¿Ese que era dos años más chico que yo?
¿Aquel cuyo nombre tenía solamente seis letras?
Pues está viviendo cómodamente en mi pasado. Mi mente ya ha renunciado fantasear con su regreso por las noches antes de irme a dormir.
Tampoco me acuerdo tanto de él durante el día, como si fuese una obsesión que lentamente ha perdido fuerza.
Ya no le reviso su perfil, ya no le consulto al tarot si volverá y ya no tengo la ilusión de cruzarmelo en la calle cuando paso cerca de su casa.
Igual, de cruzarlo, ¿qué haría? ¿Lo saludaría de una forma cordial actuando como una reina o me ganaría la angustia y me pondría roja como un tomate mientras empiezo a descomponerme como si hubiese olvidado hasta mi nombre?
No lo sé. Tampoco se que tanto me preocupa. No es algo que vaya a experimentar. No tenemos nada en común, no hay ningún camino del universo que se pueda crear para que él y yo nos volvamos a tropezar.
A mí me gusta salir a bailar, a él no.
Él suele ir a bares con mucha más frecuencia que yo.
Él va a un gimnasio de pesas, yo no.
Él todavía estudia, yo no.
Él se mueve siempre por el mismo sector, yo casi nunca frecuento esas cuadras.
No tenemos ningún amigo en común.
No hay fotos. No hay conversaciones.
Solo hay un noventa y nueve porciento de probabilidades de que en mi perra vida vuelva a saber de él, a menos que vuelva, que esperemos que no, porque aunque mi ego todavía espera que se materialice su dulce y fría venganza, se a ciencia cierta que en primer lugar, lo mejor para mi salud emocional es que ni se atreva a entrometerse en mis asuntos y segundo, prefiero seguir ahí, bloqueada, olvidada en su lista negra.
Le saqué la restricción, si.
La noche pasada, borracha, sentí unas incontrolables ganas de llamarlo.
De hablarle, de decirle "hola". No lo hice, porque, ¿para qué?
Si él no me va a dar nada. Él es eso: la nada. Todo esto que pensaba, ¿era un buen o mal indicio? No lo sé. Desintoxicarme de él es un proceso, no tiene que ser lineal. Además una siempre anhela con más ganas lo que no puede tener.
Ahora mi punto de interés, el foco de atención no era por qué seguía atada a él, aunque tengo que resolverlo, ya que por culpa de esa cadena invisible estoy desarrollando mi nuevo problema, es que ahora el problema ya no era solamente recomponerme emocionalmente, el problema era "arreglarme", volver a conectar y volver a sentir lo mismo con otro hombre.
¿Cómo hacía eso? Si ninguno era él. Horas scrolleando en redes teniendo el tupé de comparar a ese engendro con cualquier bípedo de sexo masculino que estuviese disponible.
Tenía que desplegar todos mis conocimientos aprehendidos, quería lucir la insignia de "lección aprendida e internalizada", pero simplemente no podía moverme. Estaba paralizada.
Lo que más me dolía era que todos y todas progresaban, la gente constantemente publicaba que tenían parejas y que se entregaban al amor, en cambio yo no podía. Las demás personas seguían adelante, rehacian sus vidas, yo no. Estaba estancada en los pobres ilusos que me hablaban y las aplicaciones de citas.
Quería un novio, pero no quería asumir ningún compromiso.
Quería una relación, pero no quería tener citas.
Me aburre.
Mi idea es simplemente quedarme sentada y que el hombre de mi vida caiga ante mis pies, siendo mis brazos un poco más rápidos para poder sostenerlo y no dejarlo ir jamás.
Pero no estaba sentada en una silla en una zona donde hay peligro de derrumbe de seres varoniles y para ser sincera, estaba cómoda.
¿Cuál era la verdadera razón por la que no estoy abriéndome al amor?
Si nunca fui de las que colocan sus sentimientos en una caja de cristal una vez que este fue herido y deciden no abrirla nunca más.
Si nunca fui de las que deja de creer en el amor y lo sigue buscando en todas partes.
¿Debería ser más cautelosa?
¿Acaso lo estaba siendo?
¿O había aprendido que ninguno de ellos me iba a dar lo que yo quería?
¿Pero por qué, si ni los conocía?
¿Sigo buscando hombres que no están disponibles emocionalmente porque yo tampoco lo estoy?
No lo sé.
Tampoco lo voy a saber pronto.
Espero, que como siempre, deje que se cure la herida y salga a caminar de nuevo (basta de correr), aunque vuelva a tropezar y terminé juntando los pedazos de mi iluso corazón una vez más.
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