Mi mayor deseo es que algún día una entrada mía empiece con un gran momento o con palabras sumamente alentadoras para los y las lectores/as de este blog escondido en lo más profundo de la internet, pero desgraciadamente esta entrada no será una de ellas, ese día llegará y lo sé, pero no es hoy.
Desde la última entrada pasaron fácil dos meses. Me gustaría decir que mi vida sigue igual que siempre, pero lamentablemente está peor. El devacle es inminente.
Allá, a mitad de febrero, cometí un error, que en realidad en mi vida no son errores sino más bien horrores. Me pareció una fantástica idea mandarle un mensaje, ¿en contexto de qué? en contexto de que un día estaba caminando por un parque de mi ciudad, que al día de la fecha prácticamente no existe más, y me pareció verlo, verlo a él, caminando, con una mujer a su lado, caminando de la mano de esa mujer. Algo dentro mío me hizo sentir que era él, pero no sabía cómo comprobarlo. ¿Pasaba por su casa y si la luz del comedor estaba apagada significa que él era a quien yo había visto en el parque? ¿Le miraba la historia de instagram y lo corroboraba? ¿Cómo podía hacerlo? Necesitaba saberlo, si cuando me pareció verlo se me bajó la presión. Un frío me recorrió todo el cuerpo. Tuve la necesidad de mirar a ese hombre y ese hombre me miró a mí, entonces, ¿era él o no? Todo vestido de negro, con su metro ochenta y seis, con su piel trigeña, sus ojos de ciervo, su presencia de diablo, su porte de enjendro del demonio.
Durante todo el tiempo que duró esa caminata con amigas en lo único en que podía concentrarme era en él. Había pasado un año ya, justo -en realidad en ese momento se estaba por cumplir el año, ahora ya se cumplió, es más, nos pasamos del año ya- y yo seguía pensando en él. Estaba encarnado en mí. Era parte de mí, de mi historia, de mi vida, de mi realidad, de mi ser, de mi alma, de mi mente, de todo. Él prácticamente era una extensión mía, como la luna y la tierra.
Una semana después de este evento decidí comenter mi HORROR. Le mandé un mensaje. Sin seguirlo, sin nada, se lo mandé como si nada, preguntándole si era una posibilidad que lo haya visto en la calle. Después de dos horas me clavó el visto y nunca respondió, así que lo bloqueé. Un mes después lo bloqueé y quizás se inundó, porque mi ciudad sufrió una inundación y él probablemente este acá, entonces pienso, ¿habrá pensando en mí? ¿quizás en algún minuto de estos días penso en mí y si me habré inundado?
Lo peor de todo es que al hablarle hablado ya perdí todo tipo de reconexión, ahora sí o sí tengo que esperar que él vuelva a mí, y él sabe que puede volver, porque se lo deje bien en claro con ese mensaje que le mandé, el tema es que hasta ahora no lo hizo, así que pienso, ¿volverá?
Ese es el primer tópico, el segundo es el otro hombre que estaba conociendo, que ya no es más un interés romántico, igual nunca lo fue, pero ahora no es más un interés sino más bien un enemigo.
Otro más que me cancela, otro más que me silencia, otro más que sube fotos con otra mujer, más bien repostea, entonces yo pienso, ¿por qué siempre me dejan de opción? ¿por qué soy buena? ¿por qué soy comprensiva? ¿por qué pueden ir con otras y dejarme ahí colgada, para volver a mí por si se aburren y me necesitan? ¿qué soy? ¿un chiste? ¿cuál es el momento en que me transformo en un chiste? ¿una bromita para contarle a sus amiguitos? ¿una boludita para divertirnos un ratito y después tirar a la basura y volver a buscar porque ese juguete todavía tenía pilas y capaz me sirven para usar esas pilas en otra cosa?
Basta.