Días y días sin escribir, pero no porque no tuviese ganas, sino simplemente porque todas las preguntas que me hacia tenían las mismas respuestas: no va a volver, no te eligió, no le interesas.
A veces llega un punto en el que una se cansa de quedarse parada en el mismo lugar esperando que él decida que es un buen momento para volver. Una tiene que rehacer su vida por más que duela, por más que sufra, por más que no quiera.
Este último tiempo fue lo mismo de siempre: revisarle de vez en cuando las redes para ver si realmente vivía o si la suerte estaba de mi lado y se había muerto, yendose para siempre, o en un escenario menos trágico, para ver si estaba preso, que debería estarlo.
Fantasear con cruzarmelo cuando pasaba por su barrio. Idealizar que iba a ir a un bar y que el destino iba a ser tan caprichoso de decidir reunirnos. Pero no.
Nada de eso pasaba. En mi universo él no estaba programado a volverme a encontrar. Es que quizás, nunca debimos chocarnos.
Todavía sigo dudando de que es lo que realmente él tenía que aprender de mí, porque si bien sostengo la teoría de que todas las personas nos cruzamos en la vida por el simple motivo de que tenemos que aprender del otro, hay algo que tenemos que enseñarnos mutuamente, hay algo que tiene que resonar en mí y quedarse acá, en este caso no podía comprender su lección. De todas formas, no era mía. Era como él, que nunca fue mio.
Más allá de eso, por mi parte, era claro, la lección era aprender a no idealizar a los hombres que no te dan nada. No permitirme sentir algo más por un vínculo que se basa lisa y llanamente en encuentros casuales a altas horas de la madrugada.
No importa si él te abre el corazón de par en par, si te invita a conocer cada uno de los recovecos que más le interesan y a sumergirte en las profundidades de sus pensamientos, como por ejemplo que tipo de relación tiene con sus amigos, cuál es la historia de su familia o la razón por la cual se le rompió el corazón la última vez. Todo eso es normal. Para el es un viernes cualquiera, con una persona cualquiera, de la que quizás en tres meses borre completamente su existencia. Para mí no.
Es normal que quiera ir al cine, es normal que quiera verte, es normal que te invite a ver una película, es normal que no se vea con otras chicas.
En el mundo de los hombres todas esas son conductas normales, que no significan absolutamente nada, porque de repente, un domingo a las cuatro de la tarde deciden que ya no le sos suficiente. Se aburrieron. Pero el problema es, ¿qué hace una con toda esa información? Se sabe que no es un parametro suficiente como para determinar que ese hombre te quiere para algo más, pero el problema es cuando una no lo quiere para algo más y termina cayendo en la trampa, por culpa de actitudes de ellos que hacen flanquear, de querer algo más.
Por eso, la real intriga, es qué es lo que él vino a aprender. ¿Acaso qué existe una mujer que le pueda ofrecer lo que aquella que lo lastimó nunca le ofreció? ¿Acaso revindiqué su idea del amor a costas de destruir mi estúpida ilusión? Pueder ser. ¿Es algo positivo? Para mí no. No me gusta que el universo me haga romperme para que otros puedan arreglarse.
¿Acaso aprendió que no necesita una mujer divertida, extrovertida, totalmente diferente a él, sino que necesita a alguien que sea como él?
¿O acaso era para que se de cuenta que no podrá encontrar en mí lo que perdió en ella?
No lo sé, pero yo ya no quiero ser el camino, quiero ser el destino.
Entonces, durante el viaje del fin de semana que hice con mis amigas, no pude evitar pensar en él. Hablar de él. Fantasear con que le revisaba las redes y descubría que era miserable. Que no había otra. Que hacía tres meses él estaba solo. Pero algo me decía que no era así.
¿Acaso volverá? Una amiga dice que es mentira eso de que si queres que vuelva tenes que rediccionar la energía hacia otro lado, tenes que pedir que vuelva, al contrario de lo que estaba predicando este último tiempo. pero yo ya lo había hecho todo. Incluso miré al cielo y le supliqué que quería que ese hombre me desbloqueé. Nada había pasado. Seguía esperando. ¿Hasta cuándo debía esperar? ¿Por qué esperaba? Si se supone que si en algún momento de su perra vida me vuelve a contactar tengo que imponer los límites que tanto merezco.
No sé.
¿Pensará en mí?
¿Algo mio habrá quedado en él?
¿Se acordará de mí?
Si es así, ¿por qué todavía me mantiene alejada y nunca jamás se ha puesto en contacto?
¿Qué será de su vida?
¿Estará en esta enorme ciudad o estará alejado de los ruidos y las voces, disfrutando plenamente en su casa con su familia, mientras recorre los recuerdos en los que estuvo con ella?
¿Habrá llorado?
¿Irá al cine a ver la última película de súperheroes que salió?
¿Alguna chica le habrá correspondido la invitación a tomar algo? ¿Habrá ido? ¿Le habrá gustado? ¿Habrá tenido ella alguna actitud que le haya recordado de mi existencia?
¿Habrá dicho mi nombre en voz alta? Es que jamás lo hizo. Ni yo.
A veces simplemente una no sabe nada. Así como no termina de comprender las conductas de los hombres, a veces una simplemente no sabe. No hay conclusión lógica. No hay conclusión válida.
Lo bueno del viaje con mis amigas era que la teoría me la sabía al pie de la letra. He madurado un montón con el paso del tiempo y eso era motivo para estar orgullosa, pero de todos modos, seguía sola.
Sola en el sentido amoroso.
Igual estaba sola porque quería, ya que las citas me resultaba aburridas y no tenía ganas de abandonar mi comodidad para conocer hombres con los cuales propablemente no tendría compatibilidad (aunque no lo sabía).
Sola porque no me interesaba conocer a los pocos hombres con los que intereraccionaba de vez en cuando.
Sola porque seguía esperando.
Pero otra vez volvemos al punto de partida... otra vez sobreanalizando y pensando las mismas cosas a las que le dediqué mi tiempo entradas atrás, días atrás, noches atrás.
Probablemente él nunca vuelva. Probablemente nunca tenga respuestas. Probablemente muera sin saber que es lo que ocurrió de su vida.
Probablemente años más tarde me encuentre con alguna noticia de él, y lo vuelva a ver. Problablemente voy a pensar que fui una estúpida por dedicarle horas de mi vida a ese ser humano. Problablemente no lo encuentre para nada atractivo. Seguramente él sea feliz con una mujer que pueda darle lo que él quiere o una mujer que sea suficiente para él. Una mujer que él haya elegido y consecuentemente lo haya elegido a él. Quizás a pesar de eso siga pensando en la mujer que le rompió el corazón el año que lo conocí y quizás en algún momento de su larga vida piense en mí. Se acuerde fugazmente de mí y se arrepienta de haberme tratado como me trato. O no. Quizás se acuerde de mí y diga mi nombre, tratando de recordar qué fue lo que sucedió entre nosotros, entre ese nosotros que nunca existió.
Quizás haya pagado uno por uno los pecados que cometió el día que decidió destratarme sin o con razón. Quizás los dioses de mi vida le hayan dado el peor de los destinos: morir solo. Aunque lo dudo.
Quizás siga soltero, porque en realidad aún no se da cuenta que no existe en él el deseo de comprometerse, que le falta de responsabilidad afectiva o quizás se le termino de desarrollar el lóbulo frontal que le permite pensar racionalmente y por fin maduró, completamente, y se pudo dar cuenta que lo que me hizo no tiene que replicarlo nunca más. Que fue una tortura. Que fue maldad pura. Que no alcanza con que me haya pedido perdón.
Quizás soy muy fantasiosa y mi mente divaga, una vez más.
En conclusión, ese fin de semana con mis amigas, no puede evitar pensar si alguna vez encontraré el amor. Sé que él no era, estaba cien años luz alejado del concepto del hombre que me amará.