Introducción
Es muy gracioso porque tengo la particularidad de apodar a todos los hombres con los que me relaciono: el marrano, el feo, el mecánico, el lindo, entre otros. Y calculo que eso lo hago para nunca personalizarlos, ya que si hay una cualidad personal de las personas es el nombre. Ese nivel de intimidad, aquella que no queda atrapada entre colchones y frazadas, es la que a la larga me termina incomodando. Porque no te doy la mano, no te hago una caricia ni mucho menos te dejo ver adentro de mi corazón. Rechazo todas y cada una de las muestras de afecto que me realices por miedo a malinterpretarlas y mostrarme vulnerable ante tus ojos, porque si lo hago, te estaría dando la posibilidad de que me rompas el corazón y lo sepas, pero si hay algo que nunca podrás saber es eso, que me rompiste el corazón. Lo podrá saber todo el mundo, menos vos.
El marrano
Y ahí estaba nuevamente, un miércoles muy frío, trabajando desde mi casa y pensando nuevamente en aquel hombre cruel que me había roto el corazón hacía exactamente un año, un mes y veintiún días, cuatrocientos dieciséis días. Pero, ¿por qué estaba pensando en él? Porque hace aproximadamente una semana me lo crucé, fugazmente, en la bendita aplicación de citas en la que lo conocí, y como todavía dentro mío habita un poquito de amor propio decidí ignorarlo y dejarlo ir, sin darle like ni nada, acto del cual obviamente ahora me arrepiento, porque no me apareció más, pero bueno siempre todo pasa por algo, ¿verdad?
Las cosas no mejoran, nunca. Quizás es un poco exagerado lo que digo, pero hay una canción que dice algo así como "manejo distintos caminos, pero todos me conducen a vos". Entonces, cada vez que conozco a alguien nuevo me comienzo a preguntar por qué no funcionó con él.
El feo
Y así fue, como sin querer, lo llamé por su nombre, por primera vez. Es raro, ¿no? tener tanto intimidad con alguien, pero nunca llamarse por los nombres. Ahora él sabe mi nombre completo y yo también, él sabe mi fecha de nacimiento y yo también, él sabe mi número de documenta y yo también. Ahora sabemos las historias de por qué nos separamos de nuestras exs parejas y sabemos qué tipo de relación queremos cada uno. Sé que le gusta hacer a la hora de amar entre las sábanas y me tuvo lo suficiente como para saber que más de cuatro horas no aguanto, pero que en menos de cinco minutos puede darme tanto que me es suficiente para explotar con la intesidad de mil estrellas.
Pese a saber todo eso, no lo conozco, recién lo estoy conociendo. No conozco su historia familiar tan compleja ni él sabe cuan cálido puede llegar a ser mi círculo social. Aunque sabemos los desafíos a los que nos enfrentamos actualmente, pero con una profundidad superflua, porque no decidimos escavar lo suficiente como para vernos en lo más oscuro de nuestros seres, porque no indagamos, no preguntamos. Solamente nos escuchamos y nos acompañamos.
Siempre tuve la idea de que cuando se conoce a alguien al poco tiempo ya sabes si queres algo serio con esa persona o no, pero últimamente creo que mi manera de ver las cosas es errónea, porque si, claro que si se puede construir algo con el tiempo. Nos conocemos hace siete meses y solamente nos vimos cuatro veces, ¿cómo voy a pretender tener algo con alguien que ni conozco? ¿Qué es lo que activa mi necesidad de ponerle una correa en el cuello y pasearlo por la plaza gritando a los cuatro vientos que ese hombre es mío? ¿Acaso le tengo que demostrar a alguien que puedo ser elegida? ¿Pero a quién? ¿A mí? ¿A mi familia? ¿A mis amigas? ¿O a todos los hombres que me rompieron el corazón y no decidieron elergirme o me eligieron, pero luego no pudieron sostener su elección?
Fui sincera y le dije que era difícil de manejar. Que quería una relación en la cual sentirme libre, y él también piensa lo mismo, entonces se hizo un silencio, y en ese silencio se hizo un espacio, y en ese espacio ninguno de los dos dijo más nada.
Él no olvida a esa mujer, por más que me diga que la vio hace poco y esperaba algo más, pero no me dijo que no sintió nada, y yo no sé si todavía olvidé por completo al hombre cruel, porque a veces fantaseo que vuelve a buscarme en su caballo blanco y me susurra al oído que me extraño y desea verme. Entonces, ¿qué tan justo es que yo quiera aventurarme con él si no lo conozco, nos vimos pocas veces y todavía no hemos compartido ningún espacio que no sea un cuarto con cuatro paredes y una cama prendida fuego?
Por eso tomé la decisión de enfocar el vínculo de otra manera, de tratarlo por lo que somos: amantes-amigos. Que el tiempo se encargue de lo suyo, que haga su magia, que la vida nos lleve a donde tenemos que estar y por mi parte, tomarme las cosas con calma, dejarlo fluir, dejarnos fluir. La verdad que no sé lo que quiero y por el momento, si quisiera algo él no podría darmelo, así que, a dejar de pensar tanto y desactivar todas mis heridas del pasado. A disfrutar. A vivir. Que de lo demás se encarga el destino.