lunes 27 de mayo de 2024
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domingo 19 de mayo de 2024
jueves 16 de mayo de 2024
miércoles 15 de mayo de 2024
deja de ser contacto cero cuando él te dice
que no te quiere ver más
Hoy no hay mucha reflexión, lo único que diré es que el universo es maldito y siempre viene a refregarme en la cara las cosas que hice mal, como por ejemplo cuando me pone ante situaciones que me hacen recordar momentos en los cuales perdí la dignidad o me pone en el camino hombres que mandan el primer mensaje, hombres que me preguntan cómo estoy, hombres que me sacan temas de conversación y hombres que proponen miles de planes para verme. Con esto, ese conjunto de entidades detectables interrelacionado con el espacio-tiempo, hace que cada vez que atino por un milisegundo a pensar en el hombre que un domingo a las cuatro de la tarde asesino cruelmente con sus hirientes palabras a mi estúpido corazón (y mi gran ego) me sienta humillada, porque él nunca hizo ni lo mínimo y yo caí, como si hubiese tropezado con una enorme piedra y mi único destino hubiese sido rodar por el camino de la estupidez mental.
Era claro el mensaje del universo "lloras y ni atinaste a poner las manos, para no lastimarte la cara, porque caíste de lleno, ilusa".
Además, sabemos que como siempre, este hace lo que quiere, pues un día miré al cielo y dije "si no es para mí, sacalo de mi vida" y lo hizo, en menos de una semana ese hombre me había dejado, pero cuando le pedí que por favor me hable, porque lo quería ver una vez más, se negó rotundamente.
Entonces, el universo, ¿es mi amigo o es mi enemigo?
martes 14 de mayo de 2024
Y ahí estaba, esa sensación de haber alcanzado una meta: había borrado su número y no le había visto las redes por tres días seguidos. Tampoco pensaba en él como lo hacia antes. No lo podía creer. ¿Acaso estaba sanando? Pero, ¿por qué no tenía ganas de interaccionar con otros hombres? ¿Era por qué todavía estaba fresca la herida o por qué realmente no estaba interesada en volver a pasar otra vez por lo mismo? Si no sabía que iba a pasar... Consecuentemente había dejado de ver esos vídeos de tarot que dicen "¿él te extraña?" "¿se arrepiente?" "¿romperá el contacto cero?" porque yo ya no necesitaba nada de eso, ya tenía una respuesta: no me extrañaba, no se arrepentía, no iba a romper el contacto cero. Además también tenía su insulso perdón, pero con eso me alcanzaba, porque sincero o no él estaba reconociendo que se había equivocado. ¿Así de fácil estaba cerrando la historia? Es que algo adentro mío me decía que iba a volver, un par de meses o un par de años después, pero él era el tipo de los que volvía. No negaré que por un par de semanas más me va atormentar el motivo por el cual tuvo ese cambio de actitud, aunque de todas formas realmente no importaba, es que no sumaba nada.
Me sentí poderosa, más bien empoderada. Sin querer queriendo lo estaba olvidando. Si bien me arrepentía de haberle hablado en el fondo realmente no lo hacía, ya que eso fue lo que me dio la paz que necesitaba. Quizás las palabras que utilicé y la ausencia de frialdad en mi contrarespuesta era el fantasma que me asustaba en mis momentos de soledad, pero esa soy yo, la que respondió fue mi verdadera yo, no esa que me inventaba cada vez que le hablaba o lo veía. Cada vez que andaba cerca de él caminaba en mis zapatitos de cristal. Entonces no debería arrepentirme, porque fui genuina, con él, por primera vez después de noventa días, pero bueno, era en una despedida. Irónico.
Mañana iba a ser un nuevo día, en tres días llegaba el fin de semana, en dos semanas se terminaba el mes y él no iba a ser parte de mi rutina. Sabía que en un año llegaría ese bendito domingo 28 de abril y me iba a reír de lo tonta que fui. También llegaría ese sábado 11 de mayo y recordaría, o no, el momento en que me quede esperando en la puerta viendo si todavía entraba un poco de luz o si la noche había caído para siempre, naciendo un sempiterno oscuro y duro invierno. Esa puerta se había cerrado y yo ya no pensaba en volver abrirla, pero lo más curioso en mí era que nunca les ponía candado, porque gastarse plata en comprar uno es darle demasiado valor a lo hay detrás de ese simple pedazo de madera. Él simplemente no lo valía.
lunes 13 de mayo de 2024
domingo 12 de mayo de 2024
"fueron más los días que tarde en superarlo
que los que estuvimos juntos"
Realmente, un día después, debo admitir que fue una secuencia muy graciosa. Pude darme cuenta de lo mal, en todos los sentidos, que estoy.
Le mandé aquel bendito mensaje con el que me torture una semana entera para que él me diga cualquier cosa menos lo que quería leer.
Me rechazó, pero me pidió perdón por haberme tratado mal y cerró con un "mereces un trato mejor". Cerrando el mensaje con un punto. Realmente me contuve en responderle de la forma que hubiese hecho mi antigua versión. Es más, redacte esa respuesta y vive en las notas de mi celular, pero no me atreví a mandarla, ¿acaso no era darle mucha importancia? Igual debería haberlo hecho, pero creo que me da más paz la postura que tomé. Aunque probablemente me arrepienta. Como siempre.
Debo confesar que el momento en el cual me sentí la mujer más patética de la ciudad fue cuando entré a mi casa y leí su respuesta apoyada en la puerta, creyendo que tendría que volver a salir porque me diría de vernos. Algo que, evidentemente, que no sucedió.
Mientras me desvestía pensaba en qué le iba a responder. Obviamente me arrepentí de lo que le dije. Él no respondió más. ¿Dormí mal por esperar una respuesta? Si. ¿Acaso yo sabía que él no iba a contestar mi último mensaje? Si. Entonces, ¿por qué pase la noche en vela? Capaz porque todavía existía adentro mío esa pequeña ilusión de que él aún encajaba en mi idealización de su persona, pero la pobre murió en menos de dos segundos.
No me explicó por qué había tomado aquella drástica decisión de sacarme, progresivamente, de todas sus redes sociales (y de su vida), aunque tranquilamente es algo que puedo responder con suma seguridad: no le intereso. Igual probablemente en un promedio de tres meses decida revivir entre los muertos y fingir que nunca nada sucedió, o más bien, que ahora él, entre todos, es el que me va a tratar mejor.
Lloré. Obvio, ¿cuándo no había no llorado? Pero me permití llorar solo en esas horas, ya que al otro día, cuando me levantaría, él sería una historia cerrada, una anécdota para contar en una mesa redonda mientras tomamos unas cervezas con mis amigas. Él sería un recuerdo que me haría sentir un poco estúpida y un poco alegre, porque si alguien alguna vez me compartía sus experiencias amorosas a mí también me habían dejado en un tiempo récord de menos de tres meses. En realidad, el catorce de ese mes se cumplirían los tres meses. Menos de cinco encuentros, menos de cien mil palabras intercambiadas por redes sociales, más de cien mil palabras intercambiadas en persona, veinte narraciones suyas, más de cincuenta besos, menos de cincuenta risas, un corazón roto, otra no relación que cayó por la cornisa sin llegar a ser algo jamás en la vida.
Y de repente, me estaba riendo. ¿Qué era lo que yo quería de él? Amor no, porque yo sabía que él no estaba disponible emocionalmente, además, desde el primer día, le había encontrado más de diez defectos como por ejemplo su tatuaje en el pecho, que no me gustaba, o su cara, que no me resultaba linda. Pero, pese a todo eso, ¿por qué lo puse en un lugar al que nunca debería haberle permitido ni siquiera conocer? No lo sabía. Algo me había atraído y no le puedo sacar crédito, es que el hecho de que me haya roto el corazón significaba que era imposible que él no haya generado nada en mí, no me podía mentir, me gustaba. Y probablemente me siga gustando por un par de semanas más, estoy sanando.
Me puse a pensar que quizás estaba dejando mucho tiempo prendida su vela, cuando desde el principio nunca debí encedersela. Y recordé las palabras de mi amiga "una vez que te pase ya vas aprender, no hay que darles demasiada relevancia, no hay que involucrarse tanto". Quizás ese fue el problema, lo hice parte de mi día a día y terminó calandose en mis huesos como si fuese una plaga horrible. Era hora de exterminarlo, córtalo de raíz, pero para eso tenía que aceptarlo y llorarlo.
Y me di cuenta, que durante ese triste domingo no pensé en él, porque sentía que "algo" se había cerrado. Su mensaje, más allá de la deficiente redacción y la pobre redención, me había dejado tranquila. Por más que me haya pedido perdón, que no fue una disculpa propia, a voluntad, sino sacada, porque le hablé yo, me demostró el tipo de persona que era y se rompió la burbuja, se cayó a pedazos el personaje que le cree, en ese momento él murió en mi serie, solamente sería recordado como un par de capítulos en mi vida, como un extra que hizo una aparición que no llegó a ser tan relevante como para catalogarla de "especial".
Me arrepentí de hablarle, pero más me hubiese arrepentido si no lo hacía.
Y ahí estaba, de nuevo, tratando de arreglar el desastre que hice y volviendo a creer en los hombres, una vez más.
lunes 17 de noviembre de 2025
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