domingo 4 de agosto de 2024

A mí edad, tomar alcohol como lo hice anoche, debería ser ilegal. Más allá de esa cuestión númerica, la parte recuperativa que tenía en mi adolescencia murió con ella. El vino blanco es un gran aliado, pero el mayor enemigo: el dolor de cabeza que te deja es proporcional al desorden que genera un hombre en tu vida cuando decide irse de la nada, sin dar ningún tipo de explicaciones, porque cuando una sabe que será dejada, las señales se ven. Como decía, el problema radica en cuando no existen esas señales, o quizás si, pero una compró demasiado con la versión que se creo de él, idealizada, y no puede salir de esa burbuja. Pero es distinto, porque las otras señales son muy claras. Todas alguna vez las hemos visto, que nos hayamos hecho las tontas es otra cosa.
Ahí estaba, un domingo, después de salir al mismo boliche de siempre, con mis amigas de siempre, retorciéndome en la cama porque me dolía la cabeza, y como de costumbre, empecé a pensar en él. Una pequeña parte de mí estaba orgullosa por el simple hecho de que había estado bastante tomada y en ningún momento por mi mente se había cruzado el dañino pensamiento de verle las redes o en el peor de los casos hablarle, pero más allá de lo descabellado que puede verse esto que estoy escribiendo, y probablemente ya me esten enviando a terapia, no haber pensando en él en mi mayor momento de debilidad de cierta forma era reconfortante. ¿Con qué se conformaba, no? 
De repente, tuve ganas de llorar. No sé si era que todavía quedaba en mi cuerpo la resaca del alcohol que ingerí o si era domingo y por ende estaba más sensible, pero me encontré brotando lágrimas de mis ojos. ¿Eran de bronca? ¿De dolor? ¿De tristeza? ¿De amor? 
Lloré y me sentía muy estúpida por estar llorando por esa estupidez, pero era algo que me sacaba de mi eje. Lo peor de todo es que ni siquiera podía llorar, yo, que siempre lloraba y era algo que me resultaba natural, nunca fui una persona que oculte o restringa sus emociones, si tenía que llorar lloraba, pero esta vez no podía, quizás porque sabía que estaba llorando por algo que no tenía sentido alguno y que hería gravemente mi ego. Ese hombre me había lastimado y no le había importado y lo peor de todo era que yo seguía aferrada, estancada, a lo que nunca existió, me había agarrado firmemente a lo poco que me dio. Él me estaba haciendo llorar incluso días y días más tarde.
Después de esa llorada bastante anormal, me refugié en lo que me calma la mente: el tarot. O más bien calla un poco la ansiedad de mi cerebro, que me pide a gritos todo el tiempo que él vuelva. En palabras textuales las cartas me decían que "me invitan a ser paciente y abierta a las posibilidades, ya que el tiempo tiene su propia forma de ayudar a que los eventos se resuelvan. Confiar que las cosas se moverán en la dirección correcta es clave en este momento" y a su vez me decían que suelte a ese hombre. Sé que lo haré. En algún momento lo haré. No me voy a forzar a odiarlo ni tampoco voy a esperarlo. Necesito darle al tiempo todo lo que necesita para que mi corazón sane, y eso es lo que estoy haciendo. He desaparecido, pero estoy sufriendo en silencio, poco, pero sufro, aunque de todas formas eso no me impide conocer a otros hombres.
Y hablando de otros hombres, aquel con el que me vi aquella vez, el que intuí que me había borrado de su círculo cercano, ayer apareció en forma de "me gusta", pero se estrelló contra la pared y se cayó a pedazos cuando visualicé que se mudó con la chica con la que supuestamente tenía una relación abierta. ¿Acaso me mintió? No me sorprende, pues estoy acostumbrada a que los hombres mientan que probablemente me haya engañado. A raíz de esto, no puedo evitar preguntarme: ¿Qué es lo que pasa con el sexo masculino? ¿Acaso hay una perversión a ser infieles y mentirosos hasta el fin de los días? 
Y ahora les pregunto, ¿alguna vez han visto una relación abierta en la cual él no haya visto a nadie, por más que la relación sea abierta, hace un año y medio, y que de repente, de un día para el otro, luego de intentar conquistarte por meses, que aceptes, se vean, desaparezca y una semana después blanquee se que fueron a vivir juntos? Yo no, es la primera vez. Quizás soy un poco retrógrada o mis conceptos están un poco desactualizados o puede ser que mi forma de amar no me permite concebir esa idea, pero para mí eso no encaja en una relación abierta, eso es una relación consolidada. Entonces, ¿acabo de participar en un evento de infidelidad? Mis principios de sororidad están vigentes desde hace años, cuando los aprendí, por ende, el hecho de que probablemente me hayan mentido para haber engañado era algo que no me parecía muy progre. De todas formas, ese hombre había sido algo de una sola vez.
Pero, como decían mis amigas, si era de una sola vez y no me interesaba, ¿por qué analizaba esto? Y creo que la respuesta es obvia, es que me tocó en donde más me duele: el ego. Pero bueno, al fin y al cabo no hay remedio para curar el mal que es ser hombre.
Más allá de todo, hoy son tres meses y siete días, y parece que recaí, como si tuviese una enfermedad terminal.
Todavía sigo pensando en él, todavía lloro a escondidas y todavía tengo la fantasía de que se va a poner en contacto conmigo, pero eso no me impide seguir avanzando y tampoco hace que haya perdido mi fe en que algún día encontraré el amor.
Sé que ahí afuera hay un hombre que me va amar de la forma en que merezco ser amada.
Como dice la amiga más personal de las chicas torturadas Carrie Bradshaw: "después de que él se fue lloré una semana y luego me di cuenta que tengo fe, fe en mí misma, fe de que algún día conoceré a alguien que va a estar seguro de que soy la indicada". 

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