En el corazón de todo chica alberga la esperanza de que el hombre que la aniquiló en mil pedazos un día se despierte y decida enviarle un mensaje diciéndole: "Hola, se que hace tiempo que no hablamos, pero quisiera decirte que el año que viene no voy a vivir más en esta ciudad, por lo que me gustaría que nos veamos una vez más" (re específico, ¿no? que importa, si es mi blog) y que ella, a pesar de que todo su grupo de amigas y todos los miembros de su familia le aconsejen que no debe responderle, que le digan que recuerde cuan frívolo y cruel fue ese hombre, que no se olvide de lo mal que la trató (y destrató), que ella acepte y vaya, y vea a ese hombre una última vez yque no le sea suficiente (o sí), y que la historia de desamor termine para siempre o que vuelva a empezar para volver a rodar, porque su novela con ese hombre siempre tiene el mismo deslance final.
La verdadera razón de la existencia de este blog es lisa y llanamente por ese hombre sin corazón, ese hombre sin corazón para mí, pero no para las demás. Él es el villano de mí historia, no el de la de otra (igual quizás si, pero no de todas las mujeres que habitan esta ciudad, porque por suerte no muchas se lo cruzan en sus caminos o quizás no, porque a mí no me eligió, quizás a otra sí).
Ya pasó más de un año de que ese inútil me torturó el corazón y para serles honesta no lo extraño, ni siquiera lo pienso y está bien, pasaron más de trescientos sesenta y cinco días, así que ya era hora de que lo suelte y lo deje ir, pero a veces una no lo hace, porque sigue aferrada a esa idea que construyó alrededor de ese hombre, ese castillo que levantó con sangre, lágrimas y sudor. Porque una sigue arraigada a esa corona de papel que le fabricó y colocó, y una sigue sentada en el trono de al lado, esperando que ese idiota algún día entre en razón, pero no lo hará, porque él no es el rey de su historia, no es el rey de esa reina tan auténtica, espléndida, independiente, autosuficiente y exitosa, porque una reina así jamás podrá ser feliz al lado de un rey mediocre y narcisista, ya que esa es una ecuación que no se resuelve per se.
Pero todavía sigue vive la maldita esperanza de que algún día, algún día, uno de tantos, ese payaso disfrazado de príncipe encantador le envíe un bendito mensaje invitándola a desconocer todos sus principios morales para enredarse en esa historia una vez más, aunque vuelva a terminar de la peor de las formas, porque la presencia de ese hombre en su vida no tiene otro final.
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