Tuve la oportunidad de no hacerlo, pero lo hice de todas formas.
No logré nada con eso. No me cerciore de nada. No sirve de nada. No aclaré nada. Prácticamente lo hice, porque si bien en el momento previo a abrir esa maldita ventana de incógnito y escribir su usuario, pues me lo se de memoria, pensé si era una buena idea o no y opte por ver de todas formas.
No me produjo nada. No me intereso en nada. Es que solamente pensaba en él porque no tenía en nadie más en quien pensar.
Si, podría pensar tranquilamente en mi amor prohibido del año pasado, que al fin de cuentas empezó prohibido, se volvió permitido y otra vez se torno prohibido, pero no me interesa.
Podría estar enfocándome en encontrar un nuevo hombre con el cual pasar las noches frías del oscuro invierno que se avecina, pero no me interesa.
Sigo acá, rechazando encuentros con otros, porque estoy sanando.
¿Acaso estoy abusando de la palabra sanar? ¿Acaso meto toda la mugre abajo del término alfombra "sanar" y utilizo ese concepto para justificar mis actitudes que carecen de razonamiento alguno? No estoy siendo muy diferente a él, con los demás.
Algo todavía me dice que sigo atada a él. ¿Seguiré esperando un mensaje? Tal vez. Pero, ¿por qué? Si él ya me dijo que no me quiere ver más. No sé. Quizás todavía sigo aferrada a ese pequeñísimo porcentaje de fe que se resiste a morir junto con nuestra no historia y prefiere no enterrarlo todavía a él. Algo en mí ve que hay pulso. O quizás es como cuando a alguien le cortan la cabeza y por una fracción de segundos esta aún está viva.
De todos modos debo reconocer que ya no me vuelve loca el hecho de pensar que quizás esta noche se ve con otra o que el fin de semana se va a dedicar a tener citas con extrañas que conozca en internet que las invitará a su casa, que las tratará como me trató a mi aquel día de verano y que disociará mientras ellas hablan y se los confesará tiempo después; que con el correr de los días les narrará las historias que tiene con sus amigos, lo que hizo los días que se fue a su casa o que les confiese cuando fue la última vez que lloro; que las invite a ver una película, que le prepare la merienda o que se ría de sus chistes, que les diga que ellas son justo lo que él está necesitando o que en ellas trate de encontrar el tipo de mujer que idealiza o lo mismo que alguna vez sintió por ella.
Entonces, si logran comprender, una no puede mantenerse cuerda ni pretender que de un momento para el otro se pueda fingir no haber escuchado nada, porque aunque las señales eran contradictorias, una se aferraba.
Y acá estoy de nuevo, revolviendo en el baúl de los recuerdos viejos sentimientos.
¿Acaso él pensará en mí? ¿Aunque sea un segundo? ¿Se acuerda de mí? ¿Para él encontrarme en el camino significó algo? Cuándo este con otra y algo que ella diga o haga sea lo mismo que dije o hice yo ¿Le recordará a mí? Cuándo caiga la noche y decida ver su lista de Netflix, ¿todavía estarán agregadas las obras cinematográficas que elegí? Cuando YouTube le sugiera un video porque en su historial yo me metí, ¿pensará en mí? ¿Se arrepiente de no haberme elegido a mí? ¿De haberme dejado ir?
Lloré. Después de cuatro días sin hacerlo lloré. Y me dormí. Y me mentí, es que me dije a mí misma que jamás iba a volver ahí, cuando en ese preciso momento lo único que estaba anhelando era un mensaje. Que mi corazón se paralice, mi cuerpo se ponga frío y mis manos duras después de leer un "hola". O cualquier cosa, pero de él.
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