martes 22 de abril de 2025

Lo peor que le podría suceder a una chica como yo es haber nacido con un corazón de pollo. Y te estarás preguntando, ¿qué signfica para vos tener un corazón de pollo? Bueno precisamente significaría tener un corazón muy sensible, porque sí, por más que emane esas vibras de perra malvada que no quiere más nada que progresar laboralmente y que hace poco se metió en un proyecto de crecimiento personal, por más que me canse de clavarle el visto a aquellos hombres que no me interesan en lo más mínimo, a veces me encuentro un martes por la madrugada viendo las historias destacadas de aquel hombre con el que me vi la última vez y comienzo a debatirme si realmente me gusta o no.
Para mí, en el momento en que una comienza esa lucha entre ambas partes de una misma, -en donde su lado racional le dice que simplemente está aburrida, pero su lado más sensible le dice que si le está gustando ese hombre porque sino no estaría mirando una foto de él con pelo corto y pensando que le parece lindo, aunque lo hubiese apodado con un nombre despectivo, lisa y llanamente para autoconvencerse de que no es su tipo ideal, más allá de que realmente lo sea, porque comparte características con sus exs parejas- en las que duda, ya está condenada a la mediocridad de caer en la trampa de gustar de un masculino. 
¿Y esto que tiene que ver con el corazón de pollo? Y bueno precisamente, saber que este sujeto es igual que ella, que no quiere ningún tipo de compromiso que no sea con su computadora con jueguitos (esta última parte no me identifica) y que habita en su corazón aquella mujer que hace un mes decidió borrarlo de su vida como si fuese una mancha de vino que molesta en una camisa puramente blanca. ¿Y qué hago yo? aferrarme a esa falta de disponibilidad emocional porque es mi refugio más grande en la soledad, querer entregarme a un hombre que no me puede dar nada porque no me quiere dar nada, y quedarme ahí, en las sombras de las migajas, simplemente porque no puedo afrontar mi miedo al compromiso, mi falta de desinterés prolongado por las cosas y mi necesidad de recibir atención masculina el ochenta y siete porciento de los días. 
Entonces, esa será por siempre la disyuntiva de mi vida: querer ser deseada, amada, respetada, venerada, colmada, necesitada, adorada, esperada, pero nunca querer perder la libertad que me caracteriza, aceptando cualquier tipo de vínculo confuso que me permita evadir la realidad y vivir un pequeño y siniestro cuento de hadas en el cual siempre termino siendo la bruja malvada. 
Mi corazón de pollo no encaja con mi tortuosa personalidad, con mi afán de ser la única reina en el planeta tierra de cualquier hombre que me genere curiosidad y mi ocurrente necesidad de abrirme como un libro y revelar mi más oscuro secreto. 
Quizás algún día deje de ser tan transparente y los hombres -como el caballero de poca montura por el cual "suspiro" estos días- dejen de descifrarme tan fácilmente como si fuera el acertijo más sencillo del mundo mundial. 

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