"Engáñame una vez y la culpa es tuya, engáñame dos veces y la culpa es mía"
Desde el día domingo que estoy redactando esta entrada. Estoy hace más de tres días escribiendo y aún así no puedo terminarla. Esto es como él. Interminable. Tedioso. Inútil.
Lo volvió a hacer. Me volvió a dejar encerrada con un arma en la mano izquierda y un bolso en la derecha, mientras él se iba corriendo a toda velocidad al ritmo del sonido de las sirenas de la policía.
¿Y saben que es lo peor de todo? Que fui yo la que se permitió. Yo soy la responsable. Yo confié en él y decidí ir a robar ese banco con él, yo soy la que le dio una oportunidad, yo fui la que lo recibió con los brazos abiertos, sabiendo que está en su naturaleza mentir y él se fue y me dejó ahí, y así fue como terminé siendo yo la única responsable del delito, la única que está presa en sus cárceles mentales, la única que sobrepiensa hasta las tres de la mañana, la única que redacta entradas como estas.
La única culpable de todo esto soy yo, porque yo soy la que experimenta un sin fin de emociones y queda siempre destruída, como si un camión la hubiese pasado por encima.
La cronología fue, palabras más palabras menos, así:
Jueves
Había caído el jueves por la noche y él no me había mandado ningún mensaje, yo tampoco, pero acá no vamos a discutir si debo hablarle o no, pues, él está en falta, aunque más allá de esta dicotomía en realidad su falta de contacto no me importaba, porque ya tenía mis planes para ese día.
Cada vez que salgo o voy a tomar algo me gusta sacarme fotos y subirlas a las redes sociales, porque es una forma de mostrarme ante la gente, quizás para obtener un poco de validación o quizás porque simplemente me gusta, pero está vez había una motivación mayor, existía algo especial, había un plus: él la vería.
Subí la historia. La vio. Le dio me gusta. Obviamente la conducta que yo esperaba obtener de él se estaba materializando, pero, de todas formas, él no me hablaba. Pensé en hacerlo yo, pero lo conozco y le desespera el no contacto, por ende, esperé.
Aproximadamente hora y media después de su "me gusta" cayó su mensaje.
Me preguntó que hacia después, y la verdad, estaba cansada, había tenido un día muy largo, así que opté por responderle minutos más tarde que tenía planes, pero que estaba disponible el día siguiente.
Al otro día me respondió que él tenía planes para ese viernes, pero que quedabamos en hacer algo el sábado.
Genial. Me servía, ¿por qué no? así que acepté.
A veces las intuiciones que nuestro cuerpo recibe, maneja, o como le quieran decir son más grandes que cualquier movimiento en el mundo mundial, y especialmente en mí, que soy bastante perceptiva y conocedora de energías, pero de vez en cuando una quiere apagar esas voces en off en la cabeza o en el corazón, esa sensación que se eleva más allá de las leyes de la lógica y empieza a gritarnos desesperadamente que quizás no lo vas a ver...
Obviamente, aunque fingía que no me importaba, no podía evitar preguntarme cuáles eran los magníficos planes que iba a tener ese viernes y pensaba: ¿verá a otra?, pero por qué vería a otra si me estaba proponiendo vernos en ese instante.
¿Por qué me hablaría a mí si tiene otra?
Viernes
Me respondió al mediodía y listo. La historia terminaba. De nuevo extraños.
Sábado
El día sábado había llegado, habían transcurrido las dos, las tres, las cuatro y él no se ponía en contacto. Normal. No es necesario hablar mucho para organizar algo, ¿no? si ya nos conocemos, ya sabemos cómo nos manejamos (cómo a él le gusta, aunque guarda, descubrí que a mí también me gusta manejarme así).
A veces pienso que mis crisis existenciales alrededor de él devienen lisa y llanamente porque me falta ese factor atencional que él omite darme, esa magnificación de mi ser, esa adoración de mi persona, ese papel de diosa en el que me gusta meterme, esa necesidad que radica en mí de que él me confirme que le gusto, más allá de que no quiera tener una relación seria conmigo.
Sé que le gusto, sino no me vería o me quisiera ver, pero no sé por qué, necesito que esas palabras salgan de su boca, porque incluso a veces lo dudo, porque él nunca me lo dijo ni me lo hizo sentir. Necesito esa validación de su parte como para que todo esto tenga sentido, como para que valga la pena.
Llegaban las seis, las siete, las ocho y él no me hablaba. Había subido una historia. No se la vi. Subí una mía. La vio. No le dio me gusta. No me la respondió.
Me desesperé, así que le hablé yo.
Dos horas después me respondió.
"Si, vamos a vernos".
Estaba saliendo del bar, subiéndome al taxi para ir a mi casa, dejar mis pertenencias e ir a la suya.
Balde de agua fría. 23:52.
Estaba cansado, que si lo dejabamos para otro día.
No podía respirar.
No podía pensar.
Ni para adelante ni para atrás.
Todas las voces que oía en mi mente, que eran las de mis amigas, que me estaban hablando, estaban sordas. Eco. Silencio. Bronca.
Otra vez me lo había hecho.
Otra vez había confiado en él, aunque no debía hacerlo, y otra vez me había decepcionado.
No es tan grave, pensándolo en retrospectiva, pero sí es grave conociendo nuestra historia.
Había aceptado volver a verlo aunque él no se merecía ni un segundo de mi tiempo. Le había dicho que si, aunque debía haberle dicho que no. Le dije que sí, y él, otra vez, me dijo que no.
Le clavé el visto. Tenía que procesar lo que estaba sucediendo.
Minutos después le respondí: ¿tengo otra opción? y se excusó diciendo que todavía no se había bañado, a lo que correspondí con un "ni cinco minutos te lleva eso". ¿Por qué debería comprenderlo yo a él cuando me había hecho perder el tiempo y me había cancelado?
No me respondió. Me clavó el visto al mediodía siguiente.
Domingo
Redacté un mensaje de quinientas palabras para enviarle. Me arrepentí.
Lunes
Nada.
Martes
Nada.
Miércoles
Nada.
Ya lo conozco. Le gusta tirar de la soga. Desaparece ahora, dos semanas. El viernes que viene, el veinticinco vuelve. Me dice de hacer algo. O quizás no. Desparece para siempre. O espera que yo le diga algo. Que no va a suceder.
Ayer a la noche, miércoles, subió una historia. No se la vi. No se la voy a ver.
Me encantaría hablar con él y decirle "no te entiendo, ¿qué queres? ¿qué queres de mí? ¿para qué me decís de vernos y me calculas a último momento? ¿te parece bien jugar con mi tiempo? ¿te gustaría que yo haga lo mismo? ¿por qué quisiste dejar de verme, me eliminaste, me bloqueaste y ahora volves? necesito que me expliques porque necesito entenderte", pero eso no va a suceder.
Probablemente no nos volvamos a ver nunca más.
Probablemente esto muera, definitivamente, acá.
Supuestamente hubo un eclipse, o no sé que clase de energía astral hay en el ambiente, que se caracterizaba por el cierre de ciclos. Quizás este es el ciclo. Quizás así es el cierre. Quizás. Tal vez. No sé. Estoy cansada de correr siempre en círculos.
Pero, está vez, la culpa es mía.
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