jueves 17 de octubre de 2024

"Engáñame una vez y la culpa es tuya, engáñame dos veces y la culpa es mía"

Desde el día domingo que estoy redactando esta entrada. Estoy hace más de tres días escribiendo y aún así no puedo terminarla. Esto es como él. Interminable. Tedioso. Inútil. 
Lo volvió a hacer. Me volvió a dejar encerrada con un arma en la mano izquierda y un bolso en la derecha, mientras él se iba corriendo a toda velocidad al ritmo del sonido de las sirenas de la policía. 
¿Y saben que es lo peor de todo? Que fui yo la que se permitió. Yo soy la responsable. Yo confié en él y decidí ir a robar ese banco con él, yo soy la que le dio una oportunidad, yo fui la que lo recibió con los brazos abiertos, sabiendo que está en su naturaleza mentir y él se fue y me dejó ahí, y así fue como terminé siendo yo la única responsable del delito, la única que está presa en sus cárceles mentales, la única que sobrepiensa hasta las tres de la mañana, la única que redacta entradas como estas.  
La única culpable de todo esto soy yo, porque yo soy la que experimenta un sin fin de emociones y queda siempre destruída, como si un camión la hubiese pasado por encima. 
La cronología fue, palabras más palabras menos, así: 
Jueves
Había caído el jueves por la noche y él no me había mandado ningún mensaje, yo tampoco, pero acá no vamos a discutir si debo hablarle o no, pues, él está en falta, aunque más allá de esta dicotomía en realidad su falta de contacto no me importaba, porque ya tenía mis planes para ese día. 
Cada vez que salgo o voy a tomar algo me gusta sacarme fotos y subirlas a las redes sociales, porque es una forma de mostrarme ante la gente, quizás para obtener un poco de validación o quizás porque simplemente me gusta, pero está vez había una motivación mayor, existía algo especial, había un plus: él la vería.
Subí la historia. La vio. Le dio me gusta. Obviamente la conducta que yo esperaba obtener de él se estaba materializando, pero, de todas formas, él no me hablaba. Pensé en hacerlo yo, pero lo conozco y le desespera el no contacto, por ende, esperé. 
Aproximadamente hora y media después de su "me gusta" cayó su mensaje.
Me preguntó que hacia después, y la verdad, estaba cansada, había tenido un día muy largo, así que opté por responderle minutos más tarde que tenía planes, pero que estaba disponible el día siguiente.
Al otro día me respondió que él tenía planes para ese viernes, pero que quedabamos en hacer algo el sábado. 
Genial. Me servía, ¿por qué no? así que acepté.
A veces las intuiciones que nuestro cuerpo recibe, maneja, o como le quieran decir son más grandes que cualquier movimiento en el mundo mundial, y especialmente en mí, que soy bastante perceptiva y conocedora de energías, pero de vez en cuando una quiere apagar esas voces en off en la cabeza o en el corazón, esa sensación que se eleva más allá de las leyes de la lógica y empieza a gritarnos desesperadamente que quizás no lo vas a ver...
Obviamente, aunque fingía que no me importaba, no podía evitar preguntarme cuáles eran los magníficos planes que iba a tener ese viernes y pensaba: ¿verá a otra?, pero por qué vería a otra si me estaba proponiendo vernos en ese instante. 
¿Por qué me hablaría a mí si tiene otra? 
Viernes
Me respondió al mediodía y listo. La historia terminaba. De nuevo extraños.
Sábado
El día sábado había llegado, habían transcurrido las dos, las tres, las cuatro y él no se ponía en contacto. Normal. No es necesario hablar mucho para organizar algo, ¿no? si ya nos conocemos, ya sabemos cómo nos manejamos (cómo a él le gusta, aunque guarda, descubrí que a mí también me gusta manejarme así).
A veces pienso que mis crisis existenciales alrededor de él devienen lisa y llanamente porque me falta ese factor atencional que él omite darme, esa magnificación de mi ser, esa adoración de mi persona, ese papel de diosa en el que me gusta meterme, esa necesidad que radica en mí de que él me confirme que le gusto, más allá de que no quiera tener una relación seria conmigo. 
Sé que le gusto, sino no me vería o me quisiera ver, pero no sé por qué, necesito que esas palabras salgan de su boca, porque incluso a veces lo dudo, porque él nunca me lo dijo ni me lo hizo sentir. Necesito esa validación de su parte como para que todo esto tenga sentido, como para que valga la pena. 
Llegaban las seis, las siete, las ocho y él no me hablaba. Había subido una historia. No se la vi. Subí una mía. La vio. No le dio me gusta. No me la respondió.
Me desesperé, así que le hablé yo. 
Dos horas después me respondió.
"Si, vamos a vernos". 
Estaba saliendo del bar, subiéndome al taxi para ir a mi casa, dejar mis pertenencias e ir a la suya.
Balde de agua fría. 23:52. 
Estaba cansado, que si lo dejabamos para otro día.
No podía respirar.
No podía pensar.
Ni para adelante ni para atrás.
Todas las voces que oía en mi mente, que eran las de mis amigas, que me estaban hablando, estaban sordas. Eco. Silencio. Bronca.
Otra vez me lo había hecho.
Otra vez había confiado en él, aunque no debía hacerlo, y otra vez me había decepcionado.
No es tan grave, pensándolo en retrospectiva, pero sí es grave conociendo nuestra historia. 
Había aceptado volver a verlo aunque él no se merecía ni un segundo de mi tiempo. Le había dicho que si, aunque debía haberle dicho que no. Le dije que sí, y él, otra vez, me dijo que no.
Le clavé el visto. Tenía que procesar lo que estaba sucediendo. 
Minutos después le respondí: ¿tengo otra opción? y se excusó diciendo que todavía no se había bañado, a lo que correspondí con un "ni cinco minutos te lleva eso". ¿Por qué debería comprenderlo yo a él cuando me había hecho perder el tiempo y me había cancelado?
No me respondió. Me clavó el visto al mediodía siguiente.
Domingo
Redacté un mensaje de quinientas palabras para enviarle. Me arrepentí. 
Lunes
Nada.
Martes
Nada.
Miércoles
Nada. 
Ya lo conozco. Le gusta tirar de la soga. Desaparece ahora, dos semanas. El viernes que viene, el veinticinco vuelve. Me dice de hacer algo. O quizás no. Desparece para siempre. O espera que yo le diga algo. Que no va a suceder.
Ayer a la noche, miércoles, subió una historia. No se la vi. No se la voy a ver. 
Me encantaría hablar con él y decirle "no te entiendo, ¿qué queres? ¿qué queres de mí? ¿para qué me decís de vernos y me calculas a último momento? ¿te parece bien jugar con mi tiempo? ¿te gustaría que yo haga lo mismo? ¿por qué quisiste dejar de verme, me eliminaste, me bloqueaste y ahora volves? necesito que me expliques porque necesito entenderte", pero eso no va a suceder. 
Probablemente no nos volvamos a ver nunca más.
Probablemente esto muera, definitivamente, acá.
Supuestamente hubo un eclipse, o no sé que clase de energía astral hay en el ambiente, que se caracterizaba por el cierre de ciclos. Quizás este es el ciclo. Quizás así es el cierre. Quizás. Tal vez. No sé. Estoy cansada de correr siempre en círculos.
Pero, está vez, la culpa es mía.

sábado 5 de octubre de 2024

Hace exactamente ocho días cumplí veintisiete años.
Existe una creencia popular de que cuando soplas las velas tenes que pedir tres deseos, pero una vez leí que al fuego no se le piden deseos, porque se los lleva, así que opte por decirle: "llevate todo lo que siento por él".
Pero, parece que a el fuego poco le importa y el universo, el karma, mis guías espirituales y toda la mar en coche quieren ver si aprendí la lección, entonces decidieron que era un buen momento para ponerme a prueba y ver si aprendí la lección, porque como se cree, con los años, una se pone más sabía, ¿o no?
El día miércoles por la noche soñé con él. Soñé que me escribía y decía: "Hola", así, tal cual lo estoy escribiendo. Con la H en mayúscula. Lo hacía por la aplicación de citas. Es raro. Él nunca me escribió un "hola" así de la nada, un saludo vacío sin nada más, ya que siempre ha solido desarrollar, disfrazar sus intenciones, además de que últimamente, como sabe que está en jaque, se le da por decorar sus palabras con unos finales "ja ja".
Lo más loco es que justo esa noche, en la que soñé con él, había pensado en borrar esa maldita aplicación, porque era esclava, estaba condenada a esperar a que él me hable, que nos diga de vernos, que nos diga de encontrarnos, y justo ese día, que había pensado en él, soñé con él.
En ese momento pensé que probablemente era mi inconsciente que quería eso, en lo más profundo de mi ser yo quería que él se ponga en contacto, no pensaba que era una señal de que lo haría, pues ya había transitado varias veces por ese sendero y no siempre obtenía lo que quería, pero no, está vez, me equivoqué.
El jueves por la tarde me harté. Tenía que borrar esa aplicación. Lo hice.
No la abrí durante todo el jueves a la noche y durante todo el viernes por la mañana. No quería hacerlo, es más, esta entrada en un origen se llamaba viernes cuatro de octubre y no sábado cinco de octubre, porque sentía que era mentira, que él no me va a escribir.
Para mí, él quizás había intentado con otra, o no, y todo se terminó porque no puede sostener un vínculo ya que sigue atado a la mujer que amó, por la que llora por las noches y por la cual yo no me permito desear algo con él.
En mi mente habitaba la idea de que como no le funcionó estar con otra decidió volver a las aplicaciones de citas, me encontró, se acordó de mí y aquel día decidió darme match porque sabe que acá estoy y soy buena, evidentemente le gustó el tiempo que pasó conmigo, lo he tratado siempre bien y soy divertida.
Decidió dejar de lado todo su orgullo (a sabiendas de que para mí él toma consciencia de lo mal que me trató, porque me pidió perdón, pero ahora no le estaría importando mucho, pues anda fingiendo demencia) porque soy lo fácil, pero él no sabe que para mí él es lo difícil y nunca lo sabrá.
El viernes a la tarde, como si hubiese tenido una corazonada, esa misma que tuve aquel día que descubrí que me había desbloqueado, entré, sin descargarla y desde el incógnito, a la bendita aplicación de citas y ahí estaba, hacia diez minutos él me había hablado. Primero visualicé un "estás libre hoy?" y la verdad que sí, estaba libre hoy, pero no respondí. Seguí mi vida. Pensé en responderle, pero decidí no hacerlo.
Horas después, diría que tres, llegó, lo que tanto había anhelado desde aquel día en que él se marchó, me había enviado la solicitud para seguirme en esa red social de fotografías. Espere. Tardé aproximadamente treinta minutos en aceptarlo. 
Pasaron los minutos. No me hablaba.
Me digne a verle la historia y automáticamente, como si hubiésemos elegido el mismo tiempo y espacio para conectarnos, me habló.
Me preguntó si había borrado la aplicación. 
Tardé casi una hora en responderle.
"Del teléfono si, pero la uso desde la computadora. ¿Por qué?"
(No son las palabras exactas que usamos, pero se asemejan). 
Con la velocidad de la luz me respondió algo que ya sabía, y si, que me había escrito por ahí, que más va a ser. Entonces, como si no hubiera visto su mensaje, aunque no lo vi completo hasta el día siguiente, le consulté qué me había dicho y ahí nació ese "si estabas libre ja ja". 
Minutos más tarde sentencié: "tengo planes este fin de semana, ¿organizamos para el próximo?". De mí no se escaparía ningún ja ja. 
No me respondió.
Pasaron las horas y él volvió a ser él.
Obvio, no le interesaba la negativa, no había obtenido lo que quería entonces, ¿de qué le servía?
Viví mi vida, porque esta ya no se detiene si él no responde.
Cuando subí una historia al mediodía siguiente y él la vio, evidentemente le surgió la necesidad de responderme y optó por un "dale". Horas más tarde reaccioné con un emoji de una manito a su mensaje. 
Quedará en él hablarme.
¿O en mí?
No voy a apurarme.
Lo charlamos con mis amigas. Que hablamos no, lo omití, que me siguió si.
Ellas no están de acuerdo con que lo vea, obvio, pero yo ya sé cómo va a ser nuestro vínculo a partir de ahora, es como si volviéramos a febrero y yo estaría más "despierta".
Es mi primera vez con alguien que solo veo de noche sin interaccionar durante el día. O la semana. Intercambiar un buen día, un qué tal, unos buenas noches.
Todo es nuevo.
¿Habré aprendido la lección? 
Sé que con él no puedo pedir más que esto, porque es lo que me va a dar. 
Sé que no voy a quedarme con él. Sé que debo seguir conociendo hombres. Sé que con él es solo vernos a la noche para encontrarnos casualmente, que cuando el show se termina cada uno toma su vía y hasta la próxima.
Si, charlamos.
Si, nos contamos pequeñas cosas.
Si, ¿pero qué va a pasar ahora?
¿Hablaremos del pasado?
¿Le preguntaré que carajos le pasó ese día y por qué actuó cómo lo hizo? ¿Me importa lo que pueda llegar a pensar?
¿Él sabrá que lo que me hizo a está mal? ¿Me pedirá perdón en persona? ¿Fingirá demencia? ¿Hará algún comentario? ¿Debería hacer algún comentario? ¿Debo verlo con una forma de ser relajada?
Pero todas esas preguntas negativas poco a poco se desdibujan, y de repente me encuentro un sábado por la noche que no salí imaginando el escenario en el que le pregunto, entre risas, si me extrañó y él me mira con su cara de nada y no se expresa con palabras, sino que se queda callado y yo, que dentro de todo lo posible un poco lo conozco, me doy cuenta que ese silencio es un no, y así, para romper el momento incómodo, le digo de forma irónica que me hubiese mentido y diga que sí, que eso le sale muy bien, mentir, y él esborzará una media sonrisa y a mí me va a dar vergüenza seguir metiéndome en situaciones que no puedo manejar y vamos a fingir que nunca nada pasó y nos vamos a besar mientras en mi mente suena la premisa "parece que esta historia es de nunca acabar".

lunes 17 de noviembre de 2025

Mi fantasía más recurrente es aquella en la que él me escribe un simple " hola ". Le respondo un " hola " y de nuevo emp...