Durante ese fin de semana lo había pensado como nunca, habían pasado tres meses, exactamente noventa y un días, y como si todo fuese un círculo perfecto que se cierra en donde empieza, su presencia en mi vida volvió como un boomerang.
Él me había dejado un domingo veintocho y él "volvía" a mí un domingo veintocho.
No sé si habrá sido que lo manifesté, que lo atraje con la mente todo ese bendito domingo o lo que fuese que haya sucedido, que a la tarde, de repente se me cruzó un pensamiento.
Desconozco el por qué, simplemente sucedió. Algo muy adentro mío me decía que ese hombre me había desbloqueado. Tenía que corroborrarlo. No podía esperar. Seis y cuarto de la tarde el balde de agua fría o caliente, depende de que tan positivo sea esto en mi vida (es negativo) la realidad me tocó la puerta. Decidí entrar a su perfil. Lo busqué desde mi aplicación.
Tuve la sensación. Mi mente se lleno de dudas, pero mi corazón de intuición.
Y así fue. Tecleando su nombre lo encontré. Me había desbloqueado. Esto era diez veces peor. Increíblemente mi cuerpo se lleno de alegría. Pero, ¿por qué? si ese hombre no me convenía. Me había dejado como un perro bajo la lluvia, me había desechado como si fuese un juguete roto que no sirve más.
Estaba enloquecida. El éxtasis se apoderaba de mi ser. Evidenetemente se había enojado y ese enojo tardo meses en salir de su sistema. Ahora las preguntas cambiaban todas: ¿por qué me había desbloqueado? ¿tenía pensado ponerse en contacto conmigo? ¿me iba hablar antes de que terminé el mes? ¿pretendía que yo le hablé? ¿él sabría que le iba a revisar el perfil? ¿me había visto en la calle? ¿por qué me desbloqueo justo en este momento? ¿había estado pensando en mí? ¿se acordaba de mí? y así, sin cesar, era una bola que crecía y crecía cada vez más grande, y cada vez surgían más y más preguntas, hasta que caí al suelo.
¿Qué iba hacer si él aparecía?
Me quedé en blanco. Era momento de aplicar todo lo que había aprendido y darle razón a todo el palabrerío que andaba predicando entre mis vínculos sociales.
Mi orgullo necesitaba que me quede quieta. Que siga esperando como una estatua. No tenía que hacer nada. Debía esperar, como lo había estado haciendo. Nada de que se escape un like, nada de ver una historia, nada de nada. Debía seguir así, desaparecida. Él tenía que volver, él tenía que venir a mí, arrastrándose, mandando su ego al diablo y reivindicarse ante mí. Tenía que ser sincero. Y si lo era, ¿lo aceptaría de vuelta? ¿accedería a verlo? Si sé cuál es el desenlace, si sé como es su verdadera esencia por como se despidió, si salió a la luz su horrenda personalidad, la oscuridad de su alma, lo nefesto que es.
Sé muy bien lo que debo hacer, de eso no hay dudas, el problema radica en que lo lleve a cabo y no le gane a mi sentido común mi estúpida ilusión.
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