domingo 5 de enero de 2025

Un nuevo año ha comenzado y una nueva yo ha resurgido de las cenizas, cual ave fenix. Por ahora. Apenas vamos tres días del año, así que pretendo ser positiva la mayor cantidad de tiempo que pueda (mentira, hoy es sábado cinco y ayer, viernes cuatro, me invadieron las ganas de hablarle y dos días antes lo stalkeé -y me quise morir, en sus brazos- así que mentira). 
Mi nueva determinación del 2025 es no sostener a nadie en mi vida que ha demostrado señales de querer irse. Y así fue, eliminé de mi lista de mejores amigos, de aquella famosa red social de fotografías e historias, a todos los hombres que habitaban en ella. Si alguien desea estar ella (y en mi vida), pues que se gane un lugar (mentira número dos, que será desarrollada más adelante, luego de introducirles a los nuevos personajes). 
A fines de diciembre conocí a otro hombre, con el que hablamos mucho por redes sociales y la verdad me sentí cómoda. En realidad, habíamos hablado un par de veces, muy casualmente, mucho tiempo antes, pero como en mi vida no existía otro más que el marrano nadie tenía relevancia. Nos vimos una sola vez. No me volvió hablar. Pasamos de cien a cero. Nos vimos un jueves. El sábado le respondí una historia. Casi nos vemos, pero por una cuestión de él y un no mío no se concretó nada. El jueves siguiente otra vez yo le dije vernos. A medida que voy escribiendo esto me siento cada vez más estúpida. ¿Qué pasó? se durmió. Puede pasar. Pidió perdón, hice un chiste, ¿y? me vistió. Ahora no me mira las historias. Yo ya no sé, ¿es un karma que debo pagar? 
El otro día leí que el karma no existe, o sea si existe, pero no tal como lo conocemos, sino que va más allá de esa idea de que si haces algo malo la vida es un boomerang y todo vuelve, no, no, si no que es algo más profundo, es una idea de que si vos crees que estás haciendo algo malo las consecuencias son algo malo, por ende si vos tenes ese convencimiento de que te va a pasar algo malo te va a pasar algo malo, es como una suerte de manifestación, entonces quizás yo estoy encerrada en la habitación que se llama "encontrarás a todos los hombres malos" y no quiero salir de ahí por más que tenga la llave.
Bueno, en fin, ayer viernes me crucé a alguien con quien tenemos en común con este nuevo personaje, por lo que le hablé. Si. ¿Me interesa este hombre? No. ¿Entonces? Me está ignorando. Eso pasa. 
Le comenté lo que sucedió, me preguntó, le clavé el visto y me deslice sigilosamente como una serpiente a sabiendas de que esto no va a servir de nada. 
Por otro lado, este nuevo hombre tiene una cualidad muy interesante: un amigo muy lindo con el que quizás tenga alguna chance, así que esa es una meta del año. Una meta para este blog en el que solo escribo sobre mis -iba a decir fracasos, pero ya me estaría condicionando- aventuras amorosas, sepan que el amor no es el foco principal de mi vida, sino más bien un condimento que me ayuda a contimentarla un poquito.
Así que, todas mis resoluciones del año nuevo me parece que se quedaron atoradas en el marco de la puerta del año pasado, porque si bien están luchando con fuerzas para desengancharse, me parece que están perdiendo la pelea.
Igual tranquila, que el año es largo y las horas sobran.

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