martes 1 de octubre de 2024

Hoy no quiero hablar de ningún hombre en particular, hoy quiero hablar en general, porque sí, porque esta nueva edad me está sentando de maravilla y supongo que el lóbulo frontal cada vez se me desarrolla más, por lo que cada día me hallo un poquito más reflexiva.
¿Por qué a las mujeres, en la generalidad, nos duele tanto no ser elegidas por hombres que nos nos merecían, por hombres que lo mejor que podían hacer por nosotras lo hicieron y era no elegirnos?
¿Por qué la mujer se cuestiona tanto las cosas?
¿Por qué seguimos seleccionando hombres que lo único que hacen es cansarse de nosotras después de tres meses? 
Una vez leí por ahí que buscamos hombres que no están disponibles emocionalmente o que no se quieren comprometer porque somos nosotras las que, en el fondo, no queremos un compromiso o involucrarnos emocionalmente.
¿Qué?
Si, como se lee.
A mí al principio me pareció una locura, ¿cómo puede ser? si cada vez que conozco a un hombre soy la primera en crear esa categorización invisible en mi mente que consta en: con este puedo tener algo serio y con este no puedo tener nada más que un vínculo sexo-"afectivo" (si, entre comillas, pues a veces lo afectivo es una mera palabra para caratular la relación que existe entre dos partes que solamente comparten una cama). 
Y luego, pienso que, cuando empezas a charlar con un hombre y decidís que vale la pena destinar tu preciado tiempo en verlo, a medida que transcurren los encuentros, te vas dando cuenta para que está. Además, conoces su historia y tomas consciencia, sabes en dónde te estás metiendo, tomas contacto con su vida amorosa: descubrís hace cuánto se separó, descubrís si se ve con otras (además de vos), descubrís que tan cercano es a la ex, porque poco a poco vas cavando en su inconsciente lo suficiente como para en un plazo de un mes tener la respuesta a la pregunta: ¿lo sigo viendo o por acá, evidentemente, no es?
Y entonces, me cuestiono, cuando te das cuenta que ahí no es... ¿por qué no te vas?
Ese hombre no está disponible emocionalmente.
No, cortó con la ex hace tres meses.
No, todavía sigue en enganchado la última relación sexo-afectiva que tuvo.
No, se divorció hace un año de la mujer con la que estuvo casado cinco años.
No, es adicto al trabajo.
No, no y no, por miles de motivos más no, porque según el criterio de cada una, ellos no encajan con lo que estamos buscando o con las cualidades que pretendemos que tenga nuestro futuro compañero.
¿Acaso es por qué creemos que él va a cambiar de un día para el otro? ¿O que va a cambiar con el tiempo, solo por nosotras? Lo dudo. No creo.
Las películas de Disney ya nos las vimos todas y ya sabemos esas historias terminan así porque son de fantasía. Sabemos que en la vida real, en donde estamos, ningún hombre cambia así porque sí. No hay una revelación divina, no hay una transformación de bestia a príncipe como en la Bella y la Bestia. Si vos te diste cuenta que desde un comienzo él no iba a darte lo que querías, sos lo suficiente inteligente como para darte cuenta que si no lo hizo al principio nunca lo iba hacer, porque es así, nunca le va a nacer, además cuando recién lo estás conociendo es él más pretende conquistarte, comprarte, hacer que te quedes. Una siempre se da cuenta, que nos hagamos las que no vemos la señales es otra cosa. 
Bueno, entonces no. No es eso.
Entonces, ¿qué es?
¿Es el miedo a no encontrar algo mejor? ¿Es la idea de "estoy cómoda, mal no la paso, me quedo acá"?
¿O realmente no queremos un compromiso porque no estamos preparadas para jurarle fidelidad a alguien, para entregarle nuestro tiempo a otro? 
¿Y entonces, cuando nos quedamos ahí, con ese hombre que, a pesar de que transcurren los días no nos elige, pero estamos ahí porque nos empezó a agradar, que se yo, empezamos a simpatizar con él y le hemos tomado cariño, nos resulta divertido y nos escucha, nos pregunta cómo estamos, le podemos contar cómo nos sentimos durante la semana, pero él su corazón lo deja del otro lado de la habitación, y a pesar de todo eso, de que él es "bueno", por así decirlo, sabemos que no tendríamos una relación con él porque no es el tipo de hombre que nos gusta o no es el tipo de hombre que presentarías en tus círculos cercanos, a tu familia y amigas/os, ya que sencillamente no cumple con ninguno de tus estándares de pareja ideal, y entonces entramos en un laberinto imposible de descifrar por el simple hecho de que él no nos gusta lo suficiente, a él no le gustamos lo suficiente, pero sin embargo pretendemos recibir más de su parte y nos quedamos ahí, esperando algo?
¿Eso es el egoísmo, de no querer irnos en donde estamos "bien", cómodas?
¿Es el desafío de transformar ese equis en un más positivo?
¿Es que nos hace sentir mujer, exploramos y explotamos con él nuestra feminidad?
¿Es el miedo a estar sola?
¿Es el terror a no cumplir con el mandato que se nos impone desde chicas, de crecer, encontrar una pareja, casarse, tener hijos/as y ser feliz? 
Entonces, me pregunto, por qué, a pesar de vivir en el siglo veintiuno, en un mundo plagado de ideas feministas, de empoderamiento femenino, de habitar en ambientes en donde apoyamos la lucha de la mujer y luchamos por sus derechos, en donde promulgamos la igualdad de género y celebramos la independencia ecónomica, simbólica, entre otras, de la mujer, en un mundo en donde yo, mujer, sé que no debo depender de vivir la historia de Susanita para realizarme como ser humano, por qué todavía, en lo más profundo de nuestra existencia, anhelamos el final de los cuentos de hadas, ese final de fantasía que sabemos que no existe?  
Y entonces, ¿qué hace una mujer con un título universitario, independiente, con un trabajo, con un grupo de amigas fantástico, con una familia que la apoya, con un montón de pasiones, de metas y sueños en la vida, con proyectos a corto y largo plazo, con ganas de progresar, de crecer y con ganas de ser feliz, que hace llorando en posición fetal un lunes a las dos de la mañana por un hombre que conoció en una aplicación de citas, al que solo vio durante tres meses y que nunca le prometió nada porque ella tampoco esperaba nada de él ya que no era su tipo? 
¿Hablarás de amor propio?
¿Qué amor propio se rompió en el proceso? ¿En qué parte? ¿Hay alguna herida de la infancia, la niñez? ¿Hay alguna herida de algún amor pasado que hace que ella se quede ahí, congelada en el tiempo?
Quizás en el fondo solo quería ser amada por alguien más que ella misma, pero no para validarla, sino para compartir con alguien esta odisea que se llamaba vida. 
Entonces, todavía tenemos arraigadas la figura de Susanita, todavía tenemos la sangre de Carrie que fluye por nuestras venas, todavía tenemos cuatro años y nos ponemos los zapatitos y jugamos a Cenicienta, mientras no esperamos que nos rescate un príncipe, ya que tenemos los conocimientos necesarios como para crear una pócima que nos desintoxique del veneno de la manzana o como para fabricar un escalera y escapar de la torre, pero si queremos que el príncipe nos acompañe mientras creamos la pócima salvadora o que el príncipe nos espere abajo de la torre cuando bajemos de ella.
Y entonces, me pregunto, ¿qué está pasando? ¿Estamos siendo demasiado exigentes o exquisitas con los requisitos que le pedimos a los hombres que conocemos? ¿Está mal pretender un hombre que trabaje, que sea independiente, que estudie, que tenga un proyecto de vida? 
¿Está mal pretender que alguien aporte a nuestra vida la estabilidad que nosotras vamos aportar a la vida de ellos?
¿Estamos siendo demasiado quisquillosas porque en el fondo no queremos relacionarnos sentimentalmente con ellos, más allá de que cuando llegan los domingos por la tarde morimos de ganas de pasar el día entero abrazadas a un ser masculino que nos halague y nos llene de caricias, pero los sábados por la noche no tenemos ganas de que nadie nos moleste o nos impida salir?
¿Seguimos idealizando aquel que nos dejó hace cinco meses, que nosotras también ibamos a dejar eventualmente pues sencillamente no cumple con nuestros estándares requeridos, porque no queremos volver a relacionarnos con otro hombre, es que así estamos bien?
¿Qué es lo que realemente está pasando?
¿Me duele no ser elegida? 
¿Me duele no tener un príncipe esperándome los viernes a la noche para ver una película cuando vuelvo de tomar una cerveza en un bar con mis amigas?
¿Me duele no ser amada?
¿Me duele intentar? ¿Confiar? ¿Que herida del pasado estoy arrastrando? ¿El dolor al rechazo?
¿Será que en el fondo no queremos comprometernos porque tememos salir lastimadas?
¿Será que en el fondo no queremos comprometernos porque ellos son los primeros en no hacerlo?
¿Todo culmina en el ego herido?
¿Será el castigo milenario de todas y cada una de las mujeres de tener que cuestionarnos y preguntarnos hasta el fin de nuestros días por qué?
Ese maldito vicio de autodestruinos preguntándonos por qué, por qué, por qué.
¿Por qué no fui yo la elegida?
¿Por qué hiciste eso?
¿Por qué, de un día para el otro, si estaba todo bien, decidiste dejarme?
¿Por qué, de un día para el otro, meses después de dejarme sin aviso, volves a mí como si nada hubiese pasado?
¿Cómo se logra vivir con ese nivel de inimputabilidad? 
¿Cómo se logra vivir así?
¿Cómo dejar de sentir?
¿Cómo?
¿Qué?
Y, finalmente, ¿por qué?

jueves 19 de septiembre de 2024

El tiempo es eso que pasa, todos los días, porque él no te eligió. 
No te eligió hace un año cuando te conoció. 
No te eligió en febrero cuando te vio por primera vez.
No te eligió en mayo cuando te dejó.
No te eligió en septiembre cuando volvió.
Él nunca te va a elegir y vos siempre te vas a cuestionar todas y cada una de las decisiones que tomes respecto a él.
Entonces, no lo pienses más.
No esperes más.
No llores más.
Le escribí para decirle feliz cumpleaños, ¿y qué sucedió? Lo que tenía que suceder. No le importó. 
Deseabas una conexión más real, una respuesta más amena, pero no lo obtuviste, una vez más, porque él no te eligió. Ya lo decidió.
Y ahora estas ahí, sentada en las horas que no pasan más, preguntándote si te va hablar y te va a decir de verse, pero sabes que él no te eligió.
Podrían pasar días, semanas, quincenas, que él no te habló ¿y qué vas hacer? Nada, porque él no te eligió.
Volvió solo para saber que seguías ahí, y vos como una estúpida sos la única que fantaseas con el encuentro antes de irte a dormir.
Supongo que algún día te va hablar, porque así como se fue volvió, y supongo que vas a tener ganas de verlo, como hoy, pero deja de dedicarle tu energía a eso. Sanalo. Sacalo. Echalo. Erradicalo. 
Basta, ponete un límite, ponele un límite a tus emociones.
Sécate las lágrimas y anda.
Borra esa aplicación y no entres por una semana, que si se quiere comunicar con vos lo puede hacer por otra vía.
Hacelo por vos.

sábado 14 de septiembre de 2024

A diario me autoconvenzo de muchas cosas, de las cuales suelo estar equivocada en, prácticamente, la mitad. Lo peor de ser una persona así, que se crea escenarios ficticios en su cabeza constantemente, es que muere de ilusiones que nunca se materializan o que sufre por realidades que nunca existen. 
Atento al gran acontecimiento del día jueves, en el cual me dio like en una aplicación de citas y yo, estúpidamente (si, estúpidamente) le correspondí, porque era lo que quería hacer y todos los días que me pasé llorando se fueron a la basura junto con todas las viles y crueles palabras que alguna vez me pronunció, mi mente solo divaga en una gran nube color rosa pastel, que de vez en cuando se tiñe de gris.
Si deseabas con todas tus fuerzas que él volvierá, ¿por qué no estás contenta? 
No sé.
Para serles sincera, era más lo que esperaba que lo que sucedió, pero no a nivel comunicación, sino más bien emocional, es decir, fue distinta la reacción que pensé que iba a tener, creí que cuando él me hablase de nuevo se me iba a caer el mundo en los pies, que igual un poquito tambaleó, pero no lo suficiente como para que se derrumbara, pero bueno, quizás, tal vez, después de todo no estoy enamorada.
Para mí de lo que estaba enamorada era de la idea de que él vuelva. Aferrarme a ese imposible, motivándome de que iba a suceder tarde o temprano. Más bien fue temprano, porque no pasaron ni cuatro meses. Igual es un montón.
Encima para mí, lo peor de todo, es la forma tonta en la que volvió, como si no hubiese pasado nada, pero es que para él no pasó nada. Él no dimensió la magnitud de sus palabras, que eran filosas como una katana. Él si lo recapacitó, pero no fue capaz de perdirme perdón. Él vive en su mundo de caballero del zodíaco, en donde él es lo más importante que tiene, él y su orgullo, que bastante pisoteado quedó después de mandarme un mensaje.
Y así, como si por arte de magia fuese, me habló. 
Tenía la certeza de que no iba hacerlo, porque, que le haya correspondido para mí era una forma que tenía él de tantear el terreno. Él era inteligente, siempre lo supe, yo lo minimizaba o desmerecía porque era malo, pero no malo de villano de película, sino que era el malvado en mi historia de desamor. Él me había causado dolor, por eso era malo en mi visión.
Entonces me habló y le respondí. Y me propuso de tomar algo juntos, y me mente se fue un año atrás, a septiembre de dos mil veintitres cuando él me propuso lo mismo. 
Acepté. 
Empezó con el circo de "hoy no sé si puedo, porque ..."
Y me pregunto yo, ¿para qué propones? ¿Para saber que todavía estoy disponible?
Y como si fuese un juguete me regalé, con moño y todo, y fui comprensiva y le dije que se quede tranquilo, que organizabamos para otro día y obviamente, esa versión mía, le gusta. La versión que no le reclama nada, que no le dice nada, que no le comunica nada, y evidentemente ese es el juego que vamos a estar jugando.
A mí no me va a importar. 
Y así se va a mantener la relación de acá hasta que uno de los dos se cansé o hasta que uno de los dos tenga una pareja estable.
Supongo que ese es el final de esta historia y la nueva moraleja aprendida. 
Porque él es patético y yo soy más patética todavía.
Y mis amigas no lo saben, porque me van a retar, y no tengo ganas de que me juzguen, pues suficiente con mi propio ser, que se mira al espejo y cada vez que va a esbozar una sonrisa por ese hombre recapacita y piensa "que criatura más estúpida".
Pero podemos coexistir ambas, la versión mía que quiere ir corriendo a verlo una vez más y la versión mía que lo detesta, pero no lo suficiente como para no ir corriendo a verlo una vez más. Igual estoy segura que muy en el fondo existe una versión mía que si lo odia. 

jueves 12 de septiembre de 2024

Como si mi vida fuese un capítulo de Sex and The City (o quizás estoy forzándola a que lo sea), a mi mente se me vienen aquellas palabras que me dijeron esa noche fría de invierno mientras cruzaba corriendo una de las avénidas principales de mi ciudad rumbo al mismo boliche de siempre: "vos queres ser Carrie y que el otro pelotudo sea Big". 
Como si mi vida fuese una serie, lo impensable, o quizás lo predecible, había sucedido. 
Mientras les mostraba mi nueva adquisición, después de un día de compras, a aquellas personas a la que la vida nos hizo otorgales el título de "amigas", una consultó si seguíamos en esa famosa aplicación de citas en donde lo conocí. Le contesté diciendole que todavía la tenía descargada, pero que no entraba muy seguido, porque a pesar de todo el tiempo transcurrido, no me sentía bien emocionalmente como para andar jugando a las escondidas. 
Motivada con el fin de entrar y reírnos de la gente que conocíamos y se encontraba ahí, como nosotras, fingiendo que solo buscaban diversión, pero en el fondo realmente buscan el amor, empecé a tontear. 
Obviamente, podrán inferir que sucedió.
Opté por ser activa en dicha aplicación por un plazo de cuánto, ¿veinte? ¿quince minutos? y comencé a dar like, no like, no like, like, no like y así, hasta que sí, ¿quién apareció? Él.
El corazón se me salió de la boca. La ansiedad se disparó como un tren bala.
El hechizo que recaía sobre mí, invocado por él, se había roto. Era libre. Él me había liberado de todas las cárceles a las que me había metido. Ya no era presa. Me había desbloqueado de la famosa aplicación de historias, reels y publicaciones, y ahora, aparentemente, me había desbloqueado de esta aplicación de citas.
Lo había buscado, si que no, ahí, miles de veces. Cambiando la edad, la distancia, el orgullo. Nunca había podido localizarlo, hasta ayer.
Entonces, había sucedido, ¿él estaba volviendo?
Como si me hubiese caído un balde de agua fría sobre el cuerpo, me quede paralizada. Tuve que minimizar la aplicación y quedarme ahí, tiesa, por un instante.
No sabía si alegrarme, porque él me estaba queriendo abrir una ventana, o ponerme triste, porque yo ya me conocía a mí misma y sabía lo que iba hacer.
Volví a entrar y mire todo lo que había subido. Seguía todo igual. Él seguía igual. Se había cortado el pelo, había cambiado de lugar los muebles de su pieza, había seguido adelante, yo no.
Igual yo también había cambiado: me había dejado crecer el pelo, había cambiado mi alimentación, había dejado las anticonceptivas, había obtenido mi licencia de conducir, me había comprado mucha ropa y zapatos, pero lo que no había cambiado era que él me seguía gustando.
Por primera vez lo vi lindo. Lo sentí lindo. 
Y así fue, ya estaba hecha. La maldición que me había deshecho se había trasladado a mi corazón, que estaba otra vez hechizado. 
Esperé.
Me aleje del mundo por un lapso de dos horas.
Pensé qué iba hacer. 
¿Le daba like? 
Pero, ¿y si él no me daba like y quedaba como una estúpida?
¿Por qué me habría desbloqueado? ¿Se había dado cuenta que le revisaba, de vez en cuando, las redes? 
¿Por qué estaba sobreanalizando tanto las cosas?
Minutos después me dije a mí misma: sos una adulta, tenes que ser madura, afronta la situación. Así que volví a entrar y lo vi, ese: "Likes You".
Que hijo del mal, pensé. Pero por dentro exploté de alegría. 
Estuve otras dos horas analizando la situación y él va y hace eso. 
Ese hombre no solo me había robado cuatro meses de mi vida dejandome herida, para ser certeras siete meses casi enteros, sino que ahora también me robaba cuatro horas más. 
No podía dejar de pensar. Si le daba like yo también implicaba que todo mi amor propio se iría a la basura, pero me moría por ganas de verlo de nuevo. Si bien ese like no significaba nada, porque él debería ponerse en contacto y proponerme de vernos como para que mi macana sea completada al cien por ciento, no podía dejar de sentirme una tonta.
Era una tonta. Soy una tonta.
¿Algún día aprenderé? Se ve que hoy no es el día.
Mis guías espirituales deben estar dandose la cabeza contra la pared, el universo me debe estar juzgando y diciendome "no podes ser así", perdón, no aprendí la lección. 
Le di like. Hicimos match. Otra vez dormí mal, como aquella vez que me pidió perdón y nunca más me respondió.
Otra vez empieza nuestra no historia de amor (y dolor).
Otra vez cobra sentido este blog. 

jueves 5 de septiembre de 2024

Obviamente mi plan de vida se basa en hacer miles de cosas durante el día para que no se me cruce ningún pensamiento intrusivo, dígase cualquier pensamiento aleatorio que mi mente considere que es buena idea recordar o tener en cuenta, dígase pensar en por qué todavía no me habló. 
De todos modos me resulta extraño que hasta el día de hoy siga pensando en él. ¿Me habrá embrujado?
El sábado pasado, a la noche, mientras tomábamos un helado, mis amigas me dijeron que yo estaba enamorada. Sus palabras salieron de sus bocas con una gran liviandad. Me sorprendí. Para mí no lo estaba. Toda esta nube que creé alrededor de él no es más que una obsesión. 
Para mí todo es mi ego herido porque: me dejó, me porté bien y él se portó mal, pues yo jamás lo destraté, y él, todo lo contrario.
Es mi ego herido porque, al fin y al cabo, no me eligió. 
Es como cuando si vas a comprar algo a una tienda, de onda, sin ningún tipo de expectativa y vas porque estás aburrida o porque te pareció una buena idea, y cuando llegas, te cierran la puerta en la cara. Pero, ¿por qué me estas haciendo esto? Es algo así.
Retomando la idea de "estar enamorada" considero que quizás en algún punto de mi vida lo estuve. ¿Lo estuve? Y me parece que el concepto de "estar enamorada" es algo que no aplica a este caso particular.
De todas formas no puedo evitar pensar: ¿estoy enamorada? 
Hay miles de estudios de esos que se publican en internet lisa y llanamente porque hacerlo es gratis que afirman que si seguís pensando/gustando/deseando a una persona después de un lapso de tres meses estás enamorada. ¿Será eso real? 
Entonces, que siga pensando en él, después de más de tres meses, ¿significa que estoy enamorada? 
Si yo a él no lo quiero. No lo amo. No tengo el deseo de formar una pareja con él. El único deseo que tengo es que vuelva, para que sane mi herida de abandono. 
Entonces, ¿que carajo me pasa?
¿Acaso me aferro a él y al mundo de fantasía que construí a su alrededor para evitar relacionarme con otros hombres porque no tengo ganas de dedicarle energía a eso?
Quizás después de todo no quiero un vínculo amoroso, no quiero nada. 
¿Acaso viví toda mi vida mirando al cielo y aspirando a una relación de Disney cuando lo único que quiero es estar sola y vivir el amor mediante programas de televisión?
¿Qué es lo que quiero a mis casi veintisiete años?
¿Y por qué sigo pensando en él? ¿Necesito hablarle para sacarme la duda? ¿Acaso ya no la perdí lo suficiente aquella vez que le hablé? 
¿Debería hablarle un día después o un día antes de su cumpleaños y decirle "feliz cumple" y quedar como una completa idiota porque me acuerdo de su fecha de nacimiento a pesar de que él me trato horrible? Arriesgarme a que no me conteste, me bloqueé o que piense que soy una pesada que no tiene amor propio? ¿Debería? 
¿Cuánto tiempo más tengo que sentarme y esperar que ese hombre se digne a mandarme un mensaje?
¿Cuánto tiempo más tengo que esperar para conocer a mi próximo vínculo amoroso? 
¿Cuánto más?

lunes 17 de noviembre de 2025

Mi fantasía más recurrente es aquella en la que él me escribe un simple " hola ". Le respondo un " hola " y de nuevo emp...