jueves 19 de diciembre de 2024

Él no existe más, porque él así lo quiso.
Un mes después de haberlo visto por última vez, y haber sellado nuestro destino para siempre, me encuentro dandole vida mediante palabras al final de nuestra historia.
¿Podré sacarlo de mi mente algún día de estos? Se que en mi corazón no habita más, porque es imposible anhelar a un hombre que nunca me dio nada, que ni siquiera se acuerda lo que me gusta entre las sábanas.
Un dieciocho de noviembre nos vimos, por propuesta mía, para que mi idea de él se caiga al suelo y se rompa en mil pedazos.
Accedió a que nos veamos, si, como si fuese un privilegio, para luego decirme que me había silenciado de las redes sociales y que hacia aproximadamente dos meses se estaba viendo con otra mujer, pero que ya le había aburrido, pero que de todas formas ella era más relevante que yo.
Como un balde de agua fría. Me sentía ahogada. Quería trepar las cuatro paredes de su habitación y salir huyendo de ahí, pero me quedé, un rato más, aferrada a la idea de que en algún momento me daría lo que tanto quería, aunque no sucedió.
Es innecesario que describa todo lo que sucedió aquella noche, porque todo siempre termina en: nunca te quiso, nunca le importaste y nunca lo harás.
No tuve respuestas, solo más preguntas. 
No tuve nada más que la verdad: ya está.
"No nos vamos a ver nunca más" sentencié y luego me acompaño su "bueno". Sin luchar. Sin mediar oposición. Sin existir. Sin respirar.
Pasó una semana, semana y media y él no se comunicó. Seguía sin saber nada de mí y yo todo de él.
Lo deje de seguir un domingo primero de diciembre, él se enteró un miércoles cuatro.
Ese sábado a la noche, siete de diciembre, pensé que era buena idea mandarle un "hola". No hubo respuesta. Ni siquiera lo vio. El lunes nueve a la mañana anulé el mensaje y lo borré de mi corazón.
Pasaron ya de ese momento diez días y él no apareció.
No volverá. Jamás. 
Y está bien, así es como esta historia tiene que terminar.
Termina este blog, termina este amor, termina esta perdida de dignidad, esta ansiedad, esta maldad, y él se va, junto con el dos mil veinticuatro y yo iré por la vida tratando de encontrar un hombre que me de lo que él nunca me dio: un mejor trato. 

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