No hay nada que una pueda hacer. Duele, pero es así.
Por más que analices cada una de sus palabras, si estas no están respaldadas por sus acciones, no sirven de nada.
Y quizás piensen que estoy siendo demasiado fatalista pues ando deambulando por las calles de la ciudad con el alma rota en mil pedazos, hace aproximadamente un mes, pero no estoy siendo pesimista, sino que estoy siendo realista.
Las mentiras que le creí son las que me causaron esta enfermedad incurable a corto plazo: el desamor.
Es que él no nos eligió y está bien, tiene todo el derecho del mundo a no hacerlo como nosotras tenemos todo el derecho del mundo a aceptarlo e irnos con la frente en alto, como las reinas que somos.
Y la vida no termina porque un hombre no nos eligió. No es que nos quedamos secas de amor o que hemos perdido la capacidad de amar, simplemente es que hay lugares que nos quedan demasiado grandes y por otro lado, hay personas que hay lugares que le quedan demasiado chicos.
Entonces, ¿qué más puedo hacer que disfrutar ese momento en que lo hago reír en la cama mientras me miente mirándome a los ojos cuando sus labios sentencian un "sos lo que andaba necesitando"?
¿O qué más puedo hacer que saludarlo cálidamente cuando decide cruzar por la puerta y hacer de cuenta que jamás nos conocimos?
Nada.
Hay que aprender que nada es real, que él solamente está jugando.
Aprender que él no me está prometiendo nada y que nada le está pasando.
Hay que aprender que el día que un hombre nos elija nos vamos a dar cuenta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario