Hoy es viernes por la mañana. Me estoy tomando un café. Estoy trabajando.
Él no ha vuelto. Todos se manifiestan, todos se ponen en contacto, menos él.
Y no puedo evitar pensar si él no me habla porque realmente no lo quiere hacer o no me habla porque es muy orgulloso como para admitir el error.
Un parte de mí cree que no me habla porque quizás no sabe que yo quiero que me hable. Quizás, entre todas aquellas ideas que le comuniqué, recuerda cuando le comenté que yo no volvía. Para mí las historias cuando terminan no terminan, porque las sigo duelando, pero cuando decidí que ese vínculo ya no me genera nada lo dejo en el olvido.
Tal vez no se acuerda nada de mí y tal vez no me dedica un espacio en su mente ni un minuto a la semana.
Es increíble como para alguien un día puede ser tan inmenso y doloroso, y para el otro es un día común y corriente. Al final, somos todos percepciones. Perspectivas. Puntos de vistas.
Reflexiono sobre la importancia de la paciencia. La paciencia del agua sobre cada piedra. Así se llamaba un libro que leí hace unos meses, que el título no tenía mucho que ver sobre lo que se trataba el libro en sí, pero fue una frase que se me quedó en la cabeza. Cuan paciente es el viento, el agua, para erosionar las rocas. El paso del tiempo siempre modifica las cosas, las personas.
¿Cuánto tiempo más tendré que esperar su contacto?
La incertidumbre. Evitar caer en la tentación y mucho más importante, evitar caer en la locura.
Sé que va a volver. Una vez leí que los hombres nunca vuelven si han querido mucho a esa mujer y ella los lastimó. Este no es él caso. Él nunca me quiso, yo nunca lo lastimé. Por ende, según la lógica, tiene que volver.
La lección más valiosa que aprendí es la paciencia. La espera. El año pasado también tuve que esperar. ¿Valió la pena esa espera? Quizás no, porque cuando se dio lo que deseaba ya se sentía igual que se hubiese sentido si hubiera sido meses atrás. Obtuve en octubre lo que quise en febrero. Y en febrero lo pude tener pero lo deje escapar, como el agua cuando se escurre de los dedos cuando se pretende agarrarla. Podría haberla hecho hielo, para manipularla y que no se vaya, pero no quise.
Todo es decisiones. Todo es voluntad.
Para una persona como yo, donde la ansiedad domina la mente y materializar el primer pensamiento que se atraviesa es una papa caliente, estos ejercicios me nublan la vista.
No quiero esperar más. No puedo esperar más.
Si vuelvo al pasado mi vida siempre se basa en esperar. Esperar al fin de semana para salir a tomar un trago, esperar a salir del trabajo para dormir la siesta, esperar a estabilizarme económicamente para mudarme, esperar a determinada edad para hacer tal cosa, esperar a independizarme para desvirtuarme. Todo es esperar. Posponer. Esperar.
Quizás la vida se basa en esperar y lo que en realidad hay que hacer es conseguirse el mejor sillón de todos, porque si se va a esperar, por lo menos que sea una espera cómoda.
Mi sillón es rosa, con un apoya pies y un tamaño de casi cama.
Intenté conectar con otras personas, pero en este mundo superficial, en donde en todo momento se tiene que estar haciendo algo porque sino se está desperdiciando la vida (y el tiempo), la gente está ocupada. O no está interesada. Pero del interés nace la duda, ¿si no queres conocer nuevas personas por qué circulas por la vida con un cartel que dice "abierto"? No te ofrezcas.
Puede ser que una vez más mi forma más oscura se apodere de mí y renazca la maldad que llevo años y años tratando de ocultar. Y llega un punto en el que concluyo que quizás todo esto me lo merezco, por los pecados que he cometido. Pero, ¿cuánto años más tengo que pagar el dolor que he inflingido?
¿Qué tan lejos ha dañado mi necesidad de ser reconocida? ¿Mi ego? ¿Mi alta autoestima? Pues tal vez no es tan alta como se pensaría.
Al fin y al cabo, él no se contactó.
No. Él no me mandó ningún mensaje ni de texto ni por alguna aplicación o red social.
No. Para él lo "nuestro" terminó aquel día que decidió tratarme como si yo no fuese un ser humano. Es que en realidad para él nunca hubo algo nuestro.
¿Me dolía aceptarlo? Si. No iba a mentir.
Lo que pasaba era que me desconcertaba el hecho de que había desbloqueado, pero pareciera que la respuesta a esa pregunta era más sencilla de lo que yo imaginaba: estaba aburrido y decidió que era tiempo de sacarme de prisión. Así, sin más.
Hacia poco yo también había realizado el mismo ejercicio: había liberado personas. ¿Por qué? No sé. Consecuentemente, tiempo después, él me liberó a mí. Coincidencias extrañas que no terminan ahí.
Alguien que deje en libertad volvió en forma de "solicitó seguirte" y mi primer pensamiento fue "¿por qué lo desbloqueé? Lo voy a volver a bloquear" y ahí estaba la revelación divina sobre mí: ¿y si él piensa lo mismo si lo vuelvo a seguir? ¿O me pongo en contacto?
Todo era un espejo. Cualquier actitud que yo tenía, al tiempo él también la tenía. Era como si siguiera mis pasos o como si el universo meneara en un movimiento continúo la cabeza de arriba a abajo mientras esboza una media sonrisa apretada y me susurrara un "ajám" para luego encoger los hombros abriendo las palmas de las manos para que miren el cielo.
No estaba aprendiendo.
Todavía quedaban tres días del plazo que me había puesto y las esperanzas ya estaban desmoronándose.
Todos los pensamientos negativos me invadían: él no me iba hablar, no iba a volver, no lo iba a ver nunca más. Pero mi parte delirante creía que quizás si, pero sabía que no en este momento.
Había interaccionado con otros hombres, porque tener el corazón roto y vivir en una fantasía no significa que una no pueda darse el lujo de permitirse conocer en otros.
Me había "gustado" alguien. Y si, di el primer paso. ¿Qué importaba? Si yo siempre había sido así, arriesgada. En el fondo, pese a que sí, realmente nunca me había interesado lo que podían opinar los demás de mí. Hasta hace unos años atrás.
Hubo un momento de quiebre a lo largo de mi vida en donde todo me empezó a dar más vergüenza, que realmente asocio con el hecho de que crecí, maduré.
Es normal que antes no me torturará con lo que le dije borracha a un hombre un sábado por la noche en un boliche, pero ahora ya me daba pudor.
Era grande, era una profesional y tenía un estatus social. No podía seguir comportándome como una nena de dieciséis años, por mucho que quisiera.
Había "conocido" a alguien, me había gustado su apariencia física, pero en realidad no sabía cómo era su personalidad, porque simplemente habíamos intercambiado un par de palabras en una red social el domingo por la noche.
Días después, no me había contestado más, pero la historia recién empezaba. O no, o quizás eso muera ahí y nunca más vea mi mensaje y yo vuelva a conocer a alguien y esa historia también muera y así sucesivamente mientras yo sigo pensando en que él tal vez en dos días me hable, aunque no lo vaya hacer.
Y llegará fin de año y seguiré pensando en por qué le contesté ese mensaje en septiembre del año pasado y decidí conocerlo en febrero de este.
¿Acaso algún día obtendré las verdaderas respuestas a todas las preguntas que me haré de acá al final de ese hombre en mí corazón?
No.
Siguiente pregunta.
A veces llego a la conclusión de que tengo que pensar menos. Ja.
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