miércoles 28 de agosto de 2024

"Si queres ir y ser un estúpido no lo hagas enfrente mío" canté cuando lo bloqueé. Era una sabia decisión. Ese hombre no merecía que le tenga la vela prendida cuando no había hecho nada para merecerlo.
Me había desbloqueado hacía un mes y en esos treinta y un días no había sido capaz de enviarme un solo mensaje, por lo que tomé la decisión que cualquier chica hubiese tomado: bloquearlo.
Si realmente estaba interesado en venir en su caballo blanco y procurar rescatarme mientras me afirmaba con total tranquilidad que se había equivocado, que era un tarado y que yo era lo mejor que le podría haber pasado en este último tiempo, que estaba tan arrepentido de haberme maltratado que todas las noches antes de irse a dormir se lamentabla la decisión que había tomado, que simplemente era un víctima de su inmadurez varonil y que por favor le de otra oportunidad, me tendría que contactar por otros medios. No lo sé. No sabe dónde vivo, no sabe en dónde trabajo, no sabe nada de mí. Lo único que tenía era mis redes sociales y de una está bloqueado, por lo que tendrá que apelar a su buena memoria o su gran disposición y mandarme un mensaje de texto, si es que todavía tiene mi número. 
No podía seguir en el restaurante esperándolo, no me importaba si nuestro "amor" había muerto joven y yo era la única testigo, si alguna vez se arrepientía y me decía que se había equivocado.
Mi idea era que, si en algún momento de su corta vida, decidía entrar a ver mi perfil, o si realizaba ese acto tan hombril de volver siempre a buscar a las mujeres que han lastimado, se iba a encontrar con una sorpresa, pues esta vez era yo la que lo había eliminado. Quería que piense "uy, se dio cuenta de que la desbloqueé y en vez de hablarme lo único que hizo fue bloquearme ella a mí". Dudo que tenga esa línea de razonamiento, es un varón básico, que todavía tiene un par de días para que se le desarrollé el lóbulo frontal del cerebro y pueda ser más empático. 
Ya no tenía que quedarme en mi casa lamentádome todas las palabras que dije y las que no, ya se había terminado, era libre. Al fin libre. Llovió y finalmente estaba limpia. 
Iba a seguir pensando en él, porque lo hacia hace exactamente cuatro meses cuando él decidió que ya no le interesaba más y que era merecedora de las palabras más crueles jamás pronunciadas y que simplemente no le servía más, que jamás podría despertar algo en él, que jamás sería prioridad y que mejor lo dejemos ahí, que ya estaba, total, un vínculo con una persona es algo que podes tirar a la basura como si nada cuando te cansas, ¿no cierto? 
Seguro me arrepentiría de esta decisión, pero lo que él perdía en pelo a medida que pasarán los años yo lo iba a ganar en amor propio a medida que transcurrieran los días en los que yo no lo desbloqueará.
Era el punto final de la historia. No más pensar en si me lo cruzará, no más pensar en estrategias para que me hablé, porque evidentemente no le importaba. ¿Qué me hacia creer que sí? Quizás mi parte más desilucional y egocéntrica, mi parte más ilusa y trastornada. Mi parte que hace que le rescate algo bueno a las personas que son completamente malvadas. Mi lado compasivo. Él no era digno de ello.
No más pensar en escribirle para su cumpleaños, que era en unos días, no más pensar en si quizás se acordaba de escribirme para mí cumpleaños que era un par de días después del suyo (¿vos realmente crees que ese sujeto se acuerda?), no más ser lisa y llanamente una mujer patética. 
Se terminaba ese año compuesto por cuatro meses de su cacería, tres meses de una película de fantasía de bajo presupuesto y cuatro meses de cobardía, doce meses que le había obsequiado por qué sí, cuando sabía que eso no era para mí.
Al final, a una siempre la trauman los que más ganas de conocerte tienen.   
Adiós, el hombre más pequeño que jamás haya existido, te quedaste bastante cortito. Lo que tenes de inteligente lo tenes de desalmado. Quizás deberías ir más a terapia y menos al gimnasio. Lo que das a nivel físico debería ser menos de lo que das a nivel emocional.
Suena dolida y resentida, pero es que lo estoy. ¿Y por qué no habría de poder estarlo? Si ese hombre me dañó. 
La despedida del marrano* y yo.

*ese es el apodo que le di, así lo conocen mis amigas, porque ni siquiera su nombre se acuerdan.  
**sí, hay muchas referencias a canciones, porque las chicas somos así, melódicas: please, please, please - right were you left me - clean. Nunca una canción de amor, ¿no? 
***si llego a volver a escribir una entrada sobre este hombre, por favor, sean tan amables de decirme "che, no da". Gracias. 

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