Lo peor que podía pasar estaba pasando: me encontraba, desde aquel lunes, esperando que llegue su maldito mensaje.
Algo muy dentro mío me decía que él se iba a poner en contacto, porque era obvio, si se había tomado la molestia de desbloquearme era precisamente para hablarme. Si no, ¿por qué lo haría? ¿Para torturarme? Si él no sabía si yo ya lo había olvidado, si había iniciado una nueva relación o si todavía seguía como una estúpida atada a esta horrorosa no relación?
La misma diyuntiva de siempre, si sabía todas las respuestas a las preguntas que me hacía, que todas eran iguales: a él no le interesas y no quiere ni va a querer algo serio con vos, porque alguien que te "quiere" no te trata así (en mi mente se repiten como un loop las palabras de mis amigas: te voy a matar, acordate de cómo te trato), ¿por qué seguía haciéndomelas? ¿Que creía que iba a encontrar en ellas, una respuesta distinta?
Estaba en el pico más alto de la locura y eso, para mi bienestar emocional y mental, no era lo mejor. Obviamente. Pero, pese a que sabía todo, sabía que era lo mejor para mí y que era lo que me hacía mal, decidía dedicarle mi tiempo a pensar en este hombre, que sinceramente no lo valía. Pero no importa, no le voy a quitar mérito, porque evidentemente algo tiene de estima, como para que lo este idealizando.
Para mí, la solución es sencilla, estoy mal de la cabeza. Siempre lo estuve.
Quizás me aferro a esto porque es una historia que me mantiene viva, que me permite distraerme de la monótona rutina y le da un poco de drama a mi vida. Es como una especie de motivación paupérrima que me hace seguir adelante, me da una especia de razón para levantarme y vivir mi día.
Es horroroso lo que estoy diciendo, pero debe ser, a ciencia cierta, la verdad.
Por otro lado, esto también me permite sobrellevar el hecho de que el hombre que vi aquella noche, hace menos de una semana, no se ha vuelto a poner en contacto conmigo, y sinceramente no me interesa, porque en el momento que abandoné su hogar ya había tomado la decisión de no volver a verlo, es que él precisamente es un medio de escape de toda esta locura que tengo de seguir pensando en un hombre que me hirió profundamente. Para mí, fue uno más. Uno más que permití conocer para darme cuenta que puedo avanzar y que no voy a estar todo mi año estancada en el muelle del mar, esperando que aquel horrible ser humano vuelva con el barco cansado, que me pida ayuda, porque se ha perdido y que le empuje su vehículo que se ha encallado. Entonces, con mi buena voluntad, seré tan ilusa de subirme allí y auxiliarlo, para que cuando me de vuelta para abrazarlo él ya haya, nuevamente, zarpado.
Creo que lo peor de todo es que se cómo termina esta historia, pero de todas formas tengo ganas de escribirla, contarla y escucharla.
No sólo ese hombre no se contactó más conmigo, sino que, estimo que me ha borrado de su vínculo cercano de amigos en las redes sociales, lo que me resulta extraño, porque, consecuentemente, también era él quien moría de ganas de verme. En algún momento de mi vida podría pensar que los decepciono, pero hoy en día, que he crecido, pienso todo lo contrario: ellos se encuentran con mucho, que no pueden manejarlo.
Quizás en el fondo se activa un poco mi herida de rechazo, que considero haber sanado, pero de vez en cuando no me doy cuenta y ha sangrado.
El hecho de sumergirme en mi mundo de fantasía en el cual él vuelve en su caballo blanco, me levanta en el aire, me sube y me dice "huyamos", es lo que me mantiene alejada de pensar por qué ese otro hombre me ha evitado.
Supongo que tengo la habilidad de encontrar algo bueno en todo lo malo.
Con mucha fe espero que en la próxima entrada que escriba él no me haya hablado, ninguno de los dos, que todos se vayan por donde han venido y me dejen vivir en paz, porque mi capacidad creativa es gigante y mis esperanzas en el amor son infinitas, aunque sé muy bien que el amor no se encuentra en ninguno de ellos dos, pero bueno, en el trayecto nos divertimos un poco (más bien sufrimos un poco, un poco mucho, pero mi vida con drama es el toque, es lo que la hace distinta, forma parte de mi esencia, mi personalidad).
Entonces, en el fondo deseo que vuelva y me hable, pero más en el fondo sé que eso es una de las tantas formas de asesinarme.
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