lunes 27 de mayo de 2024

"creo en el poder terapéutico de mandar a la mierda"

Es la frase de la semana de mi agenda. Así, como se lee. Mandar a la mierda.
Mandarte a la mierda.
Inspirada en esas diez palabras decidí bloquearte de instagram. Tu número lo borré, por lo que no puedo bloquearte de ahí también, es la única puerta que te queda libre, que a estas alturas calculo que habrás cerrado, porque seguro mi número ha sido eliminado.
No lo dude y te bloquee. No soy adepta a bloquear gente de las redes sociales, mi mejor forma de venganza es no darles el interés que creen tener al no dedicarte mi tiempo a entrar a tu perfil y decidir restringirte para siempre, pero la verdad que te tenía que poner en el lugar que tenes que estar: en la mierda.
Si algún día queres volver a hablarme vas a tener que pisotear tu orgullo hasta lo más bajo, porque me desbloquearás de instagram para desayunarte con la sorpresa de que yo también te bloquee. Una vez que se haya cerrado la primera puerta, en donde tu ego ya se sintió herido, vas a tener que rastrear mi número de teléfono, el que seguro no tenes y en caso de que lo tengas vas a tener que perder el orgullo nuevamente y enviarme un mensaje por ahí, sin saber si te he bloqueado o no, porque tu número lo he eliminado. 
Y en caso de que no tengas mi número me vas a tener que hablar por cualquier otra red social en la que no nos hayamos agregado jamás.
Si llegas a ese extremo, entonces tu orgullo va a estar cien por ciento destruido. 
Te bloquee para que en la perra vida vuelvas tan fácil.
Para que no te puedas poner en contacto conmigo de una forma convencional.
Para que te arrastres por el suelo como una víbora y me pidas piedad para que no te pise la cabeza con mi grandiosa personalidad. 
Adiós mi querido niño con traumas emocionales y heridas sin tratar, ha sido un placer ser torturada por usted.
Muy en el fondo se que algún día vas a volver y ahí estaré, para verte caer, pero esta es la última entrada que te dedicaré. 

domingo 26 de mayo de 2024

Soy un hombre y una estúpida. 
Como de costumbre estaba scrolleando en mis redes de contenido audiovisual favorito cuando me di cuenta que él jamás estuvo interesado en mí.
Entendí que me hacía un tiempo en su vida cuando él quería y podía, como lo supe hacer yo al principio antes de interesarme en él.
Por más que él era quién proponía los planes, a la larga la que terminaba proponiendo era yo. Siempre decidía él. Nunca yo.
A él jamás le importe y jamás le iba a importar, porque estaba tratando de encontrarla a ella en mí y jamás lo iba hacer. 
Además, yo era y ofrecía demasiado como para encajar en su concepto de relación. O lo que él quisiera.
Él no iba a volver. Me había cerrado dos puertas, pero había dejado una vía de comunicación abierta. ¿Acaso eso significaba algo? ¿Había estado esperando un mensaje mío desde el primer día solamente porque era muy orgulloso como para reconocer que me había tratado mal sin ningún motivo y porque se había dado cuenta que jamás iba a ser la chica simple que él desea? La chica que no manda muchos mensajes, la chica a la que no le importa que no le pregunten cómo estuvo su vida, la chica que acepte compartirlo sin decir nada, la chica que no le haga una crítica o remarque algo que le molestara.
¿Acaso iba a ser mucha mujer para todos los hombres que conociera porque tenía muy en claro lo que quería y esperaba de la vida? ¿Habrá sentido que no estaba en la altura en ningún tipo de estándar que un hombre puede estar?
Seguía repitiendo los mismos patrones, seguía haciendo las mismas preguntas y siempre llegaba a la misma conclusión: a él no le interesas, ya que de hacerlo te hubiese hablado y no tiene sentido seguir pensándolo, no podes dedicarle más de tu tiempo a alguien que te dejo bien en claro que no quiere formar parte de tu vida ni que vos formes parte de la suya.
Mientras razonaba todo ello, volvía al foco principal de la cuestión: me estoy convirtiendo en un hombre. En realidad, siempre lo fui. Siempre les mentí, siempre los engañé, pero a los que a mí no me interesaban. 
Me encuentro cara a cara con una situación que no puedo dejar pasar: estoy en la mira de un hombre que me ha dicho en más de una oportunidad que tiene ganas de conocerme y he accedido, pero nunca he aceptado alguna de las propuestas que me ha hecho, es que siempre tengo una excusa, porque si no es una cena con mis amigas es un cumpleaños y si no es un evento social es un dolor en mi cuerpo. Me convertí en él. Y lo pensé, concluí, que él me hacía lo mismo. Nunca podía, cuando en realidad no quería. Si a él realmente le hubiese interesado yo debería figurar primera en su lista de cosas de hacer en el día, pero yo ni existía.
Cuando redacté aquella excusa para aquel hombre lo entendí: ese hombre no me interesa, ¿y qué hago? Uso las mismas excusas que ese hombre que no le intereso.
Y lo peor de todo es que quiero que vuelva, deseo que vuelva, más allá de que se que fui yo la que ganó la guerra, porque yo no perdí nada y él perdió todo, porque perdió una mujer que se interesaba en él, una mujer que le iba a dar lo que tanto añoraba que le den.
Pero no era para él, no era yo, según su criterio, la indicada.
Quiero que vuelva, para poder ignorarlo, pero algo adentro mío me dice que no lo hará. 
De la nada, recordé sus palabras y estas me hirieron como un puñal "no me nace con vos" y me sentí triste y patética. 
Me sentía estúpida por seguir en el mismo círculo.
Me sentía estúpida, pero no me creo estúpida, sino que soy estúpida por seguir atada a una cadena que está rota, porque él se encargo de romperla.
Me sentía estúpida por seguir pensando en un hombre que me trato de la peor forma en la que se puede tratar a alguien.
Me sentía estúpida por haberle hablado y que me haya ignorado, de nuevo.
Me sentía estúpida por haberlo mirado con ojos de amor.
Me sentía estúpida por no haberlo dejado yo antes, cuando había pensado en eso. 
Me sentía estúpida por querer que vuelva, por esperar su mensaje.
Me sentía estúpida por no querer ver a ningún hombre por su culpa, cuando él seguro ya había conocido a otra.
Me sentía estúpida por torturarme con cosas como estas. 
Me sentía estúpida por no haber interpretado las señales de que él no estaba interesado en mí.
Me sentía estúpida por haberme creído el cuento que me había inventado en la cabeza.
Me sentía estúpida por justificarlo.
Me sentía estúpida por no poder sacármelo de la cabeza.
Y por último, me sentía estúpida, porque a pesar de todo sabía, muy en el fondo sabía, que si él me llegase a hablar y me diría de vernos yo aceptaría.
Soy un hombre, por lo mentirosa, y soy una estúpida, por seguir esperando un mensaje de él.
Hoy, domingo veintiséis, se cumple exactamente un mes de aquel famoso domingo a las cuatro de la tarde y curiosamente, treinta días después, aún sigo pensando en él.
¿Cuántos días más le regalaré? 

viernes 24 de mayo de 2024

Podía mentirle a mis amigas, pero a mí misma no.
¿Qué estaba pretendiendo lograr cuando negaba a muerte que estaba por desmayarme de las ganas que tenía de que me mande un mensaje? Aunque sea un -hola-, un emoji, cualquier cosa,  cualquier interacción bastaba, pero era viernes por la noche y en la más oscura de mis pesadillas yo todavía seguía bloqueada. 
Sabía que él no lo iba hacer y yo tampoco iba a caer en la trampa que había tendido mi inconsciente, porque la dignidad la pierdo una sola vez, no dos veces (o sí, pero no quería perderla).
Quería que me hable. 
Quiero que me hable. 
Tiene que hablarme.
Lo estoy manifestando en este preciso momento. 
Se lo pedía a la luna, al cielo, al universo.
A las estrellas, al agua, al fuego.
Se muy bien que no necesito su mensaje, es más, lo peor que me podría llegar a pasar es que él se ponga en contacto y me hable. 
El tema es que nada de eso está sucediendo. Mis poderes no están lo suficientemente convencidos, ya que saben, muy en el fondo, que él no me tiene que hablar, por eso mi fuerza de voluntad y mi magnetismo y ley de atracción no están explotándose al cien por ciento, pues estoy convencidisima de que él ya no está interesado en mí,  y es así, es que me lo dijo. De todas las palabras que me obsequió en las únicas que debo creer son en aquellas en las que me dice la única e irrefutable verdad: no quiere seguir viéndome. 
El tema es el siguiente: quiero que me hable. Es viernes, hace frío, estoy acostada y en lo único que pienso es en que quiero que me hable.
Que sea por mero capricho suyo, que sea intencional, que sea porque quiso y porque me quiere ver.
Que me hable.
O no. No sé, que me hable.
Voy a ser sincera y no me importa cuáles serán las consecuencias de que me hable, pero jamás podré saber si esta vez aprendí lección mi viejo amigo universo si él no me habla ...

jueves 23 de mayo de 2024

Y de repente me quede sola con mis más profundos y retorcidos pensamientos y se vino a mi mente la idea de que si tuviese una máquina del tiempo y pudiese viajar al pasado, exactamente al preciso instante en el que creí que era buena idea responder uno de tus tantos mensajes, ¿qué es lo que haría?
¿Impediría que mi dedos se deslicen con indiferencia sobre el teclado de mi celular y redactaran ese sorpresivo "si, cuando quieras" ante tu "¿cuándo tomamos algo?" o no interferiría en nada y me obligaría a caminar arrodillada por ese pequeño infierno llamado vos cuyas llamas arden con un desolador calor?
¿Te conocería de todas formas a pesar de saber que ibas a aniquilar cruelmente mi iluso, estúpido y amable corazón o dejaría que la historia se escriba y cambiaría el desenlace no involucrándome tanto en esta calle sin salida? 
Pero siendo realista,
si hubiese actuado diferente,
¿algo cambiaría? 
No. 
Si lo analizo fríamente no te respondería. 
No aceptaría.
No te conocería. 
La lección la tenía que aprender igual, pero con vos no quería.
No vos. Preferiría mil veces que no hubieses sido vos. 
Iría corriendo hacia el día en que te presté atención y haría hasta lo imposible para que ese mensaje no se hubiese enviado. 
No me merecías.
Nuestros caminos nunca debieron cruzarse.
Nuestras almas nunca tuvieron que encontrarse. 
Nuestras manos nunca necesitaron enredarse.
Nuestros besos nunca intercambiarse.
No te escucharía.
No te creería.
No te elegiría.
No terminaría así, andando destruida por la vida. 
Entonces a la respuesta de qué es lo que haría es no, no te lo permitiría. Te dejaría ahí, enterrado entre las cientas de propuestas que me hacían. Y si, se que no me arrepentiría.
Creo que todo sería mejor si jamás te hubiera conocido. 

domingo 19 de mayo de 2024

A veces una no tiene ganas de ponerse a escribir, simplemente tiene ganas de quedarse todo el día tirada en la cama mientras deja de pretender por un par de horas que ya no le duele, que no le dolió y que no sigue pensando en él. 
No podía entender por qué todavía seguía atada a un hombre al que solamente había visto tres meses. Ni siquiera lo conocía. Ya había pasado los veintes hace rato, los treinta estaban casi a la vuelta de la esquina, tantos años relacionándome amorosa y desamorosamente con hombres, tantas experiencias que había vivido, tantos encuentros, tantos olvidos, pero no podía pasar por alto noventa días de porquería en los cuales él jamás me había dicho nada lindo ni siquiera una vez. 
Estaba pensando en un hombre que en este preciso instante no estaba pensando en mí, en un hombre que probablemente había tenido una cita con otra mujer la noche anterior y en un hombre que no me había prometido nada más que sus brazos por las noches, pero solamente para que me sostengan en la oscuridad. 
Un hombre al que le había hecho una crítica que, según mi opinión, para él, evidentemente, había traspasado los límites de mi permitido verbal. Desdibuje las líneas que nos mantenían a raya. Malinterprete una relación que era la mismísima nada (algo que sabía). 
¿Acaso la enfermedad mental de él era un ego herido? 
¿Quiźas pensaba en él por qué no me había bastado con la disculpa, sino que todavía estaba esperando una respuesta a su actitud? 
¿Eso para mí era un acertijo sin resolver?  
¿Un adiós sin motivo? 
¿Un despido sin causa? 
¿Cuál era la causa? 
¿Había otra?
¿Cómo podría existir otra?
¿Qué se escondía detrás de ese abrupto final que decidió darme un domingo a las cuatro de la tarde? 
No había una razón lógica, ni siquiera una excusa. Más allá de la única opción realista que se llama "no le interesabas" (brindada exclusivamente por él), mi mente a veces divaga y piensa: ¿era por qué nos habíamos involucrado demasiado? 
¿Fue que él me permitió conocer mucho más de lo que debía saber? 
¿Se había abierto a mí más de lo esperado? 
Y reí mientras en mi mente sonaba "él corre porque me ama". No, no me ama. No me quiere. No me extraña. No se arrepiente. No piensa en hablarme. No piensa en buscarme. No existo más. 
Una vez que mi mente se aclaraba, empezaba la otra duda existencial. Obviamente tenía claro que a mí no me faltaba nada, no era yo el problema, sino él. Quizás se dio cuenta que yo no era lo que él necesitaba o tal vez yo era demasiado. 
Demasiada mujer, demasiado divertida.
Demasiado amable, demasiado atenta.
Demasiado extrovertida, demasiado madura.
Él no estaba dispuesto a igualarme, jamás lo podría hacer, ni de acá a cien años. Eramos distintos. Pensábamos distinto. Solo compartíamos el deseo en común. Y quizás un par de ideas y gustos perdidos, pero nada más.
Siempre me iba a quedar esa duda, ese pequeño veneno que día a día me iba matando un poco más. ¿Qué era lo que le había pasado?
¿Por qué de un día para el otro resulto que yo ya no le interesaba?
¿Realmente algún día lo sabré? 
¿Importa? La verdad que no. 
Entonces, si no importa, ¿por qué no dejo de pensar en él? 
¿Será porque me rechazó? 
A veces una no tiene ganas de ponerse a escribir, tiene ganas de quedarse sentada en el escritorio mientras trata de resolver todas y cada una de las preguntas que deja un vínculo que se rompió y pensar en él. 

jueves 16 de mayo de 2024

Si. Soy débil. Le revisé las redes.
Tuve la oportunidad de no hacerlo, pero lo hice de todas formas.
No logré nada con eso. No me cerciore de nada. No sirve de nada. No aclaré nada. Prácticamente lo hice, porque si bien en el momento previo a abrir esa maldita ventana de incógnito y escribir su usuario, pues me lo se de memoria, pensé si era una buena idea o no y opte por ver de todas formas.
No me produjo nada. No me intereso en nada. Es que solamente pensaba en él porque no tenía en nadie más en quien pensar.
Si, podría pensar tranquilamente en mi amor prohibido del año pasado, que al fin de cuentas empezó prohibido, se volvió permitido y otra vez se torno prohibido, pero no me interesa.
Podría estar enfocándome en encontrar un nuevo hombre con el cual pasar las noches frías del oscuro invierno que se avecina, pero no me interesa. 
Sigo acá, rechazando encuentros con otros, porque estoy sanando. 
¿Acaso estoy abusando de la palabra sanar? ¿Acaso meto toda la mugre abajo del término alfombra "sanar" y utilizo ese concepto para justificar mis actitudes que carecen de razonamiento alguno? No estoy siendo muy diferente a él, con los demás.
Algo todavía me dice que sigo atada a él. ¿Seguiré esperando un mensaje? Tal vez. Pero, ¿por qué? Si él ya me dijo que no me quiere ver más. No sé. Quizás todavía sigo aferrada a ese pequeñísimo porcentaje de fe que se resiste a morir junto con nuestra no historia y prefiere no enterrarlo todavía a él. Algo en mí ve que hay pulso. O quizás es como cuando a alguien le cortan la cabeza y por una fracción de segundos esta aún está viva.
De todos modos debo reconocer que ya no me vuelve loca el hecho de pensar que quizás esta noche se ve con otra o que el fin de semana se va a dedicar a tener citas con extrañas que conozca en internet que las invitará a su casa, que las tratará como me trató a mi aquel día de verano y que disociará mientras ellas hablan y se los confesará tiempo después; que con el correr de los días les narrará las historias que tiene con sus amigos, lo que hizo los días que se fue a su casa o que les confiese cuando fue la última vez que lloro; que las invite a ver una película, que le prepare la merienda o que se ría de sus chistes, que les diga que ellas son justo lo que él está necesitando o que en ellas trate de encontrar el tipo de mujer que idealiza o lo mismo que alguna vez sintió por ella. 
Entonces, si logran comprender, una no puede mantenerse cuerda ni pretender que de un momento para el otro se pueda fingir no haber escuchado nada, porque aunque las señales eran contradictorias, una se aferraba.
Y acá estoy de nuevo, revolviendo en el baúl de los recuerdos viejos sentimientos.
¿Acaso él pensará en mí? ¿Aunque sea un segundo? ¿Se acuerda de mí? ¿Para él encontrarme en el camino significó algo? Cuándo este con otra y algo que ella diga o haga sea lo mismo que dije o hice yo ¿Le recordará a mí? Cuándo caiga la noche y decida ver su lista de Netflix, ¿todavía estarán agregadas las obras cinematográficas que elegí? Cuando YouTube le sugiera un video porque en su historial yo me metí, ¿pensará en mí? ¿Se arrepiente de no haberme elegido a mí? ¿De haberme dejado ir? 
Lloré. Después de cuatro días sin hacerlo lloré. Y me dormí. Y me mentí, es que me dije a mí misma que jamás iba a volver ahí, cuando en ese preciso momento lo único que estaba anhelando era un mensaje. Que mi corazón se paralice, mi cuerpo se ponga frío y mis manos duras después de leer un "hola". O cualquier cosa, pero de él. 

miércoles 15 de mayo de 2024

deja de ser contacto cero cuando él te dice

que no te quiere ver más


Hoy no hay mucha reflexión, lo único que diré es que el universo es maldito y siempre viene a refregarme en la cara las cosas que hice mal, como por ejemplo cuando me pone ante situaciones que me hacen recordar momentos en los cuales perdí la dignidad o me pone en el camino hombres que mandan el primer mensaje, hombres que me preguntan cómo estoy, hombres que me sacan temas de conversación y hombres que proponen miles de planes para verme. Con esto, ese conjunto de entidades detectables interrelacionado con el espacio-tiempo, hace que cada vez que atino por un milisegundo a pensar en el hombre que un domingo a las cuatro de la tarde asesino cruelmente con sus hirientes palabras a mi estúpido corazón (y mi gran ego) me sienta humillada, porque él nunca hizo ni lo mínimo y yo caí, como si hubiese tropezado con una enorme piedra y mi único destino hubiese sido rodar por el camino de la estupidez mental. 

Era claro el mensaje del universo "lloras y ni atinaste a poner las manos, para no lastimarte la cara, porque caíste de lleno, ilusa". 

Además, sabemos que como siempre, este hace lo que quiere, pues un día miré al cielo y dije "si no es para mí, sacalo de mi vida" y lo hizo, en menos de una semana ese hombre me había dejado, pero cuando le pedí que por favor me hable, porque lo quería ver una vez más, se negó rotundamente.

Entonces, el universo, ¿es mi amigo o es mi enemigo?

martes 14 de mayo de 2024

Y ahí estaba, esa sensación de haber alcanzado una meta: había borrado su número y no le había visto las redes por tres días seguidos. Tampoco pensaba en él como lo hacia antes. No lo podía creer. ¿Acaso estaba sanando? Pero, ¿por qué no tenía ganas de interaccionar con otros hombres? ¿Era por qué todavía estaba fresca la herida o por qué realmente no estaba interesada en volver a pasar otra vez por lo mismo? Si no sabía que iba a pasar... Consecuentemente había dejado de ver esos vídeos de tarot que dicen "¿él te extraña?" "¿se arrepiente?" "¿romperá el contacto cero?" porque yo ya no necesitaba nada de eso, ya tenía una respuesta: no me extrañaba, no se arrepentía, no iba a romper el contacto cero. Además también tenía su insulso perdón, pero con eso me alcanzaba, porque sincero o no él estaba reconociendo que se había equivocado. ¿Así de fácil estaba cerrando la historia? Es que algo adentro mío me decía que iba a volver, un par de meses o un par de años después, pero él era el tipo de los que volvía. No negaré que por un par de semanas más me va atormentar el motivo por el cual tuvo ese cambio de actitud, aunque de todas formas realmente no importaba, es que no sumaba nada. 

Me sentí poderosa, más bien empoderada. Sin querer queriendo lo estaba olvidando. Si bien me arrepentía de haberle hablado en el fondo realmente no lo hacía, ya que eso fue lo que me dio la paz que necesitaba. Quizás las palabras que utilicé y la ausencia de frialdad en mi contrarespuesta era el fantasma que me asustaba en mis momentos de soledad, pero esa soy yo, la que respondió fue mi verdadera yo, no esa que me inventaba cada vez que le hablaba o lo veía. Cada vez que andaba cerca de él caminaba en mis zapatitos de cristal. Entonces no debería arrepentirme, porque fui genuina, con él, por primera vez después de noventa días, pero bueno, era en una despedida. Irónico.

Mañana iba a ser un nuevo día, en tres días llegaba el fin de semana, en dos semanas se terminaba el mes y él no iba a ser parte de mi rutina. Sabía que en un año llegaría ese bendito domingo 28 de abril y me iba a reír de lo tonta que fui. También llegaría ese sábado 11 de mayo y recordaría, o no, el momento en que me quede esperando en la puerta viendo si todavía entraba un poco de luz o si la noche había caído para siempre, naciendo un sempiterno oscuro y duro invierno. Esa puerta se había cerrado y yo ya no pensaba en volver abrirla, pero lo más curioso en mí era que nunca les ponía candado, porque gastarse plata en comprar uno es darle demasiado valor a lo hay detrás de ese simple pedazo de madera. Él simplemente no lo valía. 

lunes 13 de mayo de 2024

Otra vez me encontraba escribiendo mis sentimientos. Obviamente, como todos los santos días, cuando estaba completamente a solas me ponía a reflexionar. El tópico de hoy era un Tik Tok que vi. El trend era subir captura de pantalla de las conversaciones que habías tenido con él antes de conocerlo, es decir mientras "te seducía" o cuando "estaba todo bien" y después cómo era la relación en la actualidad: él dando excusas de afrontar cualquier tipo de vínculo que vaya más allá de una amistad, un chongueo o incluso que no exista ningún tipo de vínculo, volver al primer día, cuando eran completos desconocidos. El video iba acompañado de una canción que decía "una vez que me arregle, él va a  extrañarme".

Más allá de comprender la lírica de la canción, que hace alusión a que a él le gusta romper sus juguetes favoritos y ella es uno de ellos, y una vez que ella se arregle, porque él la rompió, la extrañará, mi postura es que no puedo estar más en desacuerdo con eso. Yo ya lo sabía, lo había aprendido un par de años y corazones rotos atrás, el problema nunca es una, el problema son ellos. Aunque si tenemos un porcentaje de culpa, porque confiabamos ciegamente en ellos y nos olvidamos de lo más importante: son hombres

Él era un hombre y era uno de tipo especial, uno que si bien al principio podes visualizar alguna que otra bandera roja, no las conoces todas hasta que detona la bomba. Nunca había tenido novia. Raro, ¿no? ¿Cómo puede ser que alguien de su edad jamás en la vida haya tenido una relación seria? ¿Acaso eso era un indicio de que no puede comprometerse? Le había dicho hacia menos de tres meses a la mujer que había amado por unos años que no la quería ver más, porque a pesar de haber sostenido un vínculo que él no quería, pues nunca se lo había manifestado, ella no quería nada serio con él, y lógico, él se había cansado. 

No puedo negar que algunas señales eran claras y opte por no verlas, por lo que no puedo atribuirle completamente la culpa a él de yo haber confiado, cuando ya debería haber aprendido la lección en más de una oportunidad. Tampoco lo estoy convirtiendo en un angelito, sino que reitero que es malo, malo para mentir, malo para querer, malo para elegir, malo para sentir, malo para madurar y malo para responsabilizarse, pero más mala soy yo para liberarme.  Mala para no creerle, mala para prenderle una vela como si hubiese sido un santo. Sin querer queriendo me puse a pensar en su mensaje, era la primera vez que decía mi nombre y lo hacia para rechazarme de nuevo, pero de una forma más personal, ¿no? Acaso cuando te hablan y te llaman por tu nombre, ¿no es una forma de demostrar atención? Una atención que justabamente no era la que buscaba de él. Es que no sé ni lo que quería de él o lo que esperaba, pretendía convertir a un hombre sin sentimientos en el príncipe de mis sueños. Ni siquiera eso, porque jamás me había dicho que era linda o que le gustaba, simplemente lo asumí porque me llamó más de una vez para que visite su cama y porque, para ser sincera, teníamos muchas cosas en común. 

Una vez habló de sus dientes y yo de su sonrisa. Le confesé que fue una de las razones por las cuales accedí a verlo y le pregunté una razón por la cual él accedió a verme y no respondió. Nos quedamos en silencio y cambié de tema. No lo deje expresarse, pero él tampoco insistió en hacerlo. ¿Entonces que mierda hacia ahí, parada al lado de un hombre que no se comunicaba? ¿Que no era capaz de decir lo que quería y lo que no? Yo no era la que lo iba a cambiar, ya había intentado una vez cambiar a un hombre y no pude, porque me terminé dando cuenta que la que estaba cambiando era yo.
Y es que la respuesta a que carajos hacia quedándome ahí es que cuando un hombre así, tímido, introvertido, abre su corazón sin que una lo haya forzado, cuando te cuenta su vida y obra y notas que se siente cómodo haciéndolo dudas. Vos caes. Una deja toda la teoría de lado y el cebrero se hace mudo, el cuerpo se queda sordo y el corazón empieza aferrarse a la posibilidad de que quizás le gustes más de lo que creías gustarle, porque ahí, ante tus ojos estaba la confirmación que esperabas, pero resulta que estabas ciega, ya que eso para él no significaba nada. O no lo sé, es que nunca se lo preguntaré y nunca me lo dirá, a menos que un día se acuerde de mí y me venga a molestar, piense que sigo vulnerable ante sus encantos y crea que tenga la oportunidad de volver a hacerme llorar, y si decido aceptarlo, si decido volver a caer en la boca del lobo, será a cambio de que me cuente todo lo que no me dijo en su momento. Igual, ¿de qué me sirve, no? 

domingo 12 de mayo de 2024

"fueron más los días que tarde en superarlo

que los que estuvimos juntos"


Realmente, un día después, debo admitir que fue una secuencia muy graciosa. Pude darme cuenta de lo mal, en todos los sentidos, que estoy.

Le mandé aquel bendito mensaje con el que me torture una semana entera para que él me diga cualquier cosa menos lo que quería leer.

Me rechazó, pero me pidió perdón por haberme tratado mal y cerró con un "mereces un trato mejor". Cerrando el mensaje con un punto. Realmente me contuve en responderle de la forma que hubiese hecho mi antigua versión. Es más, redacte esa respuesta y vive en las notas de mi celular, pero no me atreví a mandarla, ¿acaso no era darle mucha importancia? Igual debería haberlo hecho, pero creo que me da más paz la postura que tomé. Aunque probablemente me arrepienta. Como siempre.

Debo confesar que el momento en el cual me sentí la mujer más patética de la ciudad fue cuando entré a mi casa y leí su respuesta apoyada en la puerta, creyendo que tendría que volver a salir porque me diría de vernos. Algo que, evidentemente, que no sucedió.

Mientras me desvestía pensaba en qué le iba a responder. Obviamente me arrepentí de lo que le dije. Él no respondió más. ¿Dormí mal por esperar una respuesta? Si. ¿Acaso yo sabía que él no iba a contestar mi último mensaje? Si. Entonces, ¿por qué pase la noche en vela? Capaz porque todavía existía adentro mío esa pequeña ilusión de que él aún encajaba en mi idealización de su persona, pero la pobre murió en menos de dos segundos.

No me explicó por qué había tomado aquella drástica decisión de sacarme, progresivamente, de todas sus redes sociales (y de su vida), aunque tranquilamente es algo que puedo responder con suma seguridad: no le intereso. Igual probablemente en un promedio de tres meses decida revivir entre los muertos y fingir que nunca nada sucedió, o más bien, que ahora él, entre todos, es el que me va a tratar mejor. 

Lloré. Obvio, ¿cuándo no había no llorado? Pero me permití llorar solo en esas horas, ya que al otro día, cuando me levantaría, él sería una historia cerrada, una anécdota para contar en una mesa redonda mientras tomamos unas cervezas con mis amigas. Él sería un recuerdo que me haría sentir un poco estúpida y un poco alegre, porque si alguien alguna vez me compartía sus experiencias amorosas a mí también me habían dejado en un tiempo récord de menos de tres meses. En realidad, el catorce de ese mes se cumplirían los tres meses. Menos de cinco encuentros, menos de cien mil palabras intercambiadas por redes sociales, más de cien mil palabras intercambiadas en persona, veinte narraciones suyas, más de cincuenta besos, menos de cincuenta risas, un corazón roto, otra no relación que cayó por la cornisa sin llegar a ser algo jamás en la vida.

Y de repente, me estaba riendo. ¿Qué era lo que yo quería de él? Amor no, porque yo sabía que él no estaba disponible emocionalmente, además, desde el primer día, le había encontrado más de diez defectos como por ejemplo su tatuaje en el pecho, que no me gustaba, o su cara, que no me resultaba linda. Pero, pese a todo eso, ¿por qué lo puse en un lugar al que nunca debería haberle permitido ni siquiera conocer? No lo sabía. Algo me había atraído y no le puedo sacar crédito, es que el hecho de que me haya roto el corazón significaba que era imposible que él no haya generado nada en mí, no me podía mentir, me gustaba. Y probablemente me siga gustando por un par de semanas más, estoy sanando. 

Me puse a pensar que quizás estaba dejando mucho tiempo prendida su vela, cuando desde el principio nunca debí encedersela. Y recordé las palabras de mi amiga "una vez que te pase ya vas aprender, no hay que darles demasiada relevancia, no hay que involucrarse tanto". Quizás ese fue el problema, lo hice parte de mi día a día y terminó calandose en mis huesos como si fuese una plaga horrible. Era hora de exterminarlo, córtalo de raíz, pero para eso tenía que aceptarlo y llorarlo. 

Y me di cuenta, que durante ese triste domingo no pensé en él, porque sentía que "algo" se había cerrado. Su mensaje, más allá de la deficiente redacción y la pobre redención, me había dejado tranquila. Por más que me haya pedido perdón, que no fue una disculpa propia, a voluntad, sino sacada, porque le hablé yo, me demostró el tipo de persona que era y se rompió la burbuja, se cayó a pedazos el personaje que le cree, en ese momento él murió en mi serie, solamente sería recordado como un par de capítulos en mi vida, como un extra que hizo una aparición que no llegó a ser tan relevante como para catalogarla de "especial". 

Me arrepentí de hablarle, pero más me hubiese arrepentido si no lo hacía. 

Y ahí estaba, de nuevo, tratando de arreglar el desastre que hice y volviendo a creer en los hombres, una vez más.

lunes 17 de noviembre de 2025

Mi fantasía más recurrente es aquella en la que él me escribe un simple " hola ". Le respondo un " hola " y de nuevo emp...