miércoles 15 de octubre de 2025

La única palabra que puedo utilizar para describir lo que me pasa es dolor. 
Me duele el alma. Me duele el pecho. Me duele. Simplemente y sencillamente me duele.
Me duele que no me haya elegido a mí. Me duele que no haya luchado por nosotros. Me duele que me haya ocultado las cosas. Me duele que me haya mentido. Me duele sentirme una tonta por estar llorando a la noche mientras él le dice que la ama, y lo hace público, porque lo grita a los cuatro vientos. Me duele que nadie sepa que hace tres meses el lugar que hoy habita ella era mío, porque él me lo había dado. Me duele que hace tres meses moría y mataba por verme y hoy, tres meses después, muere y mata por ver a otra mujer que no soy yo. 
Me duele haberle creído. Me duele haberlo esperado. Me duele haber tomado decisiones por él. Me duele haberme imaginado un futuro que nunca va a suceder. 
Y a veces me torturo por no haber dicho lo que tenía que decir en su momento. Me torturo pensando en que hubiera pasado si mis palabras eran otras, si mis acciones eran otras. ¿Él se hubiera ido, de todas formas, o se hubiera quedado a mi lado?
Me duele sentir que llena un vacío, que llena mi vacío emocional. Me duele que en cinco días haya ido corriendo a enredarse en otra historia mientras yo daba lo mejor de mí para arreglar la nuestra.
Me duele haberlo querido. Me duele haberlo amado. Me duele haberme enamorado de él y que él este amando a otra.
Me duele que ella sea con quien duerme por las noches. Me duele que ella sea quién recibe sus regalos. Me duele que sea ella ahora quien escucha sus historias de cómo hizo un gol al primer palo y me duele que sea ella quien se ría con sus chistes más malos. 
Me duele pensarlo. Me duele extrañarlo. Me duele sentirlo. Me duele soltarlo. Me duele dejarlo. Me duele irme. Me duele. 
Me duele que ella sepa su color favorito. Me duele que ella sepa la cara que pone cuando miente. Me duele que ella conozca el sonido de su risa. Me duele que ella sea quien recibe sus caricias.
Me duele haberme entregado. Me duele estar tan rota. Me duele irme a dormir todas las noches llorando. Me duele que nada sea justo. Me duele que él haya seguido tan rápido, mientras que a mí me duele. 
Me duele.
Me duele.
Me duele.
Me duele.
Me duele.
Me duele. 
Me duele.
Me duele saber que para él fui insignificante. Me duele saber que para él fui reemplazable. Me duele saber que no soy nada. Que nunca voy a ser nada y que él para mí lo era todo.
Me duele tener que hablar en pasado. Me duele haber borrado toda nuestra historia. Me duele haberlo eliminado de las redes sociales. Me duele tener que espiar en silencio. 
Me duele saber que nadie nunca sabrá que hacía tres meses él a ella ni la conocía y que era yo con quién él se desvestía.
Me duele acordarme de su historia, del nombre que le quiere poner a su hijo varón y del equipo europeo que le gusta.
Me duele saber que nunca existió un nosotros. Me duele saber que nunca me respetó. Me duele saber que nunca fui suficiente como para cambiar por mí. 
Me duele que me haya confesado qué estaba enamorado. Me duele que me haya destratado. Me duele que me haya confundido. Me duele que me haya preguntado qué era lo que yo pretendía con él si nunca fuimos compatibles. Me duele que me haya dicho que yo no estaba a su altura. 
Pero más me duele que yo todo eso lo haya permitido. 
Me duele haber sido un capítulo en el cuento de su vida, mientras que él fue mucho más que una temporada en la mía.
Me duele haber estado con él durante ocho meses de mi vida y haberlo esperado tres más. 
Me duele que no me haya felicitado por mi cumpleaños. Me duele no haber recibido nada a cambio. 
Me duele tener que escribir esto.
Me duele tener que olvidar su nombre.
Me duele tener que seguir viviendo sin él conmigo.
Me duele seguir deseando estar con él.
Me duele seguir necesitandolo para ser feliz.
Me duele tener que hacer el duelo.
Y podría decir que el tres de septiembre fue el día más triste, cuando me confesó que ella existía, pero sin dudas el quince de octubre le gana, porque él demostró que su corazón nunca fue mío. 
Y ojalá que algún día, después de que el tiempo pase y las heridas se curen, él admita que si me amó. Que si le dolió. Que a él también esta relación que tuvimos lo lastimó.
Y en ese entonces de nada va a servir que yo sepa la verdad, pero quizás la persona que soy en este momento pueda recibir un poco de paz. 

lunes 17 de noviembre de 2025

Mi fantasía más recurrente es aquella en la que él me escribe un simple " hola ". Le respondo un " hola " y de nuevo emp...