todos modos nunca me caracterice por ser una persona poco dramática. 
¿Qué es lo que pasa con la gran mayoría de las mujeres que no podemos volver a tocar una piel masculina en el corto plazo luego de que nos hayan roto el corazón en mil pedazos?
¿Cuál era la explicación lógica ante la necesidad de quedarse sola y refugiarse en noches llenas de salidas con amigas o largas maratones de series y chocolates acompañadas de nuestra infusión favorita?
¿Acaso hace doscientos años atrás alguien nos embrujo y determinó que por y para siempre íbamos a llorar y dejar de interaccionar con otros porque simplemente estábamos demasiado tristes para volver al ruedo? 
Pero hablando en serio, ¿cuál era el motivo oculto por el cual me sucedía eso?
Es que tenía dos pacientes hombres esperando que los conozca que llevaban un par de tiempo en mi lista de espera y yo simplemente no podía de dejar de torturarme con aquel maldito que me dejó un domingo a las cuatro de la tarde. 
Ni siquiera había sido un gran amor de esos en los cuales una piensa de vez en cuando y suspira al cielo y dice "que épocas, que recuerdos". 
No lo conocía, habíamos compartido pocos días. Aunque pensándolo bien si lo conocí, descubrí su verdadera esencia cuando se fue. La forma en que una persona decide irse de tu vida deja al descubierto que tanta bondad o que tanta maldad habita en su ser.
Él era malo y aún así, no podía no pensarlo. 
No podía avanzar. Estaba estancada en la casilla que llevaba su básico nombre de seis letras.
Había tirado los dados en más de una oportunidad y siempre salía el uno, que me hacía ir hasta la casilla que se llamaba "lo siento, retrocedes un lugar, es demasiado pronto para que pienses en salir de este juego", por lo que tenía que tragarme mi orgullo y volver atrás. 
¿Era el momento de aceptar que realmente estaba enamorada o quería permanecer en este estado de abandono porque yo no sabía amar, no sabía querer a alguien sin evitar ser ansiosa y obsesiva?
Quizás no estaba tirando muy fuerte los dados y en el fondo deseaba que siga saliendo el uno.
¿Era porque disfrutaba de andar llorando por los rincones por el simple hecho de que tenía una buena razón para postergar mis proyectos y planes, tirarme en la cama y ser una depresiva? 
¿Acaso el drama se había apoderado por completo de mi vida?
¿Había perdido del todo la cordura?
¿Estoy loca?
Puede ser. 
Estoy loca, pero por tratar de comprender a los hombres y lo peor de todo es que es una enfermedad que no tiene cura, por suerte la alergia y la gripe si. 

lunes 3 de junio de 2024

A veces no basta con hacer reír a un hombre en la cama. A veces no alcanza con tratarlo bien y preguntarle cómo le fue en los últimos días. A veces no alcanza con sacarse el corazón del pecho y entregárselo en una bandeja de plata. No importa cuánto te esfuerces ni que tanto lo intentes, ya que cuando él ha decidido que vos no sos la indicada, simplemente la historia se termina. 
No hay nada que una pueda hacer. Duele, pero es así. 
Por más que analices cada una de sus palabras, si estas no están respaldadas por sus acciones, no sirven de nada. 
Y quizás piensen que estoy siendo demasiado fatalista pues ando deambulando por las calles de la ciudad con el alma rota en mil pedazos, hace aproximadamente un mes, pero no estoy siendo pesimista, sino que estoy siendo realista.
Las mentiras que le creí son las que me causaron esta enfermedad incurable a corto plazo: el desamor. 
Es que él no nos eligió y está bien, tiene todo el derecho del mundo a no hacerlo como nosotras tenemos todo el derecho del mundo a aceptarlo e irnos con la frente en alto, como las reinas que somos. 
Y la vida no termina porque un hombre no nos eligió. No es que nos quedamos secas de amor o que hemos perdido la capacidad de amar, simplemente es que hay lugares que nos quedan demasiado grandes y por otro lado, hay personas que hay lugares que le quedan demasiado chicos.
Entonces, ¿qué más puedo hacer que disfrutar ese momento en que lo hago reír en la cama mientras me miente mirándome a los ojos cuando sus labios sentencian un "sos lo que andaba necesitando"?
¿O qué más puedo hacer que saludarlo cálidamente cuando decide cruzar por la puerta y hacer de cuenta que jamás nos conocimos?
Nada. 
Hay que aprender que nada es real, que él solamente está jugando. 
Aprender que él no me está prometiendo nada y que nada le está pasando. 
Hay que aprender que el día que un hombre nos elija nos vamos a dar cuenta. 

lunes 17 de noviembre de 2025

Mi fantasía más recurrente es aquella en la que él me escribe un simple " hola ". Le respondo un " hola " y de nuevo emp...